Fin del islamismo político

Eugenio García Gascón :

El golpe del general Al Sisi parece estar apoyado por Arabia Saudí, los Emiratos Árabes Unidos y Kuwait con ayudas a Egipto por valor de 12.000 millones de dólares.

El golpe en Egipto puede significar el final del islam político en este país y tal vez en el conjunto de la región. A día de hoy parece muy difícil que los Hermanos Musulmanes se recobren y es obvio que, al menos a corto y medio plazo, no van a tener el empuje que les encumbró al poder tras la caída de Hosni Mubarak, cuando se revelaron como la principal fuerza política y prometieron un islam político viable.

La caída de la Cofradía obedece a distintos factores. Aunque, en primer lugar, el presidente Mohammed Morsi cometió errores de bulto, todavía más decisiva fue la actuación de una oposición liberal-mubarakista y militar que no solo no le facilitó las cosas, sino que obstruyó las tareas de Gobierno continuamente y contó con el apoyo de Estados Unidos, Occidente en general y de influyentes países árabes de la región que no veían con buenos ojos la irrupción del islam político en el país más populoso de la región.

Lo que ha ocurrido en Egipto puede servir de lección para otras partes. De hecho, no es una lección nueva: el islam político que propugna Hamas, vástago de los Hermanos Musulmanes, solo le ha servido para sufrir un aislamiento internacional muy duro. Se podría alegar que Hamas aboga por la lucha armada, como sostiene Israel, pero también es cierto que eso es simplemente en teoría puesto que en la práctica es muy raro que lleve a cabo operaciones militares.

Esto conduce a pensar que el islamismo político molesta a Occidente, pero no el islamismo wahhabí o salafista, que es sustancialmente apolítico, al menos en gran parte, y que sigue expandiéndose desde su feudo en la península arábiga por la región y Occidente.

Un hecho significativo que corrobora esta tesis es que en los últimos días hemos asistido a una intensa operación de apoyo a Egipto por parte de las monarquías del Golfo. Arabia Saudí, los Emiratos Árabes Unidos y Kuwait se han apresurado a anunciar generosas ayudas a ese país por valor de 12.000 millones de dólares, lo que sin duda se trata de un apoyo explícito al golpe del general Al Sisi y de las fuerzas liberales y mubarakistas.

Existen razones para pensar que esta lluvia de millones no habría llegado sin el consentimiento de Washington. Es más, paralelamente el Pentágono acaba de dar luz verde al envío de cuatro cazas F-16 a Egipto, lo que significa que el presidente Barack Obama, tras varios días vacilación, ha decidido que lo que ha ocurrido en Egipto no es un golpe de Estado, puesto que en caso contrario tendría que haber congelado la entrega.

Los Hermanos Musulmanes se encuentran ante una disyuntiva. Los golpistas les han invitado a participar en un nuevo proceso democrático, algo que ellos ha rechazado, al menos de momento. Parece que la invitación de los golpistas es únicamente para quedar bien con Occidente y que esperan que los Hermanos Musulmanes la rechacen. Si éstos mantienen su rechazo, están condenados a un futuro negro, pero si aceptan incorporarse al proceso nada les garantiza que los golpistas vayan a respetar el deseo de las urnas.