Un paseo por el norte

J.L. NAVAZO

La nacionalidad marroquí está unida a la figura de Mohamed Ibn Abdelkrim el-Khattabi

Siempre hay un norte. Y un enamorado de la Osa Mayor. Si asomada al balcón del Atlántico la milenaria Tingis (Tánger) cabalga a lomos de la historia, su hermana “Septem Fratres” (Ceuta) compite en el otro lado del Estrecho abocada al legendario “Mare Nostrum”, mientras en las dos orillas las míticas Columnas de Hércules sostienen su recuerdo pétreo en lo que Jung llamaría el inconsciente colectivo de los pueblos. Y tierra adentro englobando la yebala, el Rif se perfila como recordaba el lunes a este escribano del limes el presidente del consejo regional de Taza-Alhucemas-Taunate, Mohamed Budra, como “la región histórica más importante de Marruecos”. Sin duda alguna, España y Marruecos comparten ríos de historia compartida (que no “común”) y un perfil humano que navega entre el mestizaje étnico y la pluralidad cultural, mientras que en ambos países el norte, los nortes, descuellan por su acusada personalidad.
“Orbaya” mansamente, las nubes lloran a ratos en la capital de la lavanda pues no significa otra cosa el aromático nombre de Al-Hoceima y aquí, en el corazón de esta bravía región, la pluma vuela fácil sobre el terso papel animada por la magia y fuerza telúrica de un paisaje en el que sigue latiendo, entre propios y extraños, el icono del emir Abdelkrim y su efímera República del Rif (1922-1926) cuyo recuerdo, aun impreciso en las formas y en el fondo, pervive en el imaginario rifeño mientras una de sus hijas, Aixa, acaba de dirigir una carta muy personal al joven soberano Mohamed VI en la que, según parece, late la idea de levantar una biblioteca y un museo dedicado a su progenitor “y padre de todos los rifeños”. El dónde y el cómo tiene su enjundia, así como la vuelta o no de los restos del insurgente líder inhumado en el país del Nilo, donde falleció exiliado el 6 de febrero de 1963 tras rechazar, tres años antes de su óbito su vuelta a Marruecos tras ser invitado personalmente en su exilio cairota por el propio rey Mohamed V. Y no se trata solo de política, como siempre por estas agrestes tierras la religión está por medio. ¿Acaso el pasado sábado 23 y durante el encuentro nacional en Rabat sobre su figura, organizado por la Asociación Rif para la Solidaridad y el Desarrollo (ARID), el emir del Rif no fue presentado como “Muyahidin” o guerrero de la fe…?; acaso otro rifeño, El Mizzian, enemigo declarado de Abdelkrim y que alcanzó en las filas del ejército español el rango de general y hasta de mariscal en las FAR marroquíes, no tiene erigido un museo a su nombre en Nador…? Por otro lado, parece que desde las propias normas del islam no está claro que sea lícito desenterrar un cuerpo, trasladarlo en un largo viaje y luego inhumarlo de nuevo…. ¿Práctica “haram”, o sea prohibida? Mis modestos conocimientos no llegan a tanto, pero ahí se lo dejo, para que lo rumien.
En cualquier caso pienso que en la historia contemporánea del Rif y por extensión del norte de Marruecos, podríamos distinguir cuatro tiempos: el Bled Siba insurgente del Raissuni y luego del propio Abdelkrim, el Protectorado español ejercido hasta la Independencia, en 1956, siempre en nombre del Sultán no lo olviden, y la dura represión, la incuria y el abandono característico de los tiempos del Malik Kebir, el peculiar Hassan II, en los que todavía antes de la década de los sesenta Tetuán competía con Casablanca por ser la ciudad más industrializada del país. Algo conocí aquellas fechas (de hecho paseé por los hermosos mosaicos de la plaza del Feddán, en la Blanca Paloma de la Yebala, en enero de 1972, ¡ya llovió sí!) por lo que no me vengan con milongas. Quiero decir que aunque falta mucho (¡pero es que todavía faltaba más por hacer!), el joven soberano Mohamed VI tras subir al Trono de los Alauis en 1999 no perdió el tiempo, intentando ya en su primer viaje oficial por el país desenclavar el irredento norte y reconciliarlo con la corona, la cuarta etapa que les adelanté: si hasta entrado este siglo buena parte de las infraestructuras apenas se habían remozado desde 1956, el cambio en los últimos doce años ha sido impresionante y puedo a pie de obra dar fe de ello. Solo en carreteras, la “rocade” mediterránea enlazando desde el pasado verano Nador con Tetuán es una realidad, así como los polos emergentes del superpuerto Tánger-Med y la nueva marina de Nador. Por no hablar del acelerado proceso de construcción de viviendas y la absorción, según se va pudiendo, de las buenas gentes emigradas del campo en busca de un futuro, pues en estos cruciales años Marruecos ha pasado de ser un país agrícola a uno urbanizado, en el que la población se reparte en la actualidad a partes iguales. ¿Poner la guinda al pastel rematando la faena….? No solo es posible sino también necesario. Pero ello pasa por coraje y visión estratégica a medio plazo, cualidades ambas que me consta adornan la personalidad del rey. Y también por una amplia y generosa descentralización administrativa en el Rif, el mejor antídoto para el larvado independentismo emboscado en la región. ¿El principal problema de Mohamed VI…? Pues además de tiempo quizás lo tiene dentro, dado que como bien recordaba Alfonso XIII (abuelo del rey de España, Don Juan Carlos I) “los cortesanos son la ruina de muchas monarquías”. Y si quieren comprobarlo solo tienen que echar la vista atrás: en 1958 y 1959 en el Rif y en noviembre de 2010 en el campo de Gdeim Izik en El Aaiún. En ambos casos, en el primero con Mohamed V, ahora con el actual soberano, poderosos y sectarios intereses anclados en la Administración marroquí, ni estarían haciendo bien las cosas ni siguiendo las altas instrucciones dictadas desde Palacio. Y aquí lo dejo encantado de los nervios, porque el que dice todo lo que piensa no piensa bien todo lo que dice. Sean buenos y felices. Haya salud.