Autoritarismo en Palestina

Eugenio García Gascón :

Israel y los países de Occidente no se oponen al papel de Mahmud Abás, que ha reorganizado el Gobierno palestino, asumiendo prácticamente todas sus competencias.

En los últimos días el presidente Mahmud Abás ha reorganizado el Gobierno palestino de tal manera que en la práctica él mismo ha asumido todas sus competencias, un gesto autoritario que no ha encontrado ninguna oposición en Israel ni en Occidente.
Se ha de recordar que tras su llegada a Gaza en 1994, Yaser Arafat se vio obligado a designar a un primer ministro justamente por exigencias de Israel y Estados Unidos, a quienes disgustaba el talante autoritario del viejo líder palestino.
Arafat deseaba más que nadie la paz, pero año tras año tuvo que ver cómo Israel mantenía deliberadamente el conflicto mientras expandía sin descanso el número de colonos en los territorios ocupados. Después de varios años, Arafat tácitamente promovió la violencia y esta circunstancia fue la que condujo a su más que probable asesinato en 2004.
Abás fue uno de los primeros ministros que tuvo Arafat, pero dimitió enseguida cuando se dio cuenta que no podría actuar con la libertad que deseaba. Ahora, en cambio, Abás ha elegido a un hombre gris, Rami Hamdallah, de 55 años, para dirigir el Gobierno palestino de Cisjordania.
Hamdallah ha oficiado como rector de la Universidad de Nablus durante más de una década, pero carece de experiencia política. Para subsanar esta deficiencia, el presidente le ha escogido a dos viceprimeros ministros que se encargarán de las cuestiones económicas y políticas respectivamente. Los flamantes viceprimeros ministros son dos personas de toda confianza para Abás.
En el programa inmediato del presidente figuran dos cuestiones urgentes, pero a día de hoy es muy difícil creer que ninguna de ellas vaya a resolverse en los tres meses que se ha dado Abás para lidiar con ellas.
La primera, lógicamente, es la de la paz. John Kerry tiene previsto viajar a la región por quinta vez en los próximos días con la intención de presentar un nuevo plan de paz, o más concretamente, con la intención de que Abás y Binyamin Netanyahu se sienten en la misma mesa.
Abás insiste en que Israel debe dejar de construir en los territorios ocupados, y no considera que esto sea una “condición” sino una “obligación” que Israel adquirió en pasados compromisos. ¿Cómo vamos a sentarnos a negociar cuando Israel no cumple sus compromisos?, se preguntan en Ramala. ¿Quién puede garantizarnos que si nos sentamos ahora Israel cumplirá esta vez los compromisos que firme?
En esta tesitura, las negociaciones no parecen posible a corto o medio plazo. Ciertamente, Israel simulará que está muy interesada en la paz para cargar el muerto a los palestinos, pero no hay que esperar ninguna sorpresa en este asunto.
La segunda cuestión que Abás se ha fijado como prioritaria es la reconciliación con Hamas, que gobierna Gaza de 2007. Sin embargo, aquí también parece difícil que se consiga progresar. Ni Hamas tiene la intención de renunciar a Gaza ni Fatah tiene la intención de renunciar a Cisjordania, así que las elecciones palestinas que periódicamente se anuncian no se celebrarán en un futuro próximo.