Millones de venezolanos lloran a Hugo Chávez

Gorka Castillo

Cortejo fúnebre del Presidente de Venezuela Hugo Chávez, rumbo al Cuartel de la Montaña.

El cuerpo de Hugo Chávez ya reposa en el Cuartel de la Montaña, un fuerte militar situado en una de las populosas quebradas que rodean la ciudad de Caracas, la barriada del 23 de Enero. Dos horas tardó el cortejo fúnebre en
recorrer los cinco kilómetros que separan la Academia Militar de Caracas, donde ha estado expuesto el cuerpo del mandatario desde el pasado 6 de marzo, hasta el lugar donde quedarán para siempre los restos del líder bolivariano. Millones de personas aguardaban el paso de la comitiva sin importarles el sol del mediodía que caía a plomo sobre sus cabezas. Gente humilde de los cerros, los antiguos desheredados de la Venezuela petrolera anterior a 1998, lloró como nunca antes en el último adiós al presidente que les sacó del olvido.
En el Cuartel de Montaña, el féretro de Chávez envuelto en la bandera venezolana fue trasladado por miembros de la Guardia Nacional donde recibió los máximos honores de Estado mientras los cadetes entonaban “Patria querida”, canción militar que el fallecido presidente entonó entre sollozos el 8 de diciembre durante su última alocución pública a los venezolanos.
Ministros y altos dirigentes políticos del país acompañaron al féretro montados en dos grandes vehículos, uno de ellos conducido por el presidente encargado, Nicolás Maduro, y candidato bolivariano a ocupar el vacío dejado por Chávez en las elecciones presidenciales del próximo 14 de abril.
“La instrucción que nos dio nuestro presidente es apoyar a Maduro. Se ve un hombre honesto y humilde”, exclamó optimista a un canal de televisión David Mata, un trabajador de un programa de viviendas del Gobierno enfundado en una camisa con el lema grabado en el pecho: “Chávez, lo juro, mi voto es pa’ Maduro”.
Sin embargo, la gran mayoría coincidía al subrayar que el sucesor de Chávez no podrá igualarse a su carismático predecesor, por lo que esta nueva etapa deberá estar acompañada “más que nunca del pueblo”.
“Después de Maduro viene una mujer a mandar”, señaló Rosa Esther Marín, una jubilada del estado Bolívar, después de que la hija mediana del presidente, María Gabriela, sellara públicamente la promesa de defender el legado de su padre.
Los escépticos, los que creen en el desmoronamiento de Venezuela sin Chávez, deberán esperar a que el tiempo rebaje las pasiones que ahora palpitan en los corazones encendidos de millones de ciudadanos para poder contemplar la verdadera dimensión de la herencia que ha dejado este líder latinoamericano.
Chávez ha cambiado la vida de los pobres, que son sus mayores y más fervientes seguidores. Eso le ha reportado críticas continuas sobre el incremento del déficit y la inflación, la carestía de alimentos y la excesiva dependencia del petróleo del país caribeño. Todas ellas previsibles porque la vara de medir siempre han sido los moribundos parámetros establecidos por un FMI al que por estos lares repudian como a si de una maldición se tratara. Y por eso el presidente venezolano decidió cambiar las reglas del juego y miró hacia los países del sur aislando al Estado de las multimillonarias deudas contraídas por grandes empresas y bancos, y desplazando al mercado libre del centro de la vida para colocar al ciudadano, al pobre, al indio y al analfabeto. Chávez fue tenaz en esta postura y logró éxitos impensables en educación y asistencia sanitaria universal.
Formó el ALBA, un bloque comercial de naciones latinoamericanas y del Caribe destinado a contrarrestar la hegemonía económica norteamericana en la región. Más tarde la UNASUR, para resolver de forma consensuada los problemas internos de Suramérica. Su último esfuerzo es la CELAC, una réplica mejorada de la decadente OEA sin EEUU ni Canadá. Este era, en realidad, el sueño de su gran héroe, Simón Bolívar. El éxito político y económico está en los datos aunque ahora resulte impropio repetirlos. Pero desde hoy ya es historia.