¿A dónde va Egipto?

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Eugenio García Gascón :

La ofensiva que lidera el ministro de Defensa, el general Al Sisi, no se ha detenido ni un momento desde el golpe del 3 de julio, cuando se derrocó y detuvo al entonces presidente Mursi.
La ofensiva que lidera el ministro de Defensa, el general Al Sisi, no se ha detenido ni un momento desde el golpe del 3 de julio, cuando se derrocó y detuvo al entonces presidente Mursi.

El 30 de septiembre se anunció la detención de Essam al Erian, uno de los escasos líderes de los Hermanos Musulmanes que todavía no había sido apresado por la policía en el marco de la campaña que lleva a cabo el régimen contra los islamistas. Erian estaba oculto en un apartamento de Misr al Yadid, un barrio residencial cairota.

La ofensiva que lidera el ministro de Defensa, el general Al Sisi, no se ha detenido ni un momento desde el golpe del 3 de julio, cuando se derrocó y detuvo al entonces presidente Mursi. El grueso de los islamistas políticos, es decir de los Hermanos Musulmanes, están detenidos o acorralados y no se ve ninguna salida negociada a la crisis.

Los gestos de las autoridades confirman que el régimen no quiere dejar ningún hueco a los islamistas. Los espacios que ocuparon desde la caída de Mubarak a principios de 2011 se han cerrado y las persecuciones están a la orden del día. En estas circunstancias la situación de los Hermanos Musulmanes parece abocada al desastre, sea cual sea el camino que elijan.

Que Egipto está profundamente dividido se puede observar en la vida cotidiana de sus habitantes, en las protestas y en el ambiente cada día más tenso que se ha impuesto sobre el conjunto de la sociedad. Probablemente una situación así no la había vivido nunca ninguno de los ciudadanos de este país.

Un día antes de la detención de Erian, tres de los magistrados responsables del juicio del Guía General de los Hermanos Musulmanes, Mohammed Badia, renunciaron alegando “motivos de conciencia”. Es otra señal clara de que la sociedad, a todos los niveles, está dividida y hasta enfrentada, y que el futuro se presenta bastante incierto en el mejor de los casos.

Los mismos islamistas parecen estar dudando de cuál es el camino a seguir. La violencia contra el régimen ha sido muy limitada desde el golpe. Los Hermanos Musulmanes han reiterado hasta la saciedad que en ningún caso van a recurrir a la lucha armada, aunque esto no quiere decir que otros grupos islamistas de menor entidad numérica tomen las armas, como de hecho ha ocurrido recientemente de una manera esporádica.

El régimen se siente fuerte puesto que cuenta con el apoyo incondicional de otros países árabes que ven el islamismo político como una amenaza para ellos mismos, como es el caso de Arabia Saudí, países que están canalizando millonarias ayudas para frenar el deterioro constante de la economía egipcia.

La ambigua actitud de Estados Unidos ha sido criticada por los nuevos aliados de Egipto. Washington no ha condenado con claridad el golpe del 3 de julio y toda su verborrea prodemocrática se ha colapsado. Algo similar está ocurriendo en Europa. En estas circunstancias lo más probable es que las reformas que ha anticipado el régimen se queden en ligeras modificaciones que permitan perpetuar la situación actual.