Egipto no consigue salir del torbellino de la violencia

Mohamed Mestiri-Túnez

Egipto es un país atrapado por la violencia, la intolerancia, la división social y la inestabilidad política. En la foto, unos manifestantes se enfrentan a la Policía, en la Plaza Tahrir de El Cairo

Egipto, cada día que pasa, se hunde un poco más en la inestabilidad política, institucional y social. El país árabe no consigue salir del torbellino de la violencia. El presidente egipcio, el islamista Mohamed Mursi, y el Gobierno, que también es islamista, tienen un gran apoyo social, pero también generan mucho rechazo, sobre todo en amplios sectores de la población laicos,  liberales y de izquierda. Egipto está dividido en dos partes que, de momento, parecen irreconciliables. La única manera que tienen ambos sectores  de expresar y defender sus ideas  es la violencia. Las fuerzas de seguridad, en muchos casos, se comportan como en los peores tiempos de Hosni Mubarak, con gran crueldad y ausencia total de respeto a los derechos más elementales de las personas. En una semana han muerto en Egipto unas sesenta personas en disturbios callejeros en ciudades como Suez y Port Said. Cualquier pretexto es válido para salir a la calle y enfrentarse a la Policía. La violencia volvió a hacer acto de presencia el pasado fin de semana. Una salvaje paliza a un manifestante por parte de agentes antidisturbios a las puertas del palacio presidencial, en El Cairo,  estremeció a los egipcios. Pero ahora resulta que la agresión no fue una fechoría de la Policía,  aunque un vídeo  que se grabó deja poco lugar a la duda. Incluso el Ministerio del Interior pidió disculpas. Según el testimonio de la víctima, Hamada Saber,  pintor de 48 años, el hombre, que fue desnudado y golpeado el pasado viernes por media docena de antidisturbios, declaró a la Fiscalía que los agentes le salvaron de ser linchado por unos enfurecidos manifestantes.“Estaba parado en la plaza Roxy (cercana al palacio presidencial) tomando un refresco cuando los manifestantes me confundieron por mi atuendo negro con un oficial de las Fuerzas de Seguridad Central (una división de la policía) y me atacaron y quitaron la ropa”, dijo la víctima. Hay sospechas de que dio esa versión porque sufrió coacción policial. Este dramático suceso demuestra la terrible situación política y social que vive Egipto, el país más grande del mundo árabe, dos años después de la revolución que acabó con el régimen dictatorial de Hosni Mubarak. La situación económica está también muy deteriorada, y en parte es debido a la grave situación política, que no permite un mínimo de estabilidad ni genera confianza entre los inversores. El turismo está en caída libre. El presidente Mursi está convencido de que el país “está a punto de conseguir una sana gobernanza y un Estado de derecho”, según aseguró a Angela Merkel en un viaje oficial a Berlín que realizó la semana pasada. En cambio, el jefe de las Fuerzas Armadas y ministro de Defensa, Abdel Fattah Al-Sissi, piensa que si no se resuelve la crisis política “el Estado podría derrumbarse”. Los acontecimientos de los últimos días parecen darle la razón al militar.

 Incapacidad política

Los graves disturbios de Port Said, Suez, Ismaïlia y El Cairo no son muy esperanzadores para el futuro del país. En las ciudades donde el presidente decretó el estado de sitio, como Port Said, Ismaïlia y Suez, el Ejército tuvo que emplearse a fondo para evitar mayores disturbios callejeros. En algunos disturbios no faltaron saqueos a comercios y provocaciones de todo tipo. Mursi, que proviene de la corriente islamista de los Hermanos Musulmanes, fue elegido democráticamente, pero no ha sabido ser el presidente de todos los egipcios, y adoptó una Constitución, aprobada el pasado mes de diciembre en referéndum, que no recoge la pluralidad ideológica, social y religiosa del país. Hace unos días, Egipto intentó dar un primer paso para salir de la crisis, después de que las distintas fuerzas políticas, islamistas, laicas y movimientos juveniles, firmaran en El Cairo un documento contra la violencia en el que se comprometen a favorecer el diálogo nacional. “Este documento rechaza cualquier tipo de violencia y los presentes en la reunión, de distintas ideologías y partidos, lo han refrendado en su totalidad”, destacó el Partido Libertad y Justicia,  el instrumento político de los Hermanos Musulmanes. El Premio Nobel de la Paz Mohamed el Baradei, figura destacada del Frente de Salvación Nacional, que agrupa a la mayoría de la oposición, dijo que salía de la reunión “con cierto optimismo”: “Todos nosotros creemos que Egipto está al borde del precipicio y todos nos hemos esforzado para crear un clima de confianza entre los diferentes grupos”, señaló El Baradei. A pesar de estos esfuerzos, no parece que Egipto haya dado un paso decisiva hacia la plena superación de los problemas.