La calle espera impaciente los resultados en Mali

Ahmed Chabi :

La jornada electoral en Mali transcurrió ayer sin apenas incidente, hoy ha comenzado el escrutinio de votos.

Mali celebró el domingo elecciones para escoger un nuevo presidente tras un año y medio en el que se han sucedido un golpe de Estado, un intento de secesión y una intervención extranjera. Los comicios se desarrollaron sin grandes contratiempos, según informa la agencia Efe, y ya ha comenzado el escrutinio de votos.
En la capital, Bamako, miles de partidarios del ex primer ministro, Ibrahim Bubabakar Keita, salieron a la calle para celebrar su hipotética victoria, alentados por las encuestas y los primeros resultados oficiosos ofrecidos por varias radios tras el cierre de los colegios electorales. Según éstas, Keita ganaría abiertamente al resto de los 26 aspirantes.
A pesar de la euforia de sus seguidores, Keita se mostró prudente tras los comicios. “No pongo el carro delante del caballo”, señaló a Efe tras las elecciones. El ex primer ministro rehusó hacer más declaraciones antes de que se conozcan los resultados oficiales. La Unión Por la República (UPR), partido del segundo favorito a la presidencia el ex ministro de Finanzas Sumaila Cissé, censuró la actitud de los partidarios de Keita y pidió mesura.
También la Alianza por la Democracia en Mali (ADEMA), cuyo candidato es Dramane Dembelé, criticó “las agitaciones que pretenden alterar el clima de serenidad y buena conducta que prevaleció en toda la campaña”. Las juventudes de este partido instaron, en un comunicado, a la contención y al civismo para “no crear una crisis postelectoral en un país que ya ha sufrido mucho”.
Por su parte, desde el Gobierno provisional se excusaron las muestras espontáneas de algunos malienses. “No podemos prohibir a los militantes de los distintos candidatos que valoren la información de la que disponen. Los resultados oficiales estarán en las próximas 48 ó 72 horas”, dijo Issa Tieman Diarra, funcionario del ministerio de Administración Territorial encargado del recuento de votos.
Por lo demás, y a pesar de las amenazas de varios grupos guerrilleros de provocar atentados, la jornada electoral se celebró en general en un entorno relajado y animado sin que se registraran incidentes de importancia. Tan solo cabe destacar la escasa participación en la región de Kidal, cuna del Movimiento Nacional de Liberación de Azawad (MNLA), grupo tuareg independentista.
Allí, la tensión se respiraba desde hace días, con las calles salpicadas de pintadas amenazadoras contra los electores. Vista la situación, apenas hubo movimiento más que el de las patrullas de la Misión de Naciones Unidas para mali (Minusma).
Ahora habrá que esperar a que algún candidato logre en esta primera vuelta más del 50 por ciento de los votos, si no es así, los dos aspirantes más votados concurrirán a una segunda el próximo 11 de agosto.
El nuevo presidente tendrá como prioridad sacar al país del Sahel de la profunda crisis nacional que comenzó en enero de 2012. Por esas fechas grupos independentistas tuareg liderados por el MNLA se aliaban con guerrilleros fundamentalistas islámicos (Muyao, Ansar Din, AQMI) para alzarse en armas contra el Gobierno y declarar la secesión del norte del país.
Al estallido de esta rebelión se unió un par de meses después una asonada militar que puso fin al orden constitucional de un país que hasta entonces era un modelo democrático en África occidental. El golpe de Estado provocó una crisis institucional que dividió al desprovisto ejército, situación que aprovecharon los insurgentes para hacerse con el control de las provincias de Gao, Kidal y Tombuctú entre finales de marzo y principios de abril. Fue entonces cuando Francia decidió intervenir apoyada por un puñado de países africanos para hacer frente a los extremistas islámicos e impedir que se hicieran con todo el país.
Además de mantener y reforzar la autoridad en el norte de Mali, el nuevo jefe del Estado deberá consolidar las instituciones democráticas y la paz en todo el país, acuciada también por tensiones étnicas en el sur. A los problemas con la reconciliación nacional de sus 15 millones de habitantes habrá que unir los problemas endémicos de un país considerado por la ONU entre los diez más pobres y con dos terceras partes de territorio semidesértico.