Optimismo infundado de Kerry

Eugenio García Gascón :

El primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahi, en un encuentro con el Secretario de Estado norteamericano, John Kerry, durante su visita a Jerusalén el pasado 8 de abril, dentro de la gira por Oriente Medio.

El secretario de Estado John Kerry se ha reunido estos días con Mahmud Abbas y Binyamin Netanyahu y acto seguido ha declarado que es “optimista” respecto a la posibilidad de lograr un acuerdo entre las dos partes que ponga fin al conflicto, es decir a la prolongada ocupación de Cisjordania, incluida Jerusalén.
Esta ha sido la tercera visita de Kerry a la región en el último mes, lo que muestra que Washington parece decidido a impulsar las negociaciones una vez más. Sin embargo, el optimismo de Kerry carece de fundamento y varios ministros israelíes, algunos muy destacados, como Natfali Benett, de La Casa Judía, que recibe muchos votos de los colonos religiosos, han recalcado que no tienen ninguna prisa por acabar con la ocupación.
El optimismo de Kerry ignora la realidad. El secretario de Estado tendría que preguntarle al senador George Mitchell por su reciente experiencia en la región. Mitchell, que logró pacificar Irlanda del Norte, tiró la toalla al poco de ser nombrado enviado especial para el conflicto entre Israel y los palestinos durante el primer mandato del presidente Barack Obama, al darse cuenta de que Israel no tenía la menor intención de abandonar Cisjordania.
Kerry también debería consultar con James Baker, que llevó el departamento de Estado hace dos décadas y acabó martirizado por el lobby judío. Baker fue el que acuñó el lema de que Estados Unidos tenía que ser un “mediador honrado” en la crisis, una expresión que hace muchos años que no se escucha desgraciadamente.
O debería tener presente a otro de sus antecesores, Warren Christopher, que viajó a la región en una veintena de ocasiones sin obtener nada a cambio. Es más, durante los servicios de Baker y Christopher, Israel impulsó exponencialmente la construcción en las colonias de los territorios ocupados, como está haciendo ahora.
El “diálogo” de entonces no sirvió para nada, y el de ahora seguramente tampoco servirá. Los viajes de Kerrry, como en su momento los de Baker y Christopher, no arrancarán ninguna promesa de Netanyahu de abandonar los territorios ocupados por la sencilla razón de que Israel no desea dejar las colonias, y mucho menos Jerusalén.
Abbas, por su parte, en un gesto de buena voluntad, ha prometido a los americanos no recurrir a los foros internacionales, incluido el Tribunal Penal Internacional, mientras duren la gestiones de Kerry, que en principio se prolongarán durante algunos meses.
Cuando concluyan esas gestiones, Abbas tendrá delante dos posibilidades: renunciar al cargo o acudir a los foros internacionales, una opción que horroriza a Israel. Sin embargo, el Estado judío podrá seguir contando con el apoyo incondicional de Estados Unidos, de manera que a Netanyahu le trae sin cuidado lo que hagan o dejen de hacer los foros internacionales.
En este contexto, la renuncia de Abbas se presenta como la posibilidad más natural. En este caso, el caos asaltaría a Cisjordania e Israel tendría que hacerse cargo de su administración, como en los viejos tiempos, tal y como demandan las leyes internacionales.