Patrullas contra un Londres “haram”

Antonio Navarro Amuedo :

Una manifestación anti islámica, organizada por el grupo de ultraderecha Liga de Defensa Inglesa, el pasado mes de mayo en Londres, después del asesinato de un soldado británico

Grupos de musulmanes ultraconservadores tratan de “limpiar de vicios” las calles de algunos suburbios del este de la capital británica
Los principales colectivos islámicos del Reino Unido marcan distancias con las patrullas urbanas y hacen hincapié en el carácter pacífico e inclusivo del Islam
El Gobierno de Cameron defiende el papel que juegan los musulmanes en el bienestar y progreso del Reino Unido

Las grietas comienzan a aparecer en el seno de las comunidades islámicas de Londres. Los musulmanes del Reino Unido -y de su capital en particular- forman una auténtica amalgama de todas las procedencias y extracciones: en sus calles conviven chiítas y sunitas; en sus distritos se mezclan musulmanes de origen bangladeshí, iraní, turco, pakistaní o libanés con los de procedencia siria o saudí. En sus calles se confunden con judíos ortodoxos y gentes, en fin, de cualquier confesión. Londres obra el milagro diario de hacerlos convivir en paz y armonía funcionales. El reciente crimen de Woolwich ha vuelto a abrir con la flema y distancia habitual de los británicos el debate sobre la necesaria distinción entre Islam e islamismo, entre fe mahometana y fundamentalismo. Los londinenses no parecen dispuestos a sacrificar la libertad en el combate por el discurso fanático y el terrorismo de inspiración religiosa. La posición de las autoridades del país ha sido nítida: es injusto vincular Islam y un crimen horrendo como el asesinato del soldado Lee Rigby el pasado 22 de mayo.
Entretanto, algunos distritos del este de la capital registran desde hace meses la actividad de grupos de musulmanes rigoristas que velan -con formas frecuentemente intimidatorias- por hacer cumplir prácticas lícitas en la vía pública: es la Patrulla Musulmana de Londres.

¿Puede el centro financiero de Europa convertirse en un ‘Londonistán’ -término que dio título al libro que la periodista Melanie Phillips publicara en 2006- de guetos musulmanes donde impere la sharía o ley islámica? Algunos periodistas y académicos locales, angustiados, se atreven a marcar 2050 como la fecha en la que Gran Bretaña se habrá convertido en un país de mayoría musulmana. No parece un pronóstico nada claro, empero, teniendo en cuenta que la población de creyentes musulmanes no supera los 2,7 millones de personas sobre un total de casi 60 millones de habitantes.

¿Quiénes forman la Patrulla Musulmana de Londres? Grosso modo, puede hablarse de dos grupos diferenciados de activistas que de forma regular frecuentan las calles de ciertos suburbios de la capital, especialmente del este -tales como Whitechapel o Tower Hamlets-. Por un lado se encuentran los seguidores del llamado Proyecto Sharía, que defienden la necesidad de los musulmanes de reprobar en la sociedad prácticas ilícitas de forma generalmente pacífica. Por otro, las llamadas patrullas musulmanas tratan de lograr objetivos similares aunque con métodos marcadamente más intimidatorios. El activista fanático Anjem Choudary, portavoz infatigable de diversos grupos radicales al que se vincula a los voluntarios callejeros, no oculta que trabaja para implantar la sharía en el conjunto del Reino Unido. Su último experimento organizativo, ‘Musulmanes contra las Cruzadas’ -abortado por las autoridades locales, que lo prohibieron a finales de 2011-, propugnaba la creación de una serie de emiratos organizados al margen de la legislación británica en ciudades como Bradford, Dewsbury o el distrito de Tower Hamlets en el este de Londres.

El historial de Choudary en la difusión del odio a la democracia es amplio: este antiguo abogado de origen paquistaní había fundado dos grupos radicales: Al-Muhajiroun y Islam4UK. Ambas plataformas radicales fueron prohibidas por las autoridades británicas en enero de 2010 tras más de una década de difusión del mensaje fanático con arreglo a la Ley Antiterrorista de 2000. En relación al crimen de Woolwich, Choudary aseguraba que el asesinado soldado Rigby “estará ardiendo en el infierno”. Por su parte, Omar Bakri Mohammed, fundador junto a Choudary de Al-Muhajiroun, calificaba al presunto autor material del crimen, Michael Adebolajo, de “luchador por la libertad”. Tanto Adebolajo como Michael Adebowale frecuentaron durante años los colectivos islamistas citados. “Cuando lo conocí era una persona agradable y pacífica y no creo que haya razón para pensar que haría nada violento”, aseguraba Choudary en declaraciones recientes.

