Con la marcha de Mandela, se va uno de los políticos africanos más emblemático, líder de la lucha por la igualdad racial en su continente

Clara García :

Tras un mes de la muerte de Nelson Mandela, el mundo no se olvida de él, y sigue siendo un icono para África, como Ghandi para la India.
Tras un mes de la muerte de Nelson Mandela, el mundo no se olvida de él, y sigue siendo un icono para África, como Ghandi para la India.

Nelson Rolihlahla Mandela, conocido popularmente en su país como Madiba, nació en una pequeña aldea llamada Mvezo en 1918, y llegó a convertirse en un símbolo de la liberación de la población negra de los últimos rescoldos institucionales de la colonización racista de aquel continente: el apartheid.

Tras despojarse de su obligación como sucesor de la cabeza de su tribu, Mandela empezó una carrera de Derecho que terminó en 1942. Dos años después se unió al Congreso Nacional Africano (ANC), una agrupación que combatía la dominación de los blancos en Sudáfrica desde la doctrina del antiimperialismo y el socialismo africano. En poco tiempo, Mandela consiguió erigirse como uno de los líderes del movimiento.

Al llegar al poder en 1948 el Partido Nacional, la discriminación racial se institucionalizó en Sudáfrica, dando lugar a lo que se llamó el apartheid. Ante este régimen segregacionista, el ANC emprendió acciones de desobediencia civil. En 1952 Mandela alcanzó la presidencia del movimiento al tiempo que intensificaba los desafíos al Gobierno y con ello la represión. Por este motivo Mandela fue deportado a Johannesburgo. Allí fundó el primer bufete de abogados negros de Sudáfrica y redactó en 1955 una ‘Carta de la Libertad’, en la que se defendía la creación de un Estado multirracial y democrático, al tiempo que exigía justicia social y el reparto de la riqueza.

En 1956, el Gobierno supremacista blanco diseñó un proyecto para crear reservas independientes para la población negra, al estilo de los indios americanos en Estados Unidos. El ANC se opuso y organizó movilizaciones y boicots, que acabaron con la detención en 1960 de Mandela y la mayor parte de los líderes del partido, que fueron juzgados por traición, aunque luego liberados por falta de pruebas.

En este mismo año, se produjo una matanza de manifestantes que protestaban contra las leyes racistas, a la que siguió el estado de emergencia y detenciones masivas de militantes de la oposición negra.

Al año siguiente de estos sucesos, Mandela y demás dirigentes del ANC decidieron emprender la lucha violenta contra el régimen y comenzó a dirigir ‘La Lanza de la Nación’, el brazo armado del ANC. Sus operaciones predilectas fueron los sabotajes, en especial ataques a infraestructuras e instituciones importantes.

En 1962 viajó por África recolectando fondos, formándose militarmente y haciendo propaganda de la causa sudafricana. Cuando volvió fue detenido y condenado a cadena perpetua en 1964 en un juicio conjunto contra los líderes de la Lanza de la Nación. Lo que no fue óbice para que le nombraran presidente del ANC ese mismo año.

A partir de entonces Mandela se convirtió en un símbolo de la lucha contra el ‘apartheid’, más allá de Sudáfrica. Cuantas más peticiones de libertad rechazaba el Gobierno racista sudafricano, más crecía la leyenda de Nelson Mandela.

Durante los años de prisión, su figura siguió creciendo y, junto a ella, la de su mujer Winnie, quién logró posicionarse en lo alto del ANC, aunque provocando algunos escándalos. En 1984, convertido ya en un mito, el régimen ofreció a Mandela la libertad a cambio de retirarse a uno de los bantustanes que había creado como especie de reservas autonómicas para los negros. Mandela se negó.

Finalmente, tras más de 50 años de segregación racial, el presidente sudafricano Frederik De Klerk comenzó a dar pasos hacia el fin del sistema racista. Uno de los primeros fue liberar a Mandela en 1990, tras 27 años como prisionero, y hacerle principal interlocutor en el proceso de democratización que se acababa de emprender. Por estas negociaciones de paz social, ambos recibieron el Premio Nobel de la Paz en 1993.

En las primeras elecciones democráticas, en 1994, Mandela se alzó con la victoria, convirtiéndose en el primer presidente negro de Sudáfrica. Desde la presidencia inició una política de reconciliación nacional. Así, situó a De Klerk como su vicepresidente. A la vez que intentaba integrar a grupos políticos negros que renegaban de la reconciliación, como el partido zulú Inkhata. Su habilidad para construir una nación unida sin distinción de raza residió en gran parte en sus gestos simbólicos como su apoyo a la selección nacional de rugby, con camiseta puesta incluida, que estaba formada sólo por blancos, durante la Copa Mundial de 1995 celebrada en Sudáfrica.

El proyecto de reconciliación política alcanzó su expresión institucional con la redacción de una nueva constitución para el país, aprobada en 1996. A partir de entonces, Mandela comenzó a ceder su poder, primero dejando a la cabeza del ANC a Thabo Mbeki. Por esta época se divorció de su polémica esposa Winnie y contrajo matrimonio con Graça Machel.

Para reparar las injusticias de los años de ‘apartheid’ Mandela impulsó la Comisión de la Verdad y la Reconciliación, presidida por el arzobispo y activista antirracista Desmond Tutu. Las conclusiones de ésta fueron presentadas en 1998 y Mandela tuvo que defenderlas frente al malestar de su propio partido, ya que no solo señalaban los crímenes del régimen segregacionista, sino también de algunos movimientos de liberación, incluido el ANC. Antes de finalizar su mandato, Mandela anunció que renunciaba a la reelección y fue designado su sucesor, Thabo Mbeki, quien ganó las elecciones de 1999.

Desde entonces Mandela se fue apartando de la vida política, aunque siguió recibiendo galardones y homenajes por su trayectoria. Así mismo, sus problemas de salud se fueron acentuando y con ellos restringió al mínimo sus apariciones públicas. Aún así, cada vez que aparecía, se ponía de manifiesto el amor que levantaba entre su pueblo, como en 2010, en las ceremonias del Mundial de Fútbol de Sudáfrica.

El último baño de masas que se dio fue el pasado julio, en su 95 cumpleaños que se festejó por todo lo alto en el país. Mandela hizo alguna aparición a pesar de lo avanzado de su enfermedad. La repercusión de su muerte ha puesto de manifiesto de nuevo el fervor de los sudafricanos y la admiración del mundo entero que lo ha situado ya como uno de los personajes más conocidos y prestigiosos de la segunda mitad del siglo XX.