Sunníes contra Chiíes

Eugenio García Gascón :

El aspecto de Siria después de dos años de guerra es desolador y divide al país en dos frentes.

Con más de 70.000 muertos y millones de exiliados y desplazados, Siria presenta un aspecto trágico y desolador dos años después del inicio de la rebelión. Y lo peor es que el futuro no es halagüeño; al contrario, los crudos y sanguinarios enfrentamientos muestran que hay por lo menos dos sirias, o tal vez más, que se disputan un país arrasado y sin esperanza.
En el plano estratégico, el aspecto más inquietante es la lucha fraticida en que se han embarcado sunníes y chiíes. El encono entre estas dos corrientes del islam se remonta prácticamente a la muerte de Mahoma y ha perdurado durante los trece siglos transcurridos desde entonces sin solución de continuidad.
Las potencias regionales no han dudado en involucrarse en un conflicto al que en buena medida se ha convertido en un choque religioso. El régimen de Bashar al Asad cuenta con el apoyo incondicional de Irán y de los chiíes libaneses, mientras que la abigarrada oposición siria tiene el respaldo de Arabia Saudí, Qatar y Turquía, todos ellos países de confesión sunní, que a su vez están apoyados por las potencias occidentales, con Estados Unidos a la cabeza.
Curiosamente, la aspiración de muchos de ellos es acabar con el eje Teherán-Damasco-Beirut, un objetivo que coincide plenamente con el de Israel. Según un alto cargo del ministerio de Defensa hebreo, el principal objetivo de Israel es romper el mencionado eje con el fin de aislar a Hizbola, el partido chií libanés que cuenta con un importante arsenal de armas convencionales justo al norte del Estado judío.
El conflicto ha metido en el mismo saco a saudíes e israelíes, y es notable que la prensa saudí ha relegado a un segundo o tercer plano, desde hace meses, la causa palestina, al tiempo que ha suavizado su tratamiento de Israel, y no parece que esto sea una casualidad sino que probablemente obedece a directivas que provienen de lo más alto de Riad.
Como no podría ser de otra manera, Irán está apoyando de casi todas las maneras posibles a Bashar al Asad, un alawí, es decir chií, que ha visto cómo su condición religiosa le ha aislado en la región. Los iraníes se juegan mucho en esta guerra puesto que si Damasco cae perderían su único aliado en la región.
En los últimos meses, los saudíes han visto con preocupación el auge de los islamistas sirios que han establecido su poder en el norte del país y combaten en el sur. Aunque ha ayudado generosamente a los islamistas, Riad teme que la caída de Asad dé paso a un gobierno de los Hermanos Musulmanes similar al de Egipto.
Las relaciones entre Riad y El Cairo no son buenas, por más que los saudíes hayan apoyado económicamente al nuevo Egipto. La religión de los Hermanos Musulmanes es un islam politizado que no agrada en Arabia Saudí, donde prefieren un islam apolítico. Si sus temores se confirman, Egipto y Siria podrían establecer un nuevo eje que resultaría muy molesto para los saudíes.