El deporte derrumba fronteras

Sonia Moreno

Subsaharianos, europeos y marroquíes disputaron un torneo de streetbasket en Rabat

El streetbasket, una versión callejera del baloncesto, ha unido en Marruecos a subsaharianos exiliados y marroquíes de barrios desfavorecidos durante ocho semanas.
Los entrenamientos se sucedieron en varias zonas deprimidas de Rabat y Salé y terminaron con un torneo de dos días en el complejo deportivo Al Amal, en el barrio popular Yacoub el Mansour.
Una canasta, dos equipos, seis jugadores y 10 minutos es la fórmula de baloncesto que se juega en los barrios populares de Estados Unidos y países del Caribe bajo el nombre de streetbasket, y que estos dos meses se ha podido practicar en Rabat y Salé.
El número de subsaharianos en Marruecos, la puerta de África a Europa, aumenta cada año. En el norte del país,  given entre 1.500 y 2.000, la mayoría en la ciudad de Oujda, en la frontera con Argelia. Amén de otros tantos miles que lo hacen en el resto del país, sobreviviendo gracias al apoyo de organizaciones de derechos humanos.
La estampa de senegaleses vendiendo en las calles principales de ciudades grandes, como Casablanca o la capital marroquí, Rabat, es ya una realidad en el día a día. El informe elaborado por Marruecos en 2012 ‘Migración irregular: respuestas políticas y retos’, apunta que los subsaharianos acaban en “guetos de manera espontánea”. En las 50 entrevistas realizadas a inmigrantes, se puede detectar que Marruecos ya no es solo un tránsito a Europa, si no que se ha convertido en el destino de muchos de ellos.
Por esto algunas ONG, asociaciones de derechos humanos y organismos internacionales realizan una labor no solo de acogida sino también de integración de este sector inmigrante.
Así, un organismo internacional, el Comisionado de Naciones Unidas para los refugiados (ACNUR), que trabaja con refugiados y personas con asilo político, ha puesto en marcha por primera vez el torneo deportivo Streetbasket ‘Rabat Player Uno’.
De los 217 participantes, 41 son mujeres. El 25 por ciento extranjeros y el 75% restante son marroquíes, de cuatro barrios populares de Rabat y Salé: Doar Kora, Saïd Hajji, Hay Sinaï y Hay Nahda II. Entre los inmigrantes hay  studiantes, refugiados, demandantes de asilo político -la mayor parte de origen subsahariano-, pero también europeos.
El torneo final lo disputaron cien jugadores, divididos en 24 equipos, ocho femeninos y 16 masculinos.
Con esta actividad, ACNUR intenta lograr tres objetivos: educar y favorecer la integración de los jóvenes a través del baloncesto, contribuir al bienestar psíquico y mental de la población de los barrios desfavorecidos y reforzar la conexión social entre la población local y los inmigrantes.
Un torneo de este estilo se había puesto en marcha en Congo con anterioridad. Luca Putteman, de ACNUR, contactó con el entrenador belga que había llevado el proyecto entonces para trasladar la idea a Marruecos.
El deporte no fue todo. Durante el fin de semana que se celebró el torneo deportivo, la música también estuvo presente, con concursos y conciertos de hip hop, rap, beat box, freestyle dance, danza congolesa, gnawa, la presencia de Dj’s, espectáculos de percusión y el concierto ‘Africa United’.
Estos días la cultura, la política o la religión quedaron a un lado, para dar prioridad al trabajo en equipo, la solidaridad y la tolerancia.