Rivalidad geopolítica de las grandes potencias

El periodista Pedro Canales sostiene la tesis de que algunos conflictos armados en África son también consecuencia de la rivalidad entre Estados Unidos y France en este continente. En la foto, unos militares franceses en Mali

Francia ha intervenido militarmente en Libia apoyando el islamismo radical en contra del dictador Gadafi; en Siria sostiene a la Coalición Nacional en manos de los radicales islamistas, salafistas incluidos. En Malí en cambio sostiene un régimen militar salido de un golpe de Estado, en contra de la rebelión armada en la que se mezclan tuaregs, islamistas y yihadistas. La diferencia de comportamientos explica los intereses estratégicos de Francia y la rivalidad entre las grandes potencias por la influencia geopolítica en la región.

Pedro Canales (este artículo fue publicado previamente en el diario online El Imparcial)

Este lunes, el ministro de Exteriores galo Laurent Fabius ha reunido en París una conferencia internacional de apoyo a la Coalición siria. El pasado 12 de diciembre, más de un centenar de países árabes y occidentales reconocían en Marraquech la Coalición Nacional siria “como representante legítimo del pueblo sirio”. Sin embargo, las ayudas financieras y logísticas dejan aún que desear. Aunque para la alianza opositora, lo que de verdad necesitan son armas y no declaraciones de solidaridad política. Francia no quiere aventurarse sola en un apoyo militar, y espera que los otros países occidentales lo hagan. Pero el resto de países de la OTAN se muestra desconfiado, sospechando que las armas caerían en manos de los yihadistas, tal como ocurrió en Libia.  No es el caso de Malí. París no ha dudado en enviar un contingente militar en solitario para defender su esfera de influencia tradicional en la región. Los apoyos occidentales, incluído el español, son simbólicos, y se limitan a la logística, y no a fuerzas de combate. El británico Jeremy Keenan, profesor en la Universidad de Londres y reputado experto en el Sahara y el Sahel, ve en la crisis maliense una disputa entre Francia y Estados Unidos principalmente, sobre su liderazgo en lo que en un futuro podría ser el “Sahelistán”, es decir un vasto Estado artificial que se extienda desde el Atlántico hasta el mar Rojo, o al menos que englobe las tierras “fuera de control” de los países limítrofes, de Mauritania, Mali, Argelia, Níger, Tchad y Sudán.  El intelectual argelino Nordin Grim, por su parte señala que “para justificar la ocupación de un país o de toda una región ambicionada, la estrategia utilizada sigue siendo la misma que en Afganistán”. “Cada vez, subraya Grim, son los islamistas de la corriente wahabita salafista controlados por países afines a las tesis norteamericanas (Arabia Saudita y Qatar), los encargados de justificar las intervenciones armadas, destinadas “oficialmente” a poner fin a las barbaridades y otras violaciones de Derechos Humanos cometidas por las hordas islamistas”.

Sin embargo, y aún siendo ciertas las acusaciones de oscurantismo reaccionario que se imputan a las corrientes más retrógradas del islamismo, no lo es menos que la región de la hipotética “Sahelistán” es extremadamente rica en hidrocarburos, uranio, oro, diamantes, hierro, cobre, fosfatos, cobalto, y toda una gama de tierras raras, indispensables para la industria electrónica y la informática, aunque sus pueblos malvivan en la más escandalosa de las miserias.

Francia parece haber olfateado el peligro de verse adelantada por su rival geoestratégico Estados Unidos y su aliado Gran Bretaña, de ocupar la región. La constitución en Alemania del AFRICOM (Mando central estadounidense para Africa) con miras sobre el Sáhara y el Sahel, ha supuesto un dolor de cabeza permanente para los estrategas franceses. Porque París obtiene una parte fundamental de su uranio de las minas de Níger, y porque toda la zona es de tradición francesa. Francia fue la potencia colonizadora de Mauritania, de Marruecos, de Argelia, de Mali, de Niger, de Chad y de Túnez, y ha guardado su esfera de influencia, entre otros instrumentos a través de la llamada “francofonía” y de la zona del “franco CFA” en Africa Occidental, lo que permite al Banco Nacional de Francia controlar las riquezas y el sistema económico-financiero de los países que forman parte de la misma. El apoyo de Washington, Londres y Berlín a la intervención militar francesa en Mali, ha sido obligado por encontrarse “ante el hecho consumado” del desembarco bélico. Sin embargo, Paris no contaba con la resistencia a su empresa que se ha generado en Argelia, donde el alto mando militar no está dispuesto a perder su influencia en el norte de Mali y en la región del Sahel.