El extraño caso del agente Ziani

J.L. Navazo :

El Centro Nacional de Inteligencia y la Brigada Provincial de Información de Barcelona de la policía consideran al marroquí Noureddine Ziani Hammou, que vivía en Barcelona desde 1999, como un espía del servicio secreto marroquí Dirección General de Estudios y Documentación.

Porque agente, Ziani lo era. A una o más bandas está por dilucidar. Lo demás puras gayolas mentales pues, en asuntos de servicios, la intoxicación está al orden del día y poco es lo que parece. ¿El asunto Ziani es lo que nos cuentan? ¿O acaso es un señuelo para ocultar otros asuntos?
Sencillamente, dos y dos son cuatro. Y en este oscuro asunto hay varias cosas que no encajan. Ziani sería un agente, todo apunta a ello y el general Félix Sanz Roldán, al frente de los servicios españoles del Centro Nacional de Inteligencia (CNI), no se iba a columpiar al facilitar la información. Pero de ahí a que Ziani tocara a la vez las campanas y estuviera en la procesión, hay un trecho. Es decir, no se puede ser a la vez agente de la DGED (Dirección General de Estudios y Documentación) y salafista radical, del mismo modo que no es posible ser agente de la Guardia Civil y etarra.
A pesar de ser obvio que el trabajo de un agente de campo es infiltrarse en el campo enemigo; no es normal -sobre todo en casos de radicalización ideológica y aún menos terrorismo- que se pase a estos.
Y aquí podríamos ir centrando el nudo gordiano del asunto. Encaja que Noureddine Ziani se infiltrara y pulsara el ambiente del islamismo presente en Cataluña, comunidad donde residen al menos una cuarta parte del millón largo de marroquíes que viven en España. Este asunto es de vital importancia tanto para Madrid como para Rabat y, lo lógico además, sería que ambos países se coordinaran en este asunto que tanto les concierne y afecta, pues en este campo los servicios marroquíes (que operarían en suelo extranjero) son de una inestimable ayuda para sus homólogos españoles, que pueden prestarles cobertura y otras ayudas logísticas. Hasta ahí normal y además actualmente, en el campo de la lucha contra el terrorismo yihadista, los canales de colaboración entre ambos países vecinos y, en lo fundamental, amigos, pasan por uno de sus mejores momentos. Miel sobre hojuelas.
Pero parece que algo finalmente, en el extraño caso Ziani, no ha funcionado. ¿Cuándo, cómo, por qué…? La deriva del soberanismo catalán y la eventual asunción de sus tesis por parte de Ziani, quien no tiene nacionalidad española siendo su estatuto solo de residente, según algunos parecen querer vender, no se sostiene por sí solo siendo el tema de más enjundia. La clave está si en ese proceso de infiltración, tanto en medios de la comunidad musulmana como en los del soberanismo catalanista, Ziani seguía instrucciones de los servicios marroquíes o en los últimos tiempos decidió ir a su bola. Y esta última hipótesis parece la más indicada. Porque después de figurar en el séquito de diferentes delegaciones oficiales marroquíes y gozar de jugosas prebendas, a finales del año pasado Ziani escenificaba un serio rifirrafe con las autoridades consulares de su país en Barcelona. ¿Fue ello el detonante final de su caída, seguida de un preludio de desencuentros? Todo parece indicarlo. Tras un progresivo desenganche, Marruecos podría haber acabado desengañándose de su antiguo y fiel agente abandonándolo a su suerte, momento que es tomado al vuelo por el CNI para, con numerosas pruebas acumuladas según parece desde hace años, ponerlo contra las cuerdas y ponerlo de patitas en la calle camino de su país. Otro de los numerosos interrogantes es preguntarse por qué justo ahora y no antes, es decir, ¿a qué estaban esperando los servicios españoles? Seguida también de otras no menos interesantes preguntas: ¿por qué no se han tomado las mismas medidas con casos aun más flagrantes como, entre otros conocidos, el del ceutí Mohamed Ahmed Alí, con cargo y representación en el ministerio del Interior marroquí?
Otro detalle relevante es el prudente silencio mantenido en Marruecos, donde en no pocas ocasiones los periodistas habitualmente siempre tan militantes se ceban en todo lo que huela a CNI, agencia cuyos medios según la prensa marroquí serían apabullantes, omnipresente en el norte del país donde, desde Tánger a Nador pasando por Tetuán, mantendría a “varios centenares” (sic) de agentes. Pero en el extraño caso Ziani, silencio en el foro. Solo una noticia a pie de página en Liberation, el periódico de la Unión Socialista de Fuerzas Populares (USFP) que no lee casi nadie, el amigo Mejdoubi en Alifpost y una moderada página con autoexculpaciones del afectado, Noureddine Ziani, en la última edición del semanario francófono MarocHebdo del 17 de mayo. Aquí y escribo desde Rabat, no ha pasado nada.
En cuanto a la expulsión en sí algunas observaciones, porque también es raro el procedimiento. Lo normal sería que, tras ser expulsado, Ziani volara vía Madrid a Rabat, lo habitual en estos casos, “de capital a capital”, lo dice el manual no escrito de los espías, al menos eso cuentan en las películas del ramo. ¿Pero ser expulsado por la frontera de Melilla….? Es un guion extraño. Y la gran pregunta de partida: ¿cuáles son las verdaderas razones que envuelven la expulsión de Ziani? ¿Seguía siendo un agente de la DGED? ¿Se había “pasado” al campo del islamismo radical, del salafismo pre yihadista? ¿Negociaba por libre y trabajaba para el independentismo catalanista…? Demasiados interrogantes en marcha. Lo que está claro es que, con esta medida, el CNI del general Sanz ha enseñado los dientes, además de enviar un particular aviso a navegantes dentro y fuera de España. Y en Rabat, otro dato elocuente, haciendo mutis por el foro.