Diversas capturas audiovisuales publicadas en Youtube muestran cómo los miembros de estas patrullas tratan de condicionar la conducta de los viandantes que encuentran a su paso. Por ejemplo, disuadiendo a quienes beben alcohol en la vía pública. En algunas de estas grabaciones, los miembros de las patrullas islámicas sintetizan su mensaje y objetivos: “Estamos aquí para limpiar las calles de vicio y de actividades ilegales”. La prostitución es uno de sus blancos recurrentes. Prohibir tocar música o fumar en la calle, así como reclamar a las mujeres una vestimenta acorde a sus designios particulares se encuentran también entre sus objetivos. “Esto es una zona musulmana. Fuera de aquí”, suele ser alguna de las advertencias más repetidas proferidas por los miembros de las bandas de vigilantes de la sharía.

Gracias a una de estas grabaciones colgadas en la citada web, a finales del pasado mes de enero la policía detenía a cinco personas relacionadas con el supuesto abuso de un hombre homosexual y de los insultos lanzados a las mujeres -“animales desnudos sin respeto por sí mismas”- por parte de la llamada Patrulla Musulmana. Scotland Yard advierte del riesgo de que la actividad de estos vigilantes de la fe derive en enfrentamientos violentos y protestas.

El rechazo es la posición más generalizada entre los principales colectivos de musulmanes británicos. Maajid Nawaz, presidente de Quilliam Foundation, un think tank dedicado a la lucha contra el discurso radical, asegura que este tipo de grupos de voluntarios radicales será cada vez más frecuentes: “Las patrullas musulmanas podrían convertirse en algo mucho más serio y tal vez pasar a cometer asesinatos o mutilaciones si comienzan a reclutar yihadistas que hayan luchado sobre el terreno en otros países”. “Son absolutamente antislámicas”, aseguraba Shams Adduha Muhammad, director del Ebrahim College, una institución cultural islámica de la capital del Támesis, en un debate en la cadena de televisión Al Jazeera.

Además, los principales colectivos de musulmanes del Reino Unido han marcado, cuando menos, profundas distancias respecto a la Patrulla. El Consejo Musulmán Británico la condena: “La inmensa mayoría de los musulmanes británicos no están de acuerdo con estas ideas y las condenan (…) La sharía prohíbe a los musulmanes aplicar la ley a su manera… claramente estos jóvenes no han entendido bien las enseñanzas de la fe”, afirmaba uno de los portavoces del colectivo, Ibrahim Megra. La Mezquita del Este de Londres, por ejemplo, se ha pronunciado claramente en contra de la actividad de estos grupos: “Son una minoría y no representan a los musulmanes del Reino Unido”, manifestaba Salman Farsi, un portavoz del citado templo.

Actos antiislámicos
Diversos han sido los ataques sufridos por mezquitas o centros culturales islámicos en el Reino Unido con posterioridad al asesinato en Woolwich del soldado Lee Rigby. El pasado 5 de junio el centro islámico Al Rahma, situado en Muswell Hill, una zona que cuenta con una presencia importante de somalíes, quedaba totalmente calcinado por un incendio cuya autoría se relaciona con la Liga de Defensa Inglesa, un grupo ultranacionalista que defiende la expulsión de los musulmanes del Reino Unido. El Proyecto Tell Mama contabilizaba el pasado 18 de junio un total de -al menos- once ataques contra mezquitas en el conjunto del país a raíz del asesinato del soldado y músico en Woolwich. La preocupación en el seno de las comunidades musulmanas es notable.

Con todo, la respuesta general de los británicos continúa siendo extraordinariamente contenida. El alcalde de Londres, el polifacético Boris Johnson, resumía así el espíritu general de la urbe británica: “No hay espacio en una ciudad abierta, tolerante y diversa como Londres para el prejuicio y la violencia”. Escasas se antojan las posibilidades de éxito de estas patrullas en su afán por sacar el pecado y los pecadores de las calles de una ciudad caracterizada por su carácter libre e inclusivo. La respuesta de la mayoría de los musulmanes británicos a fenómenos como el de la Patrulla Musulmana -y del discurso fanático en general- será decisiva para afrontar el futuro con garantías.