Egipto sigue en llamas y matando a sus hijos dos años después de la caída de Mubarak

Mohamed Mestiri-Túnez

Decenas de personas han muerto en diversos disturbios en Egipto en los últimos días, lo que demuestra la debilidad política, institucional y social del país. En la foto, una escena de los disturbios que han estallado en la capital egipcia, El Cairo

Egipto está en llamas desde hace varios días. Desde el pasado viernes, decenas de personas han muerto en diversos disturbios que han estallado por el segundo aniversario de las revueltas que derrocaron al dictador Hosni Mubarak, por un lado, y por otro por la condena a muerte de 21 seguidores del club de fútbol Al Masry, como responsables de la matanza ocurrida en el estadio de Port Said en febrero de 2012. Entre el viernes y el sábado fallecieron al menos 46 personas, la mayoría en Port Said y Suez, dos ciudades en las que los militares salieron a calle por orden del Gobierno islamista para restablecer el orden. Las movilizaciones callejeras son también protestas contra el presidente del país, el islamista Mohamed Mursi. Policías y manifestantes volvieron ayer a enfrentarse en diversas localidades de Egipto. En este nuevo día de protestas, aunque los enfrentamientos no fueron tan graves como el sábado,  hubo al menos tres muertos y 40 heridos. La situación de Egipto vuelve a ser de extrema tensión, como ocurrió a finales del año pasado cuando los sectores laicos del país colocaron al presidente Mursi contra las cuerdas. Tanto es así que los Hermanos Musulmanes, que apoyan a Mursi, pidieron al presidente que declare el estado de emergencia. Ayer domingo, los funerales de los 37 manifestantes muertos en los disturbios de Port Said degeneraron en violencia. Durante el acto religioso celebrado en la mezquita de Maryam, dos desconocidos abrieron fuego contra el público, provocando varios heridos. En la capital egipcia, El Cairo, hubo auténticas batallas campales por la mañana entre manifestantes y policías, que se enfrentaron a golpe de cócteles molotov y gases lacrimógenos. Los enfrentamientos provocaron decenas de heridos. La Policía ordenó a los hoteles de la zona que no abrieran sus puertas a los alborotadores.

 Debilidad democrática

Como señalan varios comentaristas políticos egipcios, los disturbios de los últimos días ponen una vez más de manifiesto la debilidad de la ya de por sí frágil democracia egipcia y la división de la sociedad en dos grandes corrientes enfrentadas: una mayoritaria que apoya a Mursi y los islamistas y otra minoritaria pero numerosa, constituida por partidos y colectivos liberales y de izquierda, que aspira a un Egipto laico donde sea respetada la pluralidad ideológica y religiosa de la población. En este contexto, Mohamed Ibrahim Al Beltagis, secretario general del Partido Libertad y Justicia, la rama política de los Hermanos Musulmanes, exigió a Mursi que demuestre “fuerza y determinación” para atajar lo que calificó de “vandalismo”. “Su deber es intervenir inmediatamente para atajar este vandalismo con todos los medios legítimos autorizados por la Constitución, incluyendo la declaración del estado de emergencia, si las circunstancias así lo requieren”, dijo el dirigente islamista.  Por su parte, la oposición laica, unida mayoritariamente en el  Frente de Salvación Nacional, pidió al presidente  que anule la Constitución que aprobó una mayoría de la población el pasado mes de diciembre, porque establece que la ley islámica es la base de cualquier nueva normativa. La oposición laica también planteó la formación de un gobierno de unidad nacional que conduzca el país hasta  las elecciones parlamentarias de abril. Si Mursi no acepta esta demanda,  el frente opositor  anunció que boicoteará los comicios, con la intención de deslegitimarlos. Al  cierre de esta edición, el presidente Mursi decretó el estado de emergencia en Port Said y Suez para hacer frente al incremento del descontento callejero.