Otmani presenta un programa de gobierno sin color político

Efe/Rabat./ El presidente del nuevo gobierno marroquí, Saadedín Otmani, leyó hoy ante el plenario de las dos cámaras parlamentarias el programa de gobierno para los próximos cinco años, con un marcado tono técnico y casi átono en lo político, sin el menor indicio de que es un islamista el que lo preside.

El gobierno está formado por una coalición de seis partidos entre los que el Partido Justicia y Desarrollo (PJD) de Otmani, ganador de las elecciones, ha quedado diluido entre partidos de corte derechista, liberal y socialdemócrata, que se han repartido los 38 puestos ministeriales.

Otmani leyó durante más de una hora un programa muy continuista con respecto al anterior gobierno, presidido por su correligionario Abdelilah Benkirán, secretario general del PJD y que en los últimos comicios fue cabeza de cartel electoral del partido, pero fue apartado por el rey Mohamed VI tras pasar cinco meses sin conseguir formar gobierno.

Precisamente Benkirán fue hoy el gran ausente: hace una semana, anunció por sorpresa que renunciaba a su escaño y se marchó a La Meca; aunque no hizo declaraciones, algunos quisieron ver en ese gesto una forma de marcar distancias con el gabinete de Otmani y expresar así su descontento.

La única novedad del programa del nuevo gobierno incluye la promesa de continuar la reforma del sistema actual de subvención a los productos de primera necesidad, lo que significa que Otmani se atreverá a acabar con la histórica subvención a la harina, considerada garante de la paz social en el país.

“Quitaremos los subsidios de forma gradual para poder financiar programas de apoyo social a las categorías vulnerables y necesitadas”, dijo Otmani sin dar fechas concretas, al tiempo que se comprometió a crear una base de datos de las familias más necesitadas “para que las ayudas se distribuyan de forma más justa y eficaz”.

En el apartado económico, Otmani expuso unas ambiciones muy optimistas en el horizonte de los próximos cinco años: un crecimiento del PIB entre 4,5 y 5,5%, un déficit inferior al 3%, una inflación menor al 2% y una tasa de desempleo por debajo del 8,5%, porcentajes todos ellos mucho mejores que los actuales.

Asimismo, se comprometió a bajar el analfabetismo -una lacra histórica en el país- del 32% actual al 20% en los cinco años de gobierno, y a aumentar la cobertura sanitaria al 90% de la población.

Por lo demás, todas las referencias pronunciadas por Otmani durante su discurso sonaron a una repetición de anteriores programas gubernamentales, con las consabidas proclamas a la monarquía constitucional, a los valores del “islam moderado” o a la sagrada unidad de la patria, sin el menor matiz islamista.

Tampoco hubo la más mínima novedad en la “causa nacional” por excelencia, la cuestión del Sáhara, como no sea la promesa de una autopista de 550 kilómetros que una al territorio del Sáhara con el sur de Marruecos y de una mejora en las infraestructuras en la zona.

Prometió además que el modelo de desarrollo que se aplicará en el territorio saharaui “permitirá la participación efectiva de la población en la gestión de los recursos”, en respuesta a las quejas de los independentistas sobre lo que llaman expolio de los recursos saharauis.

En cualquier caso, dejó claro que su gobierno destinará “todas sus potencialidades en imponer el derecho de Marruecos (en el Sáhara) mediante una solución política definitiva y consensuada entre las partes en el marco de la iniciativa marroquí de autonomía”, en línea con la postura marroquí de los últimos años.

Otras de las promesas de Otmani fueron hacer efectiva una ley de huelga (de la que el país carece desde su independencia), así como otra para combatir todo tipo de discriminación.

Por primera vez en un programa gubernamental, el jefe de gobierno hizo referencia al caso de los menores marroquíes no acompañados, convertido en un problema de orden público en Ceuta y Melilla, pero también en París y hasta en Estocolomo; para ellos, Otmani prometió “protección y asistencia porque son una categoría vulnerable y pueden sufrir todo tipo de explotación, de la sexual a la religiosa”.