La crisis agudiza la desigualdad

Ouissal el Hajoui

Debate sobre el papel de los sindicatos marroquíes en la promoción de la mujer trabajadora

Cada 8 de marzo las mujeres de todo el mundo evalúan la evolución de sus derechos, de la igualdad y sobre todo de su consideración en el ámbito social. Este año, la principal protagonista, la crisis, también ha dañado la igualdad entre hombres y mujeres. Las mujeres de países pobre y ricos, aunque cada vez más superan a los hombres en formación superior, son las que desempeñan los trabajos más precarios, irregulares y mal pagados.
“Las mujeres son las primeras víctimas de las políticas de austeridad”, critica Elizabeth Morin Chartier, diputada europea. Asimismo, explica que mientras en el paro, las cifras son prácticamente iguales entre hombres y mujeres, el 80,2% de mujeres ocupa trabajos a tiempo parcial, y el 59,8%, dispone de trabajos con contratos temporales. La falta de oportunidades ha hecho que muchas mujeres asuman el rol de madre de familia y se dediquen cada vez más a las tareas domésticas y al cuidado de sus hijos y maridos.
En Marruecos la diferencia salarial entre las mujeres y los hombres se sitúa en un 17%. La tasa de paro es mayor en el caso de las mujeres (9,8%) frente a los hombres (8,3%), según un estudio de 2011 realizado por el Alto Comisariado de Planificación.

Independencia laboral y libertad social
Cada día más mujeres llegan a la conclusión de que trabajar es la clave de la independencia y libertad. Correo Diplomático ha acompañado hoy a dos mujeres en su rutina diaria en Rabat.
Zohra, de 38 años de edad, es asistenta en una empresa española ubicada en el centro de Rabat. Cobra 1.800 dirhams al mes (alrededor de 160 euros), “Sé que es insignificante mi salario, pero ayudo en casa, aunque sólo sea para pagar la luz y el agua, o para comprar a mi hijo material escolar”. Pese a los escasos ingresos que obtiene limpiando durante seis horas la oficina en la que trabaja, se siente toda una privilegiada, “he firmado un contrato indefinido y me pagan la seguridad social”. En cambio su marido es camarero y trabaja sin contrato, “cuando a su jefe le viene en gana no pagarle, no lo hace. Yo, en cambio aporto un ingreso seguro a la familia”.
Antes de encontrar este trabajo en la constructora española, trabajaba en una empresa de confección. “Era un trabajo muy cansino. Nos pagaban mal, la mayoría trabajábamos sin contrato, y encima teníamos que aguantar el acoso de nuestro superior”, cuenta Zohra, quien decidió dejar el trabajo cuando su jefe pretendió abusar de ella. Comienza su jornada laboral a las 6 de la mañana y a la finaliza a las 12h.. “Tengo un buen horario que me permite hacer trabajos extras”. Dos veces por semana va a limpiar la casa de su jefe español, “me paga 300 dirhams por semana (26 euros). Me saco un sobresueldo de 900 dirhams (80 euros) que no me viene nada mal”. Después va a casa a preparar la comida y recoge a su hijo del colegio. “No paro quieta, pero prefiero esto a la vida que llevan por ejemplo mis vecinas, quienes están todo el día en casa y viven a merced de sus maridos”. Zohra reside en Takadoum, un barrio humilde de Rabat. Sin saber leer y escribir, trabaja de lunes a sábado, se ocupa de su hijo, de su hogar y de su marido, y se siente muy afortunada con lo que hace día a día. “Trabajar para mí es libertad”.
En la misma avenida en la que trabaja Zohra, dos calles más arriba trabaja Naima. Naima tiene un trabajo poco habitual entre las mujeres, y por ello es muy conocida en Rabat. Se encarga de aparcar coches. “Sé que muchos piensan que es un trabajo muy poco femenino, pero me ha hecho muy fuerte”. Vecina de Zohra en el barrio de Takadoum, sale a primera hora de la mañana junto a su marido, quien tiene la misma profesión, hacia Agdal. Y ahí pasan todo el día hasta altas horas de la noche. “Gano lo que me dan los clientes. Suelo sacar entre 150 y 200 dirhams al día (entre 13 y 18 euros), ya que esta calle es muy concurrida, está el McDonalds, y los principales cafés y tiendas de la capital”. Trabajar en la calle, en un mundo de hombres, la ha hecho muy fuerte, “no le tengo miedo a nada ni a nadie. Hay hombres que se burlan de mí, hay quienes intentan agredirme pero no voy a volver atrás. La única forma de acabar con el acoso es mediante perseverancia”.

Las marroquíes contra el acoso
Son muchos los años que llevan esperando las marroquíes para notar un verdadero cambio hacia la igualdad. El primer paso lo dio la propia Monarquía con la Mudawana (el código de la familia marroquí). Luego llegó Nouzha Skalli, la ministra de Asuntos Sociales y de la Familia, cuyas ideas no gustaron a todos. Y justo cuando pretendía acabar con el mayor mal que afecta a las marroquíes, el acoso verbal y físico en las calles del Reino, llegó al Gobierno su sucesora, Bassima el Hakkaoui. Miembro del partido del islamista Abdelillah Benkirán, retrasó aún más el proceso. Velada y de ideas muy tradicionales, condenó a la mujer como culpable del acoso en la calle, considerando a la mayor parte provocadoras. Después de la presión social, sobre todo por parte de las mujeres que ya no aguantan el desprecio y humillación en la calle, El Hakkaoui ha decidido establecer una comisión científica para erradicar dicho mal. Un grupo que las asociaciones feministas critican ya que no han contado con la opinión y ayuda de las mismas, expertas en la materia.