Hablando de Marruecos un jueves

Mohamed El Morabet

Mohamed El Morabet lamenta que el libro ‘Marruecos, ese gran desconocido. Breve historia del protectorado español’, de la historiadora María Rosa de Madariaga, no aclare, en su opinión, la realidad marroquí al lector español. En la foto, la portada del libro

El pasado jueves 24 de enero fue un día normal, sin demasiados rituales. Empezó con mi sesión matutina de revisión de e-mail y Facebook y prosiguió con un buen rato de estudio en la biblioteca, hasta las siete de la tarde, en que fui entusiasmado a la presentación del último libro de la historiadora María Rosa de Madariaga, Marruecos, ese gran desconocido. Breve historia del protectorado español, que organizaron conjuntamente Alianza Editorial y Casa Árabe. Reitero lo de entusiasmado porque al ver el título del libro, me dije: “¡Qué bien! Por fin, un libro que toca un tema casi tabú en España”. A pesar de la cercanía geográfica que une Marruecos y España, reconozco que se sabe muy poco de Marruecos. Más bien, sólo se conoce lo negativo de Marruecos. Y me atrevería a decir que casi todo lo que se conoce de Marruecos es construido a base de un desconocimiento profundo del país y de sus habitantes. El marroquí en España, alias “el moro”,  es una construcción compleja y completa que no se presta a reconfiguraciones. Sólo se puede entender esta construcción desvirtuada por el exagerado interés de algunas élites sociales y culturales en alimentar este proceso continuo de desconocimiento, y también, por el miedo que experimenta la opinión pública española al no abandonar el abismo de la inopia en relación a la “cuestión marroquí”.

El acto de presentación contó con la presencia de Javier Valenzuela, periodista y escritor, curtido en mil batallas y buen conocedor de Marruecos y el Magreb, que hizo del acto una especie de tertulia interactiva a base de preguntas lúcidas sobre el tema, mientras que Madariaga fue desglosando los fundamentos del libro y la tesis que representa. Mi entusiasmo fue disminuyendo poco a poco. Básicamente, porque el libro sólo dedica el título a Marruecos, mientras que el protagonismo de su desarrollo cae sobre el ejército español. Madariaga, resumiendo mucho, vino a asegurar que una casta de militares, a los que denominó “militares africanistas” o “africano-militares” aprovecharon el protectorado en el norte del Marruecos para enriquecerse. Demostrando así, que la corrupción fue la seña de identidad de España en Marruecos en esa época, poniendo de ejemplo el famoso caso del millón de Larache y todo lo que supuso el fraude relacionado con las minas del Rif. Lo sorprendente fue que todas las diferentes e interesantes preguntas planteadas por Javier, y eso que eran variopintas, obtenían la misma respuesta, de forma que la historiadora no se salió ni un ápice de su guión.  Madariaga intentó separar la época del protectorado bajo el control de la segunda república española, que se atrevió a calificar de “una especie de protectorado en términos de igual a igual”. Según la autora, el enfoque era distinto, puesto que los objetivos principales durante la II República fueron crear un ambiente de colonización por lo civil, construyendo escuelas y hospitales, mientras que en la época previa y posterior, es decir con el franquismo, el objetivo era puramente militar.

También hizo un pequeño paralelismo con la actualidad, sobre todo en lo que concierne a la corrupción estructural. Dijo: “Todo lo que estamos viendo ahora, con el caso Nóos y Gürtel, me recuerda bastante a esa época”. Escuchando todo esto, mis ánimos ya estaban por los suelos. Me sentí simplemente engañado por dos motivos. Por un lado, fui a la presentación del libro con la idea de aprender más sobre Marruecos, y resulta que aprendí mucho más sobre el ejército español. El ejército, ese gran desconocido, seguramente sería un título más adecuado al contenido.  Y por otro lado, salí del auditorio con una sensación de haber estado en un sueño, ya que la realidad que se esgrimió en la sala no tenía nada que ver con lo que vivieron los rifeños. Se presentó el protectorado como un espacio temporal en que España fue invitada por los marroquíes a ocupar el Rif, y que por culpa de la avaricia de los militares, lo hicieron tan mal que llegaron a perder batallas, como la de Annual en 1921, y no pudieron dejar un legado civil profundo comparado al francés. Este es el relato. Sin mucha literatura. El protectorado -eufemismo de colonialismo- español fue un desastre en su conjunto porque el ejército estaba corrompido. ¿Algo bueno habrán hecho los rifeños? Han pasado cien años desde aquella firma de tratado, muchas cosas se han renovado, pero el relato sigue siendo el mismo. El concepto paternalista de “pacificar”, algunas veces militar y otras, de forma civil, no ha cambiado, y cuanto más se aferre a este hilo literario especulador, Marruecos seguirá siendo ese gran desconocido. Madariaga afirma que España, tanto por el protectorado como por el proceso de descolonización, fue un “subarriendo” de Francia.  Y me temo que lo será también para escribir un nuevo relato que Hollande inició hace un mes en Argel.

La anécdota de toda esta cuestión, y con lo que finalizó Madariaga su intervención, es que las relaciones hispano-marroquíes son un tema de Estado para España, independientemente del gobierno de turno, y  tienen y deben ser sólidas. En este punto coincido con la historiadora, cuando aquella España vivía decaída por la pérdida del Imperio colonial, con Cuba y Filipinas independizadas, y por la corrupción, ahí estaba Marruecos para reavivarla, vía protectorado, pero la élite militar lo hizo tan mal que no supo sacarle rédito a la oportunidad de oro que se le brindó, y eso que fue ilegítima. Y ahora que España también está decaída por la crisis económica y la corrupción, Marruecos sigue al pie del cañón, como oportunidad de oro para la élite empresarial, que tiene que sacarle provecho y hacerlo bien. Parece paradójico, pero cada vez que España vive momentos de crisis y corrupción, Marruecos siempre está ahí para paliar dicha situación y sacar las castañas del fuego. Las vivencias de hoy, de muchos marroquíes y españoles juntos, son las que están construyendo un nuevo relato de la realidad hispano-marroquí, alejado de su versión rancia. A la espera de que mañana estas vivencias se conviertan en Marruecos, ese gran conocido. Sin más, mi jueves se hizo viernes.