La ONU pide a Teherán que suspenda la ejecución de cinco activistas

Ahmed Chabi-Rabat

La ONU ha pedido al régimen de Teherán que suspenda la ejecución de cinco activistas iraníes de origen árabe que fueron condenados a la pena de muerte por “enemistad hacia Dios”. En la foto, un grupo de policías antidisturbios iraníes a punto de cargar contra un manifestación

La ONU pidió ayer al régimen iraní que suspenda la condena a muerte de cinco activistas que pertenecen a la comunidad árabe ahwazi y fueron condenados a la pena capital por corrupción y “enemistad hacia Dios”. La petición fue presentada por un grupo de relatores especiales y expertos independientes de la ONU. Mohamad Ali Amuri, Sayed Yaber Alboshoka, Sayed Mojtar Alboshoka, Hashem Shabain Amuri y Hadi Rashidi, todos ellos miembros fundadores del instituto científico y cultural Al Hiwar, fueron detenidos en sus domicilios en Ahwaz en  el año 2011 cuando se aproximaba el sexto aniversario de las protestas masivas de la comunidad a la que pertenecen, que es de  lengua árabe y vive mayoritariamente  en las costas del Golfo Pérsico, en el sur del país. Las cinco sentencias a la pena capital fueron confirmadas recientemente por el Tribunal Supremo de Irán.“Es absolutamente inaceptable que se encarcele y condene a muerte a individuos por ejercer pacíficamente sus derechos a la libertad de reunión, asociación, opinión y expresión y por su pertenencia a grupos minoritarios y a instituciones culturales”,  declaró el relator especial sobre Derechos Humanos en Irán, Ahmed Shaheed. En la misma línea, el relator especial sobre Ejecuciones Extrajudiciales, Sumarias o Arbitrarias, Christof Heyns, manifestó que “en virtud del Derecho Internacional, solo se puede emplear la pena de muerte cuando se cumplen condiciones muy estrictas, por ejemplo, cuando se trata de los crímenes más graves y únicamente tras un juicio y un proceso de apelaciones que respeten escrupulosamente todos los principios del proceso debido”. Por su parte, el relator especial sobre la Tortura de la ONU, Juan Méndez, no ocultó  su grave preocupación por los supuestos malos tratos y torturas a que, según informes médicos, fueron sometidos los cinco condenados durante su detención y durante los interrogatorios. Méndez recordó al régimen teocrático de Teherán que la tortura  “no solo viola las obligaciones internacionales de Irán”,  sino “también la Constitución de Irán, que prohíbe explícitamente el uso de cualquier forma de tortura con el propósito de obtener confesiones o informaciones”. Asimismo, el relator especial sobre Libertad de Reunión y Asociación Pacíficas, Maina Kiai, recordó que  Irán firmó la Convención Internacional sobre Derechos Civiles y Políticos, “que garantiza el derecho a la libre expresión, a la libre asociación y a la libre reunión pacífica”.

Represión contra las minorías

Rita Izsák,   experta independiente de la ONU sobre Minorías, expresó su preocupación por el número de miembros de minorías étnicas o religiosas condenados en Irán a causa de las actividades relacionadas con la defensa de sus derechos. El régimen de Teherán se caracteriza por un odio feroz a la democracia parlamentaria de corte occidental, y reprime con especial dureza cualquier atisbo de protesta. La oposición, organizada en diversas corrientes que van de islamistas críticos con Teherán hasta la izquierda radical y laica, es reprimida con frecuencia por las fuerzas de seguridad del poder dictatorial, incluso el sector legal y que se presenta a las elecciones. Aunque la sociedad iraní se ha modernizado notablemente en los últimos lustros, sobre todo en las grandes urbes, y una parte sustancial de la juventud reclama una mayor libertad, el régimen teocrático sigue encerrado en posiciones ideológicas medievales y hasta ahora no ha querido dar su brazo a torcer.