Israel y Palestina vuelven a empezar con mal pie

Eugenio García Gascón :

John Kerry durante un encuentro con el líder palestino Mahmoud Abbas en Ramala

Israelíes y palestinos se sentarán esta semana en la misma mesa en Washington por enésima vez en más de veinte años en un nuevo intento de buscar una solución al conflicto, aunque las expectativas no son muy halagüeñas pues el formato de las negociaciones está agotado y se ha revelado inútil una y otra vez.
La exigencia israelí de que las dos partes deben lograr un acuerdo mediante la negociación directa carece de sentido, como se ha visto en repetidas ocasiones. La única vía posible pasa por una enérgica intervención de la comunidad internacional que obligue al estado judío a abandonar los territorios ocupados en la guerra de 1967, respetando las resoluciones del Consejo de Seguridad y la legislación internacional.
La marcha a Washington de israelíes y palestinos obedece exclusivamente a la enorme presión de Estados Unidos sobre el presidente Mahmud Abbas. En los últimos días hemos asistido a un alarde de fuerza por parte del secretario de Estado John Kerry, que tanto en Ammán como en Ramala ha puesto a Abbas contra las cuerdas amenazándolo con cortar el fluido de ayuda económica que mantiene con vida artificialmente a la Autoridad Nacional Palestina.
Abbas ha sucumbido a esas presiones a pesar de que la mayor parte de la dirección palestina, reunida en Ramala al efecto, ha rechazado la iniciativa de Kerry por dos motivos: no contempla el final de las construcciones para colonos judíos en los territorios ocupados y no ofrece ninguna garantía de que la línea verde de 1967 servirá de base para las negociaciones.
El propio Abbas había dicho que si no se cumplían estas dos demandas básicas los palestinos no se sentarían con los israelíes, pero una vez más la presión de Estados Unidos ha sido definitiva, y las negociaciones vuelven a empezar con mal pie puesto que la presión no debería volcarse sobre Abbás sino sobre los israelíes, que son quienes se niegan a respetar las leyes internacionales.
Las negociaciones de Washington están condenadas al fracaso porque los dirigentes hebreos seguirán enviando colonos a Cisjordania, donde ya hay más de 300.000, sin contar los 200.000 de Jerusalén oriental. Negociar bajo la espada de la ocupación carece de sentido y no puede verse más que como otra maniobra dilatoria que juega en beneficio de Israel.
Y la perspectiva más tormentosa es la de que las dos partes lleguen a un acuerdo al estilo de Oslo de 1993, que despertó tantas ilusiones en su momento, pero que con el paso del tiempo se vio que era una trampa para permitir que continuara la expansión israelí en los territorios ocupados.
El error de Abbas, aunque haya sido debido a la presión de Estados Unidos, es enorme y conducirá a una mayor decepción por parte de la población palestina, que ampliamente rechaza el envío de una delegación a Washington en los términos que ha dictado John Kerry, es decir en los términos que ha dictado Israel.