A propósito de Amina Tyler

Mohamed El Morabet :

Amina Tayler, la joven tunecina de 19 que publicó esta foto en Facebook con la frase “Mi cuerpo es mío y de nadie más” sobre su pecho desnudo

El caso de Amina Tyler es más que sonado en casi todo el mundo, basta con ilustrar esta crónica con la fotografía que subió la joven de 19 años a su cuenta de Facebook, en topless, reivindicando algo muy elemental y básico como es la capacidad de ser propietaria física e intelectual de su cuerpo. Con sus propias palabras escribió en árabe: “Mi cuerpo es mío y no representa el honor de nadie”.
La fotografía de Amina, como ilustración de esta crónica, puede suponer que nadie lea el texto, una decisión arriesgada, porque la imagen es tan poderosa que induce automáticamente a formular prejuicios sobre el asunto en cuestión. Por un lado, si eres amante de la libertad, feminista y quieres disfrutar de situaciones de igualdad, evidentemente tu prejuicio será positivo y la imagen creará en ti una empatía tal, que puede que comentes la foto, expresando tu conformidad con el tema, solidaridad y sororidad con Amina e incluso sentirás la necesidad de que hace falta más gestos y actos del estilo de Tyler para que este mundo germine en pos de la equidad. Por otro lado, si eres amante del mundo actual y del patriarcado, aunque tú no lo sepas, y disfrutas con la repartición de los roles de género, es más, si estás conforme con tu rol como mujer u hombre, seguramente la imagen de Amina, a primera vista generará en ti un prejuicio negativo, una resistencia inexplicable, una sensación de alerta y te pondrá en actitud defensiva. Acto seguido, será comentar con tus afines la barbaridad que supone la foto e incluso puedes llegar a escupir algún que otro insulto a la desconocida Amina, simplemente porque ha perturbado tus cómodos esquemas y la percibes como amenaza.
Bueno, la foto en sí es muy poderosa y más aún cuando entra en escena, un mes más tarde, una frase dicha por un supuesto imam, recogida supuestamente por Assabah News, donde condena supuestamente a Amina a 80 ó 100 latigazos, es decir lapidación hasta la muerte. Y la cosa mejora, porque la supuesta frase se eleva a la categoría de fatwa. El resto ya lo imagináis, este macro supuesto, cúmulo de pequeños supuestos, se convierte en noticia y en titulares que recoge una gran mayoría de los medios de comunicación. En España, el efecto dominó ha sido de tal magnitud que da ganas de no volver a jugar al dominó. En páginas como Change.org y Actuable se crearon peticiones donde se recogían firmas para que el Gobierno tunecino impidiese la pena de muerte de Amina, país en que ni siquiera existe. Una demostración de la diarrea esquizofrénica del clic, que no es más que una mala costumbre de desinformación que se está anclando como mecanismo de gestión política. Mucho consumo y poca digestión, luego todos sufrimos problemas de estómago… Así va nuestra salud democrática, que cada vez más se asienta sobre dietas de comida e información rápida.
Entonces, la foto de Amina, que era la protagonista, se convierte en la antagonista y el protagonismo recae sobre la supuesta fatwa. El morbo es poderoso y genera prejuicios y por consiguiente mucho dinero. Este es el esquema de valores de muchos medios de comunicación que recogieron la noticia. La titularon con la palabra clave: Pena de Muerte para luego campar a sus anchas mientras observaban cómo la noticia se convertía en éxito, y el éxito en caladero de comentarios xenófobos, racistas, islamófobos y todo tipo de fobias. Voy a abstenerme de recoger los comentarios que se pueden llegar a leer a propósito de la noticia para no dar pábulo al delito, pero generalmente vienen a expresar algo muy asentado en la memoria colectiva de Occidente que aflora cuando se le brinda alguna ocasión. Se pueden resumir en ¡Qué malos son los árabes y los musulmanes! ¡Qué atrasados son! ¡Asesinos!, etc., etc. En fin, la historia da muchas vueltas y si el sentido viaja de bien a mal la historia vuela a la velocidad de la luz. Esta cuestión empezó como grito igualitario, expresado de forma ingeniosa al estilo Femen, por una joven tunecina árabe, supuestamente musulmana, para buscar la equidad y hacer de la libertad su única bandera. Y, gracias a muchos ‘medios de desinformación’, la cuestión quedó en un juicio de valor colectivo sobre la capacidad de los árabes, musulmanes, tunecinos… de respetar los derechos humanos y los valores democráticos. Estamos asistiendo, de forma descarada, a un ejercicio de paternalismo indigno de una sociedad moderna, que consume y compra las falacias e insidias de unos medios de comunicación que actúan como voceríos de estereotipos, y en más de una ocasión, alzan el estandarte de la retórica de la igualdad mientras ondean una oscura visión de la superioridad imperialista del siglo XXI.
He leído mucho sobre el caso de Amina Tyler, y sinceramente conozco muy poco sobre ella, quizás porque no interesa su vida, su grito y su lucha. Cabeza de turco, chivo expiatorio o moneda de cambio, estas son las tres versiones que nos quieren hacer llegar desde Túnez, la cuna de la primavera árabe. Rigor periodístico, código odontológico, ética, en este caso suena a chiste malo, por no decir a broma pesada.
Amina Tyler sigue siendo la protagonista de una lucha que muchos medios de comunicación quieren desvirtuar. Esta lucha no es más que la idea básica de vivir como iguales y actuar como tales. Así ¡Amén Amina!