Se inicia otra pesadilla en Egipto

Eugenio García Gascón :

Mahmud Badr, líder del movimiento Tamarud en Egipto, que condujo a la caída del presidente Mohamed Morsi, salió ileso de un atentado en El Cairo
Mahmud Badr, líder del movimiento Tamarud en Egipto, que condujo a la caída del presidente Mohamed Morsi, salió ileso de un atentado en El Cairo

El lunes 9 de septiembre el líder del movimiento Tamarud, cuya actividad condujo a la caída del presidente Mohamed Morsi, fue objeto de un atentado en El Cairo. Mahmud Badr salió ileso pero el incidente pone en evidencia la precariedad de la situación y de la seguridad en Egipto, que está bajo la égida de los militares desde el golpe del 3 de julio.
En los últimos días han tenido lugar varios atentados, todos ellos sin víctimas mortales, contra personajes del régimen y sus instituciones, siendo el más notorio el del 5 de septiembre contra el ministro del Interior, el general Mohamed Ibrahim.
Ese día explotó un coche bomba al paso de la caravana de Ibrahim en una calle de El Cairo oriental cercana a la residencia del ministro. Hubo varios heridos pero Ibrahim sobrevivió a la explosión y cambió de lugar de residencia inmediatamente.
La primera medida de las fuerzas armadas fue advertir a los altos cargos que tomen precauciones puesto que es probable que los atentados no hayan hecho más que empezar. Mientras, en los medios de comunicación se compara la época que se ha abierto con la época de los ochenta y noventa, cuando los atentados de Yamaa al Islamiya y Yihad contra dirigentes egipcios y objetivos turísticos eran moneda corriente.
Los Hermanos Musulmanes han condenado cada uno de los últimos atentados a través de sus líderes -los que aún están libres- y de sus portavoces, pero el régimen acusa a los islamistas de la violencia y está reconsiderando la estrategia a seguir, una estrategia que no descarta la ilegalización de los Hermanos Musulmanes.
A mediados de los sesenta, tras la ejecución del ideólogo Sayyid Qutb, los Hermanos Musulmanes decidieron renunciar a la violencia y han mantenido esta misma actitud hasta nuestros días. Ni siquiera el último golpe les ha hecho cambiar de opinión y es muy probable que sigan defendiendo la vía pacífica porque tienen mucho que perder si recurren a la violencia.
Sin embargo no hay que descartar que la pesadilla de finales del siglo pasado se repita. Puede haber grupos o células desafectas de los Hermanos Musulmanes que recurran a la violencia y se enfrenten de esta manera contra un régimen que consideran ilegítimo por haber usurpado el poder que los islamistas obtuvieron en unas elecciones libres.
Tampoco se puede descartar que otros grupos marginales ajenos a los Hermanos Musulmanes tomen las armas. Los atentados de los últimos días apuntan en esa dirección, aunque hasta ahora ninguna organización se ha atribuido de una manera creíble esos atentados.
Si esta tendencia se consolida se abrirá una fase de violencia que devolverá la situación al siglo pasado, con un régimen militar dedicado a perseguir a los islamistas más radicales, pero también a los que no son tan radicales, y haciendo que la “democracia” sea solo nominal, es decir tal y como lo fue durante las tres décadas que duró el mandato de Hosni Mubarak.