Arde Estocolmo por enfrentamiento entre inmigrantes y policía

Ouissal el Hajoui :

Estocolmo vivió varios días de disturbios en una zona de inmigrantes después de que un hombre inmigrante fuese asesinado por la policía

La comunidad inmigrante de Estocolmo ha tomado las calles de la capital sueca y no da tregua a la policía. Durante una semana, las calles de Skogan, Ragsved, Hagsatra y Hustog, barrios de la periferia, han ardido como consecuencia de las múltiples manifestaciones. Los recortes en seguro por desempleo, ayudas sociales y educación han nervado a una comunidad acostumbrada a la bonanza económica y social.
No ha sido la crisis la causante de esta austeridad. Han sido las nuevas políticas del gobierno de derechas. Y es precisamente esto lo que más preocupa a la comunidad inmigrante sueca, el racismo se está haciendo cada vez más patente, según los mismos. Y la gota que ha colmado el vaso ha sido la muerte de un inmigrante, enfermo psíquico, a causa de los disparos de la policía.
“La policía dice que no le ha quedado más remedio que disparar porque el enfermo les estaba amenazando con un hacha. Pero no nos lo terminamos de creer. Los insultos racistas por parte de la policía no nos ha dejado indiferentes”, cuenta a Correo Diplomático, Samir, de padre marroquí y madre sueca. Turcos, paquistaníes, iraníes, iraquíes, libaneses, marroquíes, argelinos, son muchas las nacionalidades que han convivido en armonía durante muchos años en Suecia.
“Vivir en Suecia es un privilegio para muchos inmigrantes. Hasta ahora nos ha sido muy fácil encontrar trabajo. Y si no hay trabajo, tenemos todas las prestaciones sociales necesarias para llevar una vida de reyes”, explica Redouane, natural de Tánger que lleva más de 30 años viviendo en Estocolmo. A los 17 años Redoune decidió salir de Marruecos, “quería conocer Europa, en mis planes contaba con quedarme una temporada, y llevo aquí toda una vida. Suecia es el paraíso social por excelencia”, recuerda.
A los 19 años se casó con Tina, y encontró trabajo como cocinero en uno de los restaurantes más céntricos de la capital. “Ahora soy jefe de cocina de ese restaurante. Tengo un salario de unos 4.000 euros”. Después de tener dos hijos con Tina, y adquirir la nacionalidad sueca, Redouane se divorció a los 30 años. “Me volví a casar con Latifa, también marroquí, a la que traje a vivir a Suecia. Enseguida obtuvo la nacionalidad, los servicios sociales se interesaron porque aprendiera sueco y darle una paga con la que vivir, mientras adquiría aptitudes para encontrar un trabajo”, cuenta.
El mismo esquema de Redouane y Latifa fue repetido por millones de inmigrantes en la década de los 80 y 90, hasta formar una comunidad que hoy constituye el 20 por ciento de la población sueca. “En 1997, vino a visitarme mi hermana, recién jubilada en Marruecos. Le encantó tanto Suecia que decidió quedarse a vivir”, Zohra, cuyo hijo también vivía en Suecia, solicitó a los servicios sociales su residencia en la capital, “y enseguida emprendieron los papeleos necesarios. Mientras tanto le daban una ayuda de unos 1.000 euros mensuales”, explica Redoaune.
“En Suecia apenas se nota la crisis mundial que tanto afecta al resto de países. Hubo una época en la que nos dieron todo, y ahora nos lo quieren quitar. Y lo más dramático de la situación es que sea a causa de la política de un gobierno conservador”, lamenta por teléfono Samir, quien comenta que los altercados de los últimos días parecen haberse empezado a calmar. Por su parte Redouane, considera que todo era cuestión de tiempo. “El sistema sueco, es posiblemente, muy permisivo, han sido muchos los inmigrantes que han abusado de estas políticas sociales. Son muchos los que no se han molestado en trabajar ya que, trabajen o no tienen para vivir, y muy bien, además”, añade.