“¡Queremos la revolución! ¡Ucrania es Europa!”

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Antonio Navarro Amuedo :

Los ucranianos llevan una semana en la calle para denunciar la corrupción de su Gobierno y aseguran que las protestas van a durar hasta que los expulsen del poder
Los ucranianos llevan una semana en la calle para denunciar la corrupción de su Gobierno y aseguran que las protestas van a durar hasta que los expulsen del poder

Cientos de miles de ucranianos desafían en las calles de Kiev los planes de su Gobierno de no seguir negociando la asociación con la Unión Europea (UE). La protesta se hace masiva después de la represión policial del viernes pasado. Rusia, que considera a Ucrania parte de su nación histórica, gana el pulso a Bruselas.

Europa muere de aburrimiento e indiferencia en el Oeste. Y nace inopinadamente en el Este, en la oscuridad y el frío intenso del noviembre -y el primer diciembre- ucraniano.

Kiev es, probablemente, esta semana la primera capital europea. Es el único lugar del continente donde la gente grita “¡Europa, Europa!” y porta, cubierta de gorros, abrigos y guantes, la bandera azul estrellada. Muchos ucranianos piden auxilio a Bruselas, más aún, a las gentes del continente. Sienten que no les oyen. Las cancillerías europeas están demasiado enfrascadas en sus problemas domésticos. El presidente Yanukovich ha rehusado continuar negociando un acuerdo de asociación con la UE. ¿Ha ganado realmente el pulso Vladimir Putin a Bruselas? La protesta contra la decisión del Gobierno se tornaba el domingo en marea humana. Las mayores desde la Revolución Naranja de 2004.

Las gentes de Kiev han convertido la plaza de la Independencia -Maidan Nezalezhnosti en ucraniano, que preside una descomunal columna erigida a la patria recuperada tras la caída de la Unión Soviética- en #Euromaidan. Allí empezaron las protestas el domingo 24 de noviembre, justo el día que Yanukovich anunciaba la suspensión de las negociaciones con Bruselas. Putin se defendía de las acusaciones de chantaje haciendo una recriminación similar a Bruselas.

“La gente comenzó a protestar contra Yanukovich ya en 2004. Se dieron cuenta de que es un criminal y pensaron que Yuschenko lo llevaría a prisión pero eso nunca ocurrió”, asegura Elena Pasko, joven contable y abogada. “En 2009 Yanukovich ganó las elecciones presidenciales pero no fue un proceso legal al 100%. Recibió el apoyo fundamental de los oligarcas ucranianos, que le dieron el poder para enriquecerse más. Ahora entre él y su hijo hacen y deshacen. Los ucranianos vivimos penurias económicas, los salarios siguen igual, todo se encarece y sufrimos un sistema fiscal insostenible”, asegura Pasko. “¿Quién puede aguantar esto durante más tiempo? Esperamos que se convierta en una revolución”, remata.

Europa rima en Kiev con democracia. Con respeto a los derechos individuales, elecciones limpias, transparencia y control de las vergüenzas públicas. Así la ven los ucranianos. Moscú, pese a los profundos lazos históricos y sentimentales de Rusia con millones de ciudadanos, representa para muchos la herencia del pasado soviético: corrupción y deterioro económico. El país está dividido, y hay muchos que piensan que una hipotética entrada en la órbita económica de la UE supondría que Ucrania se vería invadida de productos comunitarios y la vida se encarecería.

‘I am Ukrainian I can’t keep calm’

El nuestro es un mundo global: lemas y pancartas se repiten desde la Primavera Árabe hasta los movimientos indignados en la aldea global. “I am Ukrainian and can’t keep calm [soy ucraniano y no puedo quedarme tranquilo]”, remendando el famoso lema británico de la Segunda Guerra Mundial que llamaba a la ciudadanía a resistir con estoicismo los ataques nazis. “Nuestro Gobierno es corrupto. El presidente no nos representa, ha ganado comprando muchos votos y voluntades. Con él sabemos que no llegarán los cambios que Ucrania necesita. Hace falta una clase política nueva. Desde 1991 sufrimos este sistema, el sistema político roba el dinero de la gente. El Gobierno controla los tres poderes del Estado”, sentencia Anna Shpak, joven empleada en una academia de idiomas, en uno de los cafés del elegante centro de Kiev.

Yanukovich necesita dinero para la reelección en 2015. Rusia le ofrece gas barato y dinero a cambio de poco. La gente le afea que haya antepuesto sus intereses personales a los de su país. La Cumbre de la Unión Europea en Vilna, celebrada jueves 28 y viernes 29 -la que estaba llamada a sellar el ambicioso acuerdo con Bruselas-, confirmó las reticencias del presidente ucraniano. Pero la temperatura de la indignación de los ucranianos habría de subir aún más.

La represión hace subir la temperatura

La brutalidad de la represión policial la madrugada del sábado 30 actuó de catalizador. Golpes con porras y lanzamiento de gases lacrimógenos contra todos: mujeres, personas mayores, periodistas. Hasta entonces Maidan había congregado a unos pocos miles de valientes, jóvenes universitarios o profesionales en su mayoría, contra el Gobierno. Desde ese día, la riada de gente se extiende por varios puntos de la capital ucraniana. Banderas nacionales, europeas, británicas y hasta estadounidenses. Gritos de “revolución” y en contra de Yanukovich y de Putin, al que consideran el verdadero responsable de la decisión del primero, se repiten. La protesta el sábado se desplazó hasta la plaza Mikhalivska, junto a la bella catedral homónima de cúpula dorada, al lado de la sede de la Presidencia. El domingo volvería a Maidan, corazón de Kiev, donde se ha hecho multitudinaria. Entre 300.000 y un millón de personas, según las distintas fuentes en una ciudad que oficialmente tiene 2,6 millones de habitantes.

“La intervención policial ha servido para despertarnos; la gente está realmente furiosa con el Partido de las Regiones [formación de Yanukovich], que se siente ahora ya amenazado de verdad. Cuatro representantes lo han abandonado hoy. ¡Así es cómo se demuestra su compromiso, cuando las cosas empiezan a tener mala pinta huyen como ratas de un barco que se hunde!”, asegura Tetyana Kirchataya, empleada en una universidad internacional.

¿Primavera ucraniana?

Nadie imagina cómo terminará la protesta. Los enfrentamientos violentos entre policía y manifestantes se extienden. El cariz ha cambiado. Algunos piensan que esto no ha hecho más que comenzar. “Tiene que ser una manifestación pacífica, pero alguna gente ya ha provocado explosiones cerca de la sede de la Presidencia. Yanukovich está allí atrincherado con un dispositivo de seguridad enorme, con los berkut [una de las unidades de la policía] protegiéndole. Grupos de manifestantes han tomado también la sede del Ayuntamiento. Creo que las protestas van a durar hasta que los criminales se vayan”. De alguna forma, sin proponérselo, Europa ha ganado la batalla sentimental de los ucranianos. Tendrá que corresponder con un pueblo del Este que le ha pedido ayuda. Pasada la fiebre en las gélidas calles de Kiev, hay pocos motivos para la esperanza: la clase política actual no avanzará en la integración con Europa a la velocidad que quieren los ucranianos. “Queremos que nos oigan, los ucranianos queremos democracia”, se lamenta Edvard Maslov”