Ennahda confía en formar nuevo Gobierno esta semana

Dunia Benjadra

La oposición se moviliza en Túnez contra el Ejecutivo de En Nahda. Foto: Nidaa Tounes

Todavía no hay una propuesta en firme para sustituir al primer ministro Yabali, que dimitió ayer.
Trece días después del asesinato del opositor de extrema izquierda tunecino Chokri Bel Aid, el Gobierno de los islamistas de Ennahda sigue sin mover ficha de una forma clara.
Horas después de la muerte a quemarropa de Bel Aid, de la coalición del Frente Popular, el primer ministro tunecino, Hamadi Yabali, proponía la sustitución del actual Ejecutivo por uno de tecnócratas.
Este lunes reconocía que no había logrado el consenso necesario para llevar a la práctica este proyecto. Y el martes comunicaba a Moncef Marzuki (del Congreso Por la República), presidente de Túnez, su renuncia.
“Tras su dimisión, el país necesita un Gobierno de consenso en el que participen partidos y tecnócratas. Nosotros estamos de acuerdo en que la formación del Ejecutivo no supere esta semana”, ha dicho hoy Rachid Ganuchi, líder de los islamistas de Ennahda, en unas declaraciones que recoge la agencia Efe.
Ganuchi no descartó que vuelvan a contar con el ex primer ministro, para lo que tendría que alinearse con la política del partido.
Sin embargo, Yabali ha declarado que no aceptaría de nuevo sus responsabilidades sin que se fije la fecha de las elecciones, y de finalización de la Constitución.
Como alternativas al ex primer ministro, se escuchan nombres como el de Alí Laridi, ministro de Interior; el de Justicia, Nuredín el Behiry; el titular de Agricultura, Mohamed Ben Salem, o el de Salud, Abdelatif el Mekí.
La propuesta de Yabali no gustó en las filas de Ennahda, su propio partido, que este sábado llamaba, ante 15.000 seguidores en la capital del país, a la “unidad” y a un “gobierno político”.
El asesinato de Bel Aid hizo patente la fractura abierta en Túnez entre islamistas y laicos, dos sectores con unas fuerzas más equilibradas que en otros países que también han vivido en el Magreb su Primavera Árabe, y que luchan por la vía que ha de tomar el país tras dos años de la caída de Ben Ali. La separación de política y religión, o un estado islámico.
La simbólica avenida de Habib Bourguiba fue el lugar donde los islamistas convocaron el sábado a sus seguidores. Amor Laridi, miembro del comité ejecutivo, aseguró en ese marco -según recoge Efe- que su partido “tiende la mano a todos los tunecinos para compartir los objetivos de la revolución: dignidad, trabajo y libertad”.
Los dirigentes del sector más duro de Ennahda dejaron claro que su intención es colaborar en este proyecto con todas las formaciones políticas “salvo con los contrarrevolucionarios”; entre los que cuentan a Nidá Tunis, partido de la oposición que podría hacer sombra a los islamistas en las elecciones.
El presidente de Ennahda, Rachid Gannouchi, pidió “la formación de un gobierno de unidad nacional abierto a todos más allá del tripartito actual; y no un gobierno de tecnócratas, que está para gestionar y no para gobernar”. Y reclamó de la Asamblea Nacional Constituyente una Ley para la Protección de la Revolución para luchar contra “aquellos sectores que quieren volver a la dictadura; los mismos que apelan a un gobierno de tecnócratas”.
Por su parte, el sindicato de la Unión General de Trabajadores Tunecinos (UGTT), el Frente Popular y Nidá Tunis han reclamado la celebración de un congreso “urgente” de Salvación Nacional. Y Nidá llamó hoy a la disolución de las ligas “que practican la violencia organizada”, en clara referencia a las Ligas de Defensa de la Revolución, que califican como el “brazo armado” de Ennahda.