Rafael Correa es reelecto como presidente del Ecuador con el 60% de los votos

Gorka Castillo

Por cortesía de Presidencia de la república del Ecuador. De Izquierda a derecha: Lenin Moreno, Vicepresidente saliente de Ecuador, Rafael Correa y Jorge Glas, nuevo Vicepresidente de la República

El líder progresista latinoamericano logra también el control de la Asamblea Nacional y coloca en el centro de sus objetivos “reducir más la pobreza”.
El presidente de Ecuador, Rafael Correa, aplastó ayer a todos sus rivales en la carrera presidencial al lograr casi el 56,95% de los votos en un país donde el sufragio es obligatorio. Eufórico tras conocerse los resultados, Correa pintó un panorama para  el futuro del país marcado por la igualdad, la solidaridad y la prosperidad colectiva.
Tras confirmarse la aplastante victoria del movimiento Alianza País que lidera, Correa aseguró que ya no existe espacio para “los obsoletos e injustos prejuicios del neoliberalismo” y que el desafío para los próximos cuatro años de mandato será “reducir la pobreza más rápido”.
El candidato que se presentó en el arranque de la campaña como la alternativa liberal al “socialismo irresponsable” de Correa, el banquero Guillermo Lasso, sufrió una debacle sin paliativos al no lograr superar el 23,35% de los sufragios pese al enorme dispendio económico invertido en el exterior del país, donde casi 285.000 migrantes ecuatorianos eligieron a 15 miembros clave para el control de la Asamblea Nacional.
Otros candidatos que hace una década tenían una enorme capacidad de arrastre, como la Sociedad Patriótica del magnate bananero Álvaro Novoa o la plancha electoral del ex presidente Lucio Gutiérrez, fueron barridos del mapa con el 10% de los votos entre los dos.
La aplastante reelección de Correa y el triunfo de su partido, Alianza País, en la Asamblea Nacional constituye el último episodio de que los partidos tradicionales de corte liberal del Ecuador han entrado en un declive político definitivo.
El triunfo de Alianza País, con más de 70 escaños de 137 posibles, permitirá habilitar leyes fundamentales que estaban bloqueadas en la Asamblea Nacional, como la reforma agraria y la ley de medios de comunicación. Respecto a esta controvertida norma, Correa aseguró que se busca “organizar una prensa honesta, responsable, jamás con censura previa, pero sí con responsabilidad ulterior”.
El líder de Alianza País, que no se cansó de hablar de igualdad, de la urgencia de erradicar la pobreza y de afianzar los sistemas sociales en Ecuador, y rechazó de plano que su triunfo “vaya a fortalecer el presidencialismo sino que las funciones de control entre Presidencia y Parlamento serán reguladas y reforzadas porque es lo que quieren los ciudadanos”.
El presidente mostró ayer su disposición al diálogo con todos los grupos de la oposición “excepto con aquellos que quieran perpetuar el sistema de partitocracia que dirigió este país a la ruina”, señaló, en referencia a Guillermo Lasso. Correa descartó la promoción de “agendas ocultas” o acciones en contra de la voluntad de los ciudadanos. También reservó palabras de apoyo para el presidente venezolano Hugo Chávez y para los miles de ciudadanos ecuatorianos que tuvieron que migrar desde el año 2000 a causa de la quiebra económica del país. “Hoy la economía del Ecuador crece a un ritmo superior al de Europa y está consolidando nuevos mercados más allá del petróleo”, concluyó.
De lo que nadie duda en América Latina es de que el aplastante triunfo de Correa en las urnas consolida un proceso de transformación socioeconómica en la región basado en el ciudadano frente al mercado, algo que en otras zonas del mundo como Europa cuesta entender.