Barcelona 17-A: ¿Un atentado evitable?

JL Navazo./Ceuta. Partiendo de la base de que los auténticos responsables de un atentado son siempre los terroristas (yihadistas en este caso), cabe a posteriori matizar toda una serie de circunstancias concurrentes en la compleja fenomenología del terrorismo en la que, cada atentado, tiene su propia lectura e interpretación.

Por lo demás, la brutal y masiva islamización radical de la numerosa población musulmana en Cataluña, con el beneplácito de las desnortadas autoridades catalanistas, viene de lejos y sirve de semillero para la floración yihaterrorista (permítanme el neologismo), como este escribano del limes ya había señalado hace tiempo.

En la masacre de las Ramblas de Barcelona, del pasado jueves 17, sorprende de entrada la irresponsable y mendaz frivolidad con el que las cuando menos incompetentes autoridades de la Ciudad Condal, con la alcaldesa Ada Colau a la cabeza amén de la misma Generalitat (el comportamiento político de Puigdemont ha sido sencillamente obsceno), gestionaron el antes y el después del 17-A. La utilización política del atentado ha sido una constante, intentado presentar a Cataluña como realidad estatal mientras se excluía la participación y auxilio de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado.

De entrada, las medidas preventivas brillaron por su ausencia al contrario que las adoptadas en la capital de España así como en otras ciudades, durante las pasadas fiestas navideñas o en otros eventos multitudinarios.

Así tenemos que:

  1. Colau y su consistorio se pasan por las Horcas Caudinas las juiciosas recomendaciones de la Dirección General de la Policía con fecha 20 de diciembre, instando a la colocación de bolardos o vallas en zonas de concurrencia constante y masiva, como son en este caso las Populares  Ramblas.
  2. A efectos de orden público, el terrorista autor de la matanza logró huir tranquilamente, a pie, porque en las Ramblas no se encontraba de servicio ningún miembro de la policía local o de los Mossos d´Escuadra. Parece que la protección de la población civil no es la prioridad de los responsables del delirante proces, ese tren en vía a muerta con destino a ninguna parte.

En cuanto a la explosión del 16 de agosto en el chalé de Alcanar (Tarragona), la actuación de los Mossos es patética.

  1. Los terroristas logran acumular más de cien bombonas de butano así como varias de acetileno, sin aparentemente llamar la atención.
  2. Desde el vecindario se había advertido que el chalé estaba ocupado por decenas de “árabes”.
  3. Uno de los ocupantes heridos en la explosión fue trasladado al hospital, sin activar ningún protocolo para interrogarle.
  4. Los perspicaces Mossos a las órdenes de la Generalitat, calificaron la explosión como “accidental” debido a una “acumulación de gas”.
  5. Nada más suceder la explosión, audible a varios kilómetros de distancia, acudió inmediatamente al lugar una dotación de la Guardia Civil de San Carlos de la Rápita, siéndole prohibido el acceso.
  6. Tras el atentado de las Ramblas, se detectó en el chalet restos de triperóxido de acetona (TATP), compuesto habitual utilizado en atentados yihadistas.
  7. Todo ello revela sencillamente el lacerante bajo nivel informativo y profesional de los servicios policiales manejados por la Generalitat para presionar en el process.

Otro punto a considerar es que los Mossos d´Escuadra no identificaran debidamente y arbitraran medidas de seguimiento y control sobre algunos de los terroristas abatidos posteriormente por un ex legionario integrado en los en la policía autonómica, alguno de los cuales habrían participado en sentadas y otras acciones delante incluso de comisarías, lo que es policialmente imperdonable.

Barcelona, junto a Bruselas y ciertas ciudades de Francia es el epicentro del salafismo radical, cuna del terrorismo yihadista, como ya he adelantado. Las autoridades catalanistas, desde los tiempos de Pujol y su “famiglia”, han mirado hacia otro lado cuando no alentando, específicamente, la inquietante emigración marroquí. Ahí queda el esperpéntico caso del “consulat catalá” en Casablanca, de la mano de Ángel Colom, abierto en marzo de 2003.

Tan solo la utilización espuria y partidista de la policía autonómica para el “proces”, cuando no la depuración política de la misma, pueden explicar tal grado de ignorancia e incuria. La colaboración entre la policía autonómica catalana y las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado es mínima, un camelo político manejado con la loable intención de no asustar a la población. No más.

Todo este cúmulo de negligencias y sectarismo lo pagaron con su sangre 15 víctimas inocentes, niños y adultos, españoles y extranjeros. La distinción entre víctimas “catalanas” y “españolas” por el alelado consejero de Interior, el charnego Joaquin Forn, ha sido no solo un acto odioso y sectario, si no todo un cínico ejercicio de racismo político, muy a la altura neuronal y ética de los líderes independentistas catalanes, por más que Pilar Rahola (intelectual brava y lúcida, siempre que no aborde el catalanismo) intente enmascararlo.

CORREO DIPLOMÁTICO ha reproducido y comentado ya las recomendaciones de la Dirección Nacional de la Policía, que de haberse llevado a efecto bien pudieran haber evitado o al menos ralentizado los efectos del brutal atentado yihaterrorista. La obscena negligencia de la alcaldesa Colau y sus acólitos políticos es clamorosa y patente.

En el extranjero y no solo en Europa, las muestras de solidaridad internacional han sido amplias y expresivas, destacando entre ellas las de París (la Torre Eiffel apagó su iluminación) y Tel Aviv, cuyo moderno ayuntamiento se vistió de luces por la noche con la bandera de España, mientras la bandera de Israel en la embajada de Madrid ondeaba, en señal de luto, a media asta.

