La derecha francesa expresa un no rotundo al matrimonio gay

Jean-Claude Dufour-París

La derecha francesa ha mostrado su verdadero rosto intolerante y ultraconservador al oponerse a la ley sobre matrimonio homosexual. En la foto, el líder derechista Jean-François Copé

Hace pocos años, los españoles, cuando hablaban de la derecha de su país solían decir que no era democrática porque procedía en su gran mayoría del franquismo. Y solían dar como ejemplo de derecha civilizada y liberal la que existe en Francia. Los españoles, que todavía arrastran muchos complejos de inferioridad, no sabían de lo que estaban hablando, porque la derecha francesa no es una realidad homogénea y en ella coexisten sectores liberales y moderados con corriente profundamente conservadoras, católicas integristas e incluso abiertamente reaccionarias. La derecha francesa no es más democrática que la española. En todo caso, durante años supo guardar las formas. Ahora, el sector más ultramontano de la derecha que todavía no milita en las filas del Frente Nacional de Marine Le Pen ha perdido los complejos y muestra su verdadero rostro: el de la intolerancia y el sectarismo. La ley sobre el matrimonio homosexual que ha llegado a la Asamblea Nacional (Parlamento galo) ha puesto en su sitio a los sectores más reaccionarios del conservadurismo: en la derecha dura y recalcitrante que tiene más en cuenta lo que piense y diga un obispo trasnochado o un católico intolerante que lo que quiera la mayoría de la sociedad. El 33% de los votantes del partido de centroderecha Unión por un Movimiento Popular (UMP) están a favor de la ley sobre matrimonios homosexuales propuesta por el Gobierno socialista. Algunos dirigentes de la UMP sintonizan con el sector liberal del partido y de sus votantes, pero el grueso de la dirección se ha aliado con las corrientes hostiles a que dos personas del mismo sexo puedan casarse y adoptar niños. Estos sectores de la derecha dura se han declarado en rebeldía contra el Gobierno  y han llamado a una “movilización general” contra la ley. La cúpula eclesiástica está encantada, porque tiene a su lado al grueso de la derecha y a la extrema derecha. En el Parlamento, los diputados derechistas cargaron las tintas contra la ministra de Justicia, Christiane Taubira, y el conjunto del Gobierno. Los socialistas y otros diputados de izquierda rebatieron los argumentos de sus contrincantes pero no les convencieron. Y es que la derecha francesa se ha echado al monte con el asunto de la ley de matrimonios homosexuales.

Guerrilla ideológica contra Hollande

Su guerrilla ideológica más que política contra el Gobierno la ha acercado peligrosamente a la jerarquía católica, que ni siquiera representa a todos los seguidores de la Iglesia de Roma. La UMP piensa con esta estrategia acumular fuerzas y apoyo electoral. No lo tendrá fácil, porque, según los sondeos, el 63% de los franceses están a favor de la ley. Sobre la adopción de niños por una pareja del mismo sexo, el 51% de los franceses están a favor y el 49% en contra. Alentada por los obispos, la derecha gala ha pedido un referéndum sobre esta polémica cuestión, lo que ha sido rechazado por el presidente François Hollande. La UMP se ha derechizado desde que fue nombrado presidente del partido el muy conservador Jean-François Copé. Su principal rival, el ex primer ministro François Fillon, es un político más moderado y sensato que Copé, pero en estos momentos no controla el aparato del partido y está en franca minoría. Mientras la derecha agita la vida política e institucional, y de esa forma hace que los ciudadanos se olviden de las luchas internas y de los casos de corrupción que salpican a varios de sus dirigentes,  los católicos integristas de grupos como Civitas han echado un pulso al Gobierno. Su lugar preferido es  la calle, porque allí pueden arengar a las masas y defender épicamente los rancios valores del tradicionalismo.