Argelia: ¿Qué se esconde realmente detrás de la toma de rehenes en In Aminas

Karim Douichi

El editor de Correo Diplomático, Karim Douichi, plantea una serie de preguntas e incógnitas sobre la toma de rehenes en la planta gasística argelina de In Amenas que las autoridades de Argel no han podido aclarar. En la foto, un grupo de rehenes antes de ser liberados

La cortina, aunque completamente bajada, no consigue ocultar completamente la sangrienta y dramática toma de rehenes en la planta gasística de In Aminas. Las repercusiones que van a venir de Argelia van a llegar, según numerosos observadores, tanto al ámbito nacional como internacional. En el puro terreno de la seguridad, Argelia, que ha sido hasta hace poco un modelo en la lucha contra el terrorismo, ha perdido la cara.  En efecto, las autoridades argelinas, que desde 2007 han podido limitar  con mucha eficacia el “peligro yihadista” principalmente representado por AQMI, han sido superadas por los acontecimientos en la operación de In Aminas. La planta gasística que se encuentra en el corazón del país, no muy lejos del muy estratégico campo petrolero de Hassi Messaoud, estaba teóricamente muy lejos de eventuales ataques terroristas. El grupo de asaltantes yihadistas pudo, en efecto, recorrer centenares de kilómetros desde la frontera maliense, desde donde vino a bordo de varios vehículos, hasta In Aminas.

En ningún momento, las fuerzas del orden y el Ejército argelino que controlan, sin embargo, la región los localizaron. Más extraño aún, el grupo, en un primer tiempo, atacó un autobús  que transportaba trabajadores que se dirigían a la planta gasística. Unas horas después, empezó la toma de rehenes sin que esto alertara al Ejército, que, sin embargo, está muy presente en la zona. En ese lugar, el grupo no encontró ninguna resistencia ni de  parte de los gendarmes estacionados cerca del complejo ni de parte de los 60 guardas de seguridad que vigilan la planta. La facilidad con la que la cuarentena de asaltantes pudo introducirse en el lugar plantea varias preguntas. Algunos observadores piensan que los terroristas han podido beneficiar de “apoyos” eficaces en la misma planta o entre la población local. Ciertos comentaristas se atreven incluso a evocar las complicidades en el seno del Ejército argelino. Es una tesis que ha sido recogida por webs de información mauritanas, porque hay que tener en cuenta que el simple fallo en la seguridad no parece muy plausible. Según antiguos oficiales de información franceses que conocen bien la región, el Sur argelino es una zona bien vigilada. Las plantas de producción petroleras y gasísticas argelinas, así como las carreteras que conducen a estos lugares, están sometidas a un estrecho control de día y de noche que “podría detectar a una hormiga”, aseguran en París. Entonces, ¿cómo puede ser que decenas de hombres armados hayan podido recorrer casi 400 kilómetros en pleno desierto y acercarse a plantas estratégicas sin encontrarse con ningún control ni ninguna patrulla del Ejército? La pregunta cobra mayor importancia en este momento.

Por otra parte, una vez en la planta, la cuarentena de terroristas se dieron mucha prisa de liberar a la mayoría de los empleados argelinos. Según los rehenes occidentales, el comportamiento de los yihadistas era “extraño”. Parecían estar seguros de su hazaña y quisieron regresar a su lugar de origen inmediatamente llevándose con ellos a unos sesenta rehenes hacia la frontera maliense. Al parecer, los terroristas escogieron a los rehenes entre los empleados extranjeros, y tuvieron predilección por los americanos, los británicos y los japoneses, a los que confundieron con filipinos. Según el testimonio de varios rehenes, los yihadistas ni siquiera requisaron los teléfonos móviles a los rehenes. Varios rehenes siguieron circulando libremente en la planta y hasta pudieron grabar algunas escenas  con sus teléfonos móviles.

Asimismo, el comportamiento de las autoridades argelinas durante esta toma de rehenes es algo enigmático. En un primer tiempo, fue el ministro del Interior, Dahou Ould Kablia, el que dio la cara para asegurar a los medios que la operación era obra de un grupo de argelinos que provenían de la misma región; luego se retractó y declaró que los vehículos de los asaltantes habían venido de Libia. Dahou Ould Kablia hizo el ridículo al afirmar  que las autoridades de su país habían reconocido la voz de Mokhtar Belmokhtar entre los asaltantes. Justo después, fue el ministro de la Comunicación el que se hizo cargo de la versión oficial para informar a pequeñas dosis a los medios sobre el desarrollo del asalto llevado a cabo por el grupo de intervención del Ejército argelino. Durante este tiempo, seguían circulando las informaciones más contradictorias sobre la identidad de los terroristas, sus reivindicaciones, el número de rehenes y de víctimas. Los oficiales argelinos parecían estar superados por la evolución que habían tomado los acontecimientos. Lo que pasó después demuestra cómo evolucionó la operación llevada a cabo por el Ejército.

Según el análisis de varios especialistas sobre este tipo de situaciones, las tropas argelinas demostraron cierta falta de preparación en el asalto contra los terroristas. La utilización de helicópteros durante la intervención es incomprensible. “Los argelinos actuaron a la rusa. Acribillaron a los secuestradores y a los rehenes, sin diferenciar a nadie. Prueba de ello, es que la mayoría de las víctimas en el seno de los rehenes fueron abatidas por el Ejército argelino”, se indigna un antiguo miembro de la DGSE. “Las fuerzas de intervención podrían haber esperado hasta el anochecer y utilizar material infrarrojo para acercarse y después neutralizar a los terroristas”, añade la misma fuente. En fin, varios interrogantes siguen sin respuestas. ¿Por qué el presidente Abdelaziz Buteflika prefirió adoptar un perfil bajo durante esta crisis y por qué el ministro de Defensa y el jefe del Estado Mayor de la ANP también se quedaron en una segunda línea? Son preguntas que hacen con insistencia las cancillerías occidentales y todavía no han recibido respuestas. “Hoy en Argelia lo que se juega no es solo la sucesión de Abdelaziz Buteflika, sino igualmente la de los generales Mohamed Mediene y Gaíd Salah”, apunta un antiguo primer ministro argelino a título de reflexión.