Gdeim Izik: Un juicio militar con duras penas para los acusados saharauis

Yasmine Cherkaoui

Manifestantes a las puerta del Tribunal Militar de Rabat donde fueron juzgados los presos del campamento Gdeim Izik

RABAT. “No podemos hacer declaraciones sobre los veredictos por respeto a la justicia”. Habla una fuente del gabinete del portavoz del Ejecutivo marroquí, que sin embargo sí que quiso destacar la “transparencia” con la que se desarrolló el juicio militar a los 25 saharauis que fueron detenidos antes, durante o tras el desmantelamiento del campamento de protesta de Gdeim Izik.
Un campamento que se levantó a 15 kilómetros de El Aaiún (capital administrativa del Sáhara Occidental) y reunió en octubre de 2010 a más de 20.000 saharauis en 7.000 jaimas.
Juzgados por el Tribunal Militar de Rabat tras dos años y tres meses de prisión preventiva, nueve fueron condenados la madrugada del domingo a cadena perpetua (uno de ellos se encuentra en búsqueda y captura) y los demás se enfrentan a entre 20 y 30 años de cárcel. Solo dos de los acusados consiguieron escapar a la prisión al haber cumplido ya los dos años a los que se les condenó.
Abderrahman Zeyu, uno de ellos, no dudaba en calificar durante las primeras horas de su recién estrenada libertad que el proceso “ha sido meramente político, un instrumento de las autoridades para condenarnos”.
Aunque el proceso militar se desarrolló en un clima de transparencia y libertad de expresión, tanto la defensa de los acusados como gran parte de los observadores internacionales presentes en las cien horas del juicio (se extendió durante nueve jornadas) criticaron la inconsistencia de las pruebas aportadas por la Fiscalía.
“No se sabe quién mató a quién, en qué momento, o cómo se hizo; las armas que se presentaron en la sala estaban limpias, sin sangre ni huellas dactilares”, denunció el profesor de Derecho Internacional en la Universidad del País Vasco, Juan Soroeta.
Según la defensa, no se aportaron pruebas de ADN, no se practicaron autopsias a los cadáveres de los once agentes de las fuerzas del orden que Marruecos asegura que fallecieron durante el desmantelamiento del campamento -en noviembre de 2010-, y en el vídeo que se proyectó con imágenes de la operación no se podía reconocer a ninguno de los saharauis sentados en el banquillo de los acusados.
La española Matilde Mérida, presente en el juicio como observadora, criticó que tampoco se verificaron los atestados policiales ni se reclamaron informes médicos “a pesar de que los acusados declararon haber sido torturados”.
Soroeta también destacó que tras la reforma de la Constitución marroquí en 2011, “ya no deberían de ser juzgados los civiles en tribunales militares, pero todavía sigue habiendo un vacío legal”.
Sin embargo, fuentes del gabinete del portavoz del Gobierno en Marruecos han puesto de relieve que el proceso fue seguido por observadores tanto nacionales como internacionales “que han constatados que se ha desarrollado en condiciones normales, de respeto a un juicio justo desde el principio hasta el final”.
El Consejo Nacional de Derechos Humanos en Marruecos, por su parte, publicó un informe en el que señala que el proceso respetó las garantías de los acusados, que se vieron reforzadas por la fuerte presencia de observadores, periodistas, parlamentarios, diplomáticos y defensores de derechos humanos.
Los saharauis condenados han sido acusados de formación de banda criminal, violencia contra la fuerza pública con resultado de muerte y mutilación de cadáveres. Los duros veredictos que escucharon no les impidieron, sin embargo, salir de la sala con el puño en alto, haciendo el símbolo de la victoria aharaui, entonando cánticos independentistas y vítores por el Frente Polisario.
El de Gdeim Izik fue el mayor conflicto registrado en el Sáhara Occidental en los últimos años y este el mayor juicio a activistas saharauis. El proceso se había aplazado ya en dos ocasiones anteriores sin que llegase a celebrarse la vista. La última en octubre de 2012, coincidiendo con la visita a El Aaiún del enviado especial de Naciones Unidas (ONU) para el Sáhara Occidental, Christopher Ross.
El conflicto entre Marruecos y el Frente Polisario está encima de la mesa de Naciones Unidas, aunque hace tiempo que no se desempolva el dossier. La última ronda de negociaciones formales entre ambas partes se celebró el 16 de marzo de 2008. Y la más reciente informal en marzo de 2012.