Francia está al borde de la quiebra económica

Jean-Claude Dufour-París

Francia se acerca peligrosamente a una situación de quiebra económica, pero sus élites dirigentes no lo quieren reconocer y siguen pensando que viven en el país de “la grandeur”. En la foto, una mujer sin trabajo ni domicilio pide limosna en una calle de París

Francia, el país de la “grandeur”, no se enfrenta a la realidad de la grave crisis económica que sufre Europa. En tiempos de Nicolas Sarkozy, la derecha gobernante no supo coger el toro por los cuernos y enfrentarse a los graves problemas estructurales del país. La situación ha empeorado con François Hollande en el Elíseo. Hollande ‘descubrió’ que la “dulce Francia” estaba al borde de la quiebra cuando llegó al poder. Pero desde entonces ni él ni el Gobierno de Jean-Marc Ayrault han sido capaces de aceptar la grave situación económica francesa, que es el primer paso para solucionar los problemas. Francia mira con cierto aire de superioridad a las dos grandes economías del sur de Europa, España e Italia, porque su situación en términos macroeconómicos es aún peor que la del Hexágono. Los medios de comunicación franceses se comportan de la misma forma. Francia tiene un grave problema, que es más cultural que estrictamente político o económico. Sus  gobernantes y sus élites intelectuales siguen pensando que París es la capital del mundo y olvidan que la ‘Ville Lumière’ tiene serias dificultades para competir con Londres y Berlín, las dos grandes urbes más dinámicas de Europa, pero incluso con Madrid. Los dirigentes y creadores de opinión pública galos no se han dado cuenta que Francia ya no es una gran potencia económica, política y militar, su lengua y su cultura ya no seducen tanto como en el pasado y otros países, como la orgullosa España, a pesar de la crisis, tienen grandes potenciales en muchas áreas. Este es el contexto sociocultural que permite explicar porqué motivo la decadencia francesa no ha sido asumida por sus dirigentes políticos, económicos y culturales. Los expertos aseguran que Francia, técnicamente hablando, no está en quiebra, pero se acerca peligrosamente a las tierras movedizas de la incertidumbre económica. Es lógico que esto ocurra en un país que ha vivido durante varias décadas muy por encima de sus posibilidades y gastando bastante más de lo que ingresaba. La deuda pública francesa es un factor alarmante. La deuda ha pasado de representar el 21,2% del PIB en  1974 (1.800 millones de euros) a más del 90% en este momento. Alcanzará el 91,3% del PIB a finales de este año en curso. Los intereses de la deuda que paga Francia superan el presupuesto del Ministerio de Educación, que es de unos 46.000 millones de euros. Dos agencias de calificación de riesgos, Moody’s et Standard & Poor’s, privaron a Francia de la triple A, que es la mejor nota posible de un país de cara a los mercados.

Pensiones y empleo

Francia podría tener en un futuro cercano graves problemas para pagar las pensiones. El número de cotizantes disminuye y aumenta el de jubilados, como ocurre en otros viejos países capitalistas desarrollados. El Consejo de Orientación de los Jubilados prevé que el país necesitará de más de 21.000 millones de euros para financiar las pensiones en 2017 y de 25.000 millones de euros los años siguientes. ¿De dónde se va a sacar ese dinero? Algunos expertos plantean la necesidad de bajar la cuantía de las pensiones y subir las cotizaciones. Los sindicatos se oponen radicalmente. Los partidos de izquierda también y los de derecha miran para otro lado. Mientras, el problema no se resuelve, sino que empeora y la mayoría de la población no quiere jubilarse después de los 60 años. Para Najat Vallaud-Balkacem, portavoz Del Gobierno socialista, “no está contemplado ni trabajar más, ni reducir las pensiones, ni subir las cotizaciones”. En materia de empleo, la situación no es buena. Oficialmente, Francia cuenta con tres millones de parados (10% de la población activa), pero según algunos expertos y dirigentes sindicales, el desempleo real alcanza los 5 millones de personas. En los departamentos de ultramar el paro supera el 20% y es del 15,2% entre los desempleados de más de 50 años. El 50% de los parados no cobra subsidio.

Comercio exterior a la baja

Francia no es en estos momentos de crisis un país puntero en materia de comercio exterior. Compara más que lo que vende fuera. Resultado: el déficit de la balanza comercial fue de casi 3.000 millones  de euros en 2011. Según la economista Nicole Bricq, este índice se ha deteriorado notablemente desde 2001. Mientras, Francia tiene que refinanciarse cada mes en los mercados internacionales y cada vez le cuesta más dinero hacerlo. Como le pasó a Estados Unidos en los años ochenta y después a Japón y China. Así las cosas, el gasto público francés, que representa el 56,3% del PIB, sigue en aumento. El Gobierno asegura que no va a tocar las partidas sociales, aunque ese gasto sea el más elevado de la Unión Europea (UE) después de Suecia. ¿Cómo hará Francia para lograr el 3% de déficit a finales de 2013? Nadie lo sabe, y los que lo saben no lo quieren decir. El Estado tampoco piensa reducir el número de funcionarios. Todo lo contrario: creará 65.000 nuevos puestos en el sector de la educación y en otros ministerios. ¿Con qué dinero? ¿Endeudándose aún más? El ex presidente del Gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero tardó dos años en reconocer la gravedad de la crisis económica que estaba asolando España. Las consecuencias fueron dramáticas para el Estado ibérico. Italia, otra de las grandes economías de la UE, lleva décadas sin solucionar sus graves problemas estructurales. Francia va por el mismo camino. Sus dirigentes pueden posponer las reformas por motivos electorales y falta de valentía política. También pueden seguir pensando si les da la gana que representan a un país poderoso. Pero la realidad de la crisis económica no va a desaparecer porque unos políticos pusilánimes e irresponsables se nieguen a enfrentarse a la dureza de los problemas.