Rohaní, un reformismo incierto

Eugenio García Gascón :

El clérigo moderado Hassan Rohaní es el nuevo presidente de Irán con un 50,66% de los votos (18,6 millones de papeletas).

La victoria de Hassan Rohaní en la primera vuelta de las presidenciales iraníes abre un periodo de esperanza que deberá concretarse a partir de ahora no solo en las decisiones que adopte Teherán, sino también en las que adopte Occidente, es decir Estados Unidos e Israel, sobre todo Israel, que es quien en la práctica determina la política de Estados Unidos y del resto de Occidente con respecto a Irán.
Los aires de cambio han llegado con el recuento de las papeletas. Las primeras palabras de Rohaní han sido positivas y es posible que en las próximas semanas oigamos más intenciones conciliadoras; ahora bien, parece evidente que Irán seguirá siendo una república islámica, por lo menos a corto y medio plazo, de manera que no conviene hacerse ilusiones que luego no se podrán plasmar en la realidad.
La cuestión central para Israel es el programa nuclear, un programa que los máximos líderes iraníes han catalogado de pacífico, negando con vehemencia cualquier veleidad armamentista, pero que Israel considera peligroso para su misma existencia, a pesar de que la república islámica nunca ha agredido a ninguno de sus vecinos, algo que no puede decir Israel, un país cada vez más armado y belicoso.
Las circunstancias políticas y militares de Oriente Próximo han puesto del mismo lado a Israel, Arabia Saudí y otros países sunníes de la región. Todos ellos, incluido Israel, están de acuerdo en que conviene acabar con el eje chií Teherán, Damasco, Beirut cuanto antes, al coste que sea, y se están empleando a fondo en esa dirección al amparo de Occidente, combatiendo a sus enemigos en Irán, Siria y Líbano.
La Casa Blanca ha formulado unas escuetas declaraciones, más bien neutras, tras las elecciones iraníes, pero son simplemente palabras que se lleva el viento, y no hechos que presagien un inminente alvio en las relaciones entre Washington y Teherán.
¿Tiene capacidad Estados Unidos para defender una política propia en Oriente Próximo? Ciertamente no. Los acontecimientos de las últimas décadas muestran que Washington defiende exclusivamente los intereses y las prioridades de Israel, aunque sean contradictorios con los de Washington, como cada día señalan más analistas independientes.
Los israelíes no han tardado en reaccionar. Del primer ministro Binyamin Netanyahu para abajo, todos coinciden en señalar que hay que mantener la presión sobre Irán. Nada de levantar las sanciones. Al contrario, se deben endurecer más, insisten los israelíes, una actitud que hace que parezca muy difícil lanzar un diálogo constructivo entre Teherán y Occidente.
El eje del bien que integran Arabia Saudí, Israel y sus aliados, está muy centrado ahora en Siria. Es el primer eslabón que hay que romper para impedir que Irán pueda seguir apoyando con libertad a Hizbola en Líbano. Sin embargo, el Irán islámico siempre ha sido un objetivo primordial de Israel y Arabia Saudí, así que lo más lógico es pensar que estos dos países sigan empujando a Estados Unidos a mantener la presión económica y militar sobre el régimen de los ayatolás.