Ahmadineyad visita Egipto en plena crisis política y social del país árabe

Mohamed Mestiri-Túnez

El presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad, visita Egipto en plena crisis política y social del país árabe. Es la primera vez que un jefe del Estado iraní visita el país de las pirámides en los últimos 34 años. Teherán y El Cairo mantienen tensas relaciones diplomáticas y políticas. En la foto, Ahmadineyad es recibido por su homólogo egipcio, Mohamed Mursi, en el aeropuerto de El Cairo

El presidente de Irán, Mahmud Ahmadineyad, realizó ayer una visita oficial a Egipto cuando este país sufre una profunda crisis política e institucional y división social, que en los últimos 10 días han causado unos sesenta muertos disturbios en diversos disturbios callejeros. Fue un viaje histórico, porque hacía 34 años que un jefe del Estado iraní no visitaba Egipto.  Ahmadineyad fue recibido en el aeropuerto de El Cairo por el presidente egipcio, el islamista  Mohamed Mursi. Entre otras cuestiones, los mandatarios de ambos países islámicos abordaron el espinoso conflicto palestino-israelí y la guerra en Siria. El dirigente iraní dijo que tratará de “allanar el camino para el desarrollo de la cooperación entre Irán y Egipto”. Las relaciones entre el régimen de los ayatolás, de tendencia chií, y los gobernantes islamistas egipcios, que son suníes, han vivido momentos muy tensos desde 1979, como cuando Teherán redujo drásticamente la relación con El Cairo a raíz del tratado de paz entre Israel y Egipto. El propio Sha de Persia, Mohamed Reza Pahlavdi, fue enterrado en El Cairo donde vivió los   últimos días de su vida  protegido por el entonces presidente Anuar el Sadat, que falleció en octubre de 1981 a manos de un soldado islamista. El asesino, Jaled Islambuli, fue considerado un mártir en Teherán, donde incluso se le dedicó una calle. El sucesor, Hosni Mubarak, mantuvo una estrecha relación con  Occidente y Arabia Saudí y siempre consideró  como una amenaza el programa de enriquecimiento de uranio de Egipto. Teherán celebró con gran alegría el derrocamiento de Mubarak, pero es el principal apoyo que tiene el régimen sirio de Bashar al-Asad. Mursi, para demostrar que los tiempos han cambiado, viajó el pasado mes de agosto a Teherán donde participó en la cumbre del Movimiento de los Países No Alineados. Con la visita de Ahmadineyad a Egipto, Teherán y El Cairo quieren acercar posiciones, aunque será difícil porque el país de las pirámides mantiene buenas relaciones con enemigos de Irán como Estados Unidos, Israel, Arabia Saudí, Catar y Turquía. Las diferencias doctrinarias entre suníes egipcios y chiíes iraníes juegan también en contra de este acercamiento y los salafistas aliados de los islamistas en el poder en Egipto tampoco ven con buenos ojos a Teherán.

 Divergencias en Irán

Por otra parte, las luchas internas en el seno del poder en Irán se han incrementado en los últimos tiempos, y los enemigos de Ahmadineyad consiguieron el martes que uno de sus hombres de confianza, el antiguo fiscal general de Teherán, Said Mortazavi, fuera detenido por la autoridad judicial y encarcelado en la prisión de Evine, cerca de Teherán. El detenido está acusado de ser responsable de la muerte de varios manifestantes  en las revueltas populares contra el régimen de 2010. Ahmadineyad reaccionó violentamente ante esta decisión y la calificó la detención de “acto siniestro”, afirmando que “el poder judicial pertenece al pueblo y no a intereses particulares”. El presidente iraní atacó directamente al clan ultraconservador religioso de los Larijani, que es un grupo político formado por cinco hermanos, entre los cuales está el presidente del Parlamento, Ali Larijani. Este cargo institucional acusó a Ahmadineyad de querer controlar la justicia.