Y en Marruecos… ¿en el Reino de Marruecos, que? Pues nada salvo algunas declaraciones puntuales que se agradecen, pero institucionalmente no ha habido ninguna acción expresa y con alto contenido simbólico, máxime cuando otra vez (¡otra y otra, llueve sobre mojado!) los terroristas yihadistas, son una vez más, marroquíes. Claro que como Rabat se está encargando de divulgar, “los terroristas marroquíes se radicalizaron fuera”. Ya. De la mano de otro marroquí, el imam de Ripoll y en nombre de la religión de Estado de la que el soberano alauí es, en teoría, el referente.

En Oriente Medio el mismo Ejército libanés, en un gesto que le honra (desde hace años, hay efectivos militares españoles integrados en la FINUL), izaba el día 20 la bandera española junto a la del país en una colina tomada a las milicias terroristas del Estado Islámico (EI)

Por el contrario y valga la digresión, volviendo al vecino (que no amigo) país del sur, cuyos nacionales ocupan el primer ranking mundial en terrorismo yihadista, ahí están las estadísticas (el 70% de los atentados yihadistas en Europa es cometido por marroquíes), el rey Mohamed VI aprovechaba la Fiesta del Rey y del Pueblo del pasado 20 para indultar (y no fueron los primeros) a un buen puñado de presos salafistas ,condenados por terrorismo mientras mantenía en la cárcel a cerca de 200 rifeños, entre ellos varios periodistas, por el mero hecho de luchar pacíficamente por su tierra.

Previamente, el pasado 30 de julio y con ocasión de la Fiesta del Trono del Trono, el rey Mohamed VI, jefe del Estado, Príncipe de los Creyentes y detentador del 30% del PIB marroquí, indultaba junto a la cantante rifeña Sylia Ziani (en un estado de salud muy delicado), al grupo de jóvenes de la “chabiba” (juventud) del Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD, formación islamista parlamentaria al frente del gobierno), condenados por apología del terrorismo al jalear en su Facebook y en las redes el asesinato de Andreï Karlov, embajador ruso en Ankara, el pasado 19 de diciembre. Parece que “festejar”, públicamente además, el atentado terrorista que acaba con la vida de un diplomático extranjero sale casi gratis total en el proceloso y abiertamente desleal Reino de Marruecos, curioso país en el que la realidad nunca es lo que parece. Mientras tanto, insisto, los presos políticos rifeños siguen en las cárceles de Alhucemas y Oukacha (Casablanca) y sobre el Rif sigue abatiéndose, inclemente, un peculiar terrorismo de Estado. Y si esto no es cierto, que baje Allah/Dios y lo vea. En su humilde vivienda, el padre de Ahmed Zafzafi seguirá preguntándose, angustiado, “¿Por qué nuestros hijos están en la cárcel si no han hecho nada?”

Retomando como epánodo el atentado de Barcelona, a Rabat le faltó tiempo para intentar intoxicar a su vecino del norte hablando de un supuesto y delirante “terrorismo rifeño”, mientras hacía mutis por el foro en sus presuntos conocimientos sobre lo que podía o no suceder en “Cataluñistán”, dada la gran presencia de marroquíes en la región (los “nouscatalans”) y la conocida penetración de los servicios marroquíes en las redes del terrorismo islamista y la emigración misma, además de que una de las claves de la exitosa lucha antiterrorista marroquí descansa, virtualmente, en la “exportación” masiva de yihadistas fuera de sus imprecisas fronteras: ¡que atenten en otro sitio! Que Marruecos no estuviera al tanto de los manejos del imam marroquí de Ripoll, cuya familia trasladó a Xauen previamente al atentado, me llama particularmente la atención. ¿Un virtual remake operativo del mismo juego que en el atentado del 11-M en Madrid? La asunción de la autoría del atentado por parte de Estado Islámico (EI o Daesh, en su acrónimo árabe) es meramente oportunista. El atentado de las Ramblas lleva otra vez un inconfundible aliento marroquí, aunque esta vez ciertamente no aderezado con hojas de perejil. Quizás Rabat debiera de no obcecarse tanto en el Rif, manteniendo en el mismo una oprobiosa, asfixiante y opresiva ocupación militar y dejar de dilapidar los esfuerzos de sus ubicuos servicios (DGSN, DST y DGED) vigilando, hostigando y expulsando a periodistas extranjeros. Mejor haría Marruecos en controlar la deriva de la islamización radical y su fruto, el terrorismo yihadista, los movimientos migratorios hacia España (el repunte en 2017, tanto por vía marítima como sobre Ceuta, es clamoroso) y los altos y oscuros manejos de la economía de la droga, pues no en vano y como señala un informe de Naciones Unidas el hachís aporta el 23% del Producto Interior Bruto (PIB) marroquí.

De la penetración de los servicios marroquíes en el seno de la emigración catalana, sepa además el lector que “la nacionalidad marroquí nunca se pierde transmitiéndose de padres a hijos”, sirva como ejemplo el siguiente artículo escrito por este escribano a uña de caballo, hace ya unos años, en el despacho rabatí del entonces director de CORREO DIPLOMÁTICO, el periodista Karim Douchi y a su petición: El extraño caso Ziani

Y el que quiera entender, que entienda. O como decía el rabí Jesús (Isa en el Corán): “Quien tenga oídos para oír, que oiga; quien tenga ojos para ver, que vea” (Nuevo Testamento, Mateo 13/9)

Haya salud.

Visto.

 

3 comentarios sobre “Barcelona 17-A: ¿Un atentado evitable?

Comentarios cerrados.