Kerry falla otra vez

Eugenio García Gascón :

El secretario de Estado americano, John Kerry, mantuvo encuentros con el mandatario palestino Mahmud Abbás y el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, con el objetivo de que Israel y Palestina se sienten en la mesa de negociaciones.

El quinto viaje a Oriente Próximo de John Kerry ha terminado como empezó. Es cierto que el secretario de Estado ha realizado una gira llena de reuniones con Mahmud Abás y Binyamin Netanyahu, seis en total, trece horas con Netanyahu y siete con Abás, pero también es verdad que no ha conseguido nada más allá de expresar un cierto optimismo que no ha especificado.
Eso se debe básicamente a que el espacio para las negociaciones ha desaparecido hace ya muchos años, lo que explica que todos los esfuerzos en esa dirección sean vanos y estériles. Recordemos que en los años noventa hubo un secretario de Estado, Warren Christopher, que viajó a Israel y los territorios ocupados hasta 18 veces sin conseguir nada.
El planteamiento de Kerry es erróneo desde su origen por la sencilla razón de que pretende conciliar dos posiciones antagónicas que están alejadas años luz. Mientras los palestinos desean aplicar los acuerdos anteriores y la ley internacional, Israel aspira a seguir modificando la realidad de los territorios ocupados incrementando sin descanso el número de colonos judíos que allí habitan.
Son dos posiciones que no pueden conciliarse y lo que Kerry debería hacer, habida cuenta de que Estados Unidos ya ha apadrinado decenas de negociaciones entre las dos partes, es dejar que los organismos internacionales procedan a aplicar lo que han dictaminado durante años. Seguir negociando es una absoluta pérdida de tiempo que juega a favor de Israel y del caso omiso que el estado judío hace de cualquier acuerdo y ley internacional.
Kerry marchó de la región el domingo 30 de junio, pero ha dejado en la zona a un equipo de funcionarios del departamento de Estado para que sigan conversando con las partes. Ahora bien, puesto que el departamento de Estado ha sido justamente el mayor enemigo de la paz durante las pasadas dos décadas, ¿cómo puede esperarse que esa misma gente arregle el conflicto en unos días?
Personajes como Dennis Ross o Martín Indyk han sido nefastos. Pertenecen al grupo de los llamados ‘rabinos’ que desde principios de los noventa han marcado las líneas maestras de la política exterior americana con respecto al conflicto árabe israelí, y lo han hecho de tal manera que ahora nos encontramos en una posición mucho peor que la que había cuando se celebró la Conferencia de Madrid en 1991. ¿Qué esperanza puede dar esa misma gente?
Hubo un momento, hace unos meses, cuando Barack Obama accedió a la Casa Blanca por segunda vez, que circuló por los medios de comunicación la noticia de que Obama estaba cansado de los funcionarios del departamento de Estado, y que les iba a quitar de las manos la resolución del conflicto.
Fue la mejor noticia que podía salir de Washington. Sin embargo, no ha sido así, es más, los funcionarios del departamento de Estado siguen estando en primera fila, lo que es una garantía de que las cosas van a empeorar.
Suponiendo que esa gente tan nefasta logre algún “acuerdo”, lo más probable es que sea peor que la ausencia de acuerdo, que sea algo así como los acuerdos de Oslo, que tanto optimismo suscitaron en 1993 pero que transcurrido un poco de tiempo se revelaron como un paso atrás de tal magnitud que veinte años después todavía no nos hemos recuperado.