Cuenta atrás en Siria

Eugenio García Gascón :

Siria no es la primera invasión que los aliados cometen en Oriente Próximo, la de Iraq de 2003 todavía la sufre el país con múltiples atentados.
Siria no es la primera invasión que los aliados cometen en Oriente Próximo, la de Iraq de 2003 todavía la sufre el país con múltiples atentados.

En el momento de redactar estas líneas, Israel, Turquía y Jordania, tres países de Oriente Próximo que comparten frontera con Siria, se preparan para un ataque de Estados Unidos y sus aliados contra ese país, un ataque que cada día parece más cercano.
Los preparativos militares siguen adelante mientras de forma paralela los aliados tratan de conseguir la luz del Consejo de Seguridad. Hasta ahora Rusia y China se han opuesto, y es muy probable que la propuesta de resolución que esta vez le ha correspondido presentar al primer ministro británico, David Cameron, no consiga superar el listón de la Organización de Naciones Unidas (ONU).
Pero poco importa eso. La decisión de atacar parece haberse tomado en Washington y en otras capitales occidentales y no será la primera vez que se arremete contra otro país, ni que el país agredido sea a su vez aliado de Rusia. Ya pasó con Serbia en su momento, donde el Consejo de Seguridad tampoco encontró el consenso necesario.
Los aliados todavía no han aportado las pruebas concluyentes que dicen tener en el sentido de que Siria ha usado armas químicas. Los inspectores de la ONU que se hallan en Damasco han confirmado uso, pero no han aclarado más detalles ni han indicado quién las ha utilizado.
En cualquier caso, la vía militar, el uso desproporcionado de la fuerza, no se puede justificar de ninguna manera. El amenazador proyecto de resolución que Cameron ha enviado a Nueva York es demasiado ambiguo, propio de un matón, y otorga plena libertad a los occidentales para hacer lo que les plazca en Siria.
El proyecto es un error. Pero no es el primer error que los aliados cometen en Siria, ni mucho menos en Oriente Próximo, donde los errores se han multiplicado, especialmente desde la invasión de Iraq de 2003 que tanto daño ha causado a ese país, le sigue causando y le causará.
Si todo el celo y la urgencia que Estados Unidos está poniendo estos días en la preparación del ataque contra Siria, o solo una pequeña parte de ese celo y esa urgencia, se hubiera puesto en la resolución del conflicto árabe-israelí, la situación de la región podría ser hoy muy distinta.
En el caso de Siria, sometida a una cruenta guerra civil desde hace casi dos años y medio, un conflicto que según la ONU ha dejado más de cien mil muertos y millones de refugiados y desplazados, la actitud de Estados Unidos y sus aliados ha sido la de fomentar el odio sectario entre sunníes y chiíes, y aprobar el envío de armas de los saudíes y otros países sunníes a los rebeldes, que en gran parte son verdaderas tribus extremistas dispuestas a imponer su religión a todo bicho viviente.
El sueño americano, o más bien el sueño de los neoconservadores estadounidenses, que desgraciadamente ha asumido como propio la Administración Obama, consiste en exportar la democracia liberal a Oriente Próximo al precio que sea, sin importar lo que se queda en el camino.
Ese sueño se ha convertido en una pesadilla y en un fracaso, no solo en Iraq (solo ayer murieron al menos 71 personas en Iraq, y hubo más de 200 heridos, por bombas, y cada día es parecido), sino en la mayoría de países donde se ha intentado imponer, continuando por Egipto (donde los americanos han dado marcha atrás) y terminando en Siria.
Los responsables de estos desaguisados siguen en Washington haciendo daño y sin asumir su responsabilidad.