Alhucemas, el Rif y la justicia social, hoy

Gabriel García-Noblejas Sánchez-Cendal, profesor de la Universidad de Granada

Es muy posible que el lector tenga noticias recientes de que ha habido manifestaciones, detenciones y muertes en esa ciudad que fundamos los españoles en el norte de Marruecos, antes Villa Sanjurjo y hoy Alhucemas. Desde octubre pasado hasta hoy, ha habido más de de trescientos detenidos sin juicios legales en un reino que se dice democrático, al menos dos muertos y una innumerable cantidad de violaciones de los Derechos Humanos en esa zona que hace no más de cincuenta años tenía el estatus de Protectorado y sus ciudadanos, conciudadanos nuestros.

Alhucemas es el alma del Rif y el Rif es esa extensa zona costera del Mediterráneo que hoy es Marruecos y que “perteneció” a España entre 1925 y 1956 aproximadamente, en calidad de Protectorado (oficialmente desde 1912), décadas en las que los rifeños venían a España sin necesidad de visado a vivir y estudiar y los españoles vivían, nacían y trabajaban en el Rif. Así sucedió hasta 1956, año en que España firmó su retirada del Rif tras hacerlo Francia del resto de los territorios que administraba según el Tratado de Fez firmado con el Sultán. El Marruecos moderno nació entonces.

Los rifeños son un pueblo bereber emparentado culturalmente no con el mundo árabe, sino con la cultura de los demás pueblos bereberes (o imazighen) que ocupaban y ocupan toda la costa mediterránea de África, desde Egipto hasta Tánger desde tiempos del Imperio romano, que se sepa con seguridad (léase Gabriel Camps, Los bereberes). Los rifeños hablaban (y hablan) sus diversas lenguas, seguían sus religiones propias (muchos de ellos fueron cristianos, como San Agustín, nacido en Tagaste, Túnez), tenían su escritura propia, su organización social y política, sus ritos, sus señas de identidad en definitiva. No tenían nada que ver ni con el mundo árabe ni con el mundo islámico, que los invadió a partir del siglo viii. Hoy día, muchos bereberes se siguen sintiendo arabizados e islamizados forzadamente.

En el siglo xx, España ocupó el Rif por la fuerza militar en una guerra injustificada, cruel y usando armas químicas después del Desastre de Annual, en el verano de 1921; venció administrando un Protectorado que, curiosamente, funcionó bastante bien para ambas partes; tanto es así, que no es raro que los rifeños actuales manifiesten su preferencia por ser españoles en vez de marroquíes, como veíamos recientemente en una manifestación en la ciudad de Nador. Bajo la administración española, los rifeños conviven con los españoles sin mayores problemas y con notables ventajas: orden social, trabajos decentes, educación, libertad religiosa, judicatura distinta para cristianos,  musulmanes y judíos, posibilidad de formación intelectual en España, hospitales y el mismo grado de libertad de la época que tenía cualquier otro español en la Península.

Pero cuando España se va oficialmente en 1956 y el recién formado ejército marroquí ocupa progresivamente el Rif, los rifeños que antes de la invasión española en los años 20 ya habían dado pasos hacia la formación de un Estado propio (la República del Rif), no admiten ahora otra invasión más, árabe en este caso. Se da entonces la llamada “Guerra de los Cascos”, que no aparece en libros de historia marroquí y que dura dos años, en los que el ejército marroquí viola hombres y mujeres, mata, asesina, encarcela y somete a Alhucemas y alrededores a estados de sitio hasta que los rifeños, que carecen de un ejército profesional y de armamento militar, se ven obligados a capitular.

El rey Hassan ii deja de lado al Rif por completo en el desarrollo económico y educativo del país, de suerte que los rifeños ven su vida gravemente deteriorada en todos los ámbitos con la llegada del nuevo país llamado Marruecos, al que se ven forzados a pertenecer. Y así, hasta hoy. Este es el contexto en el que sucede lo siguiente.

El 28 de octubre pasado, un transportista de pescado de Alhucemas murió dentro de un camión de recogida de basura; físicamente triturado; muerto. Cuando el transportista estaba dentro del camión tratando de rescatar sus cajas de pescado, el inspector de mercancías dijo la ya tristemente famosa frase de “tritura a su madre”, que equivale a decir “tritura a ese hijo de puta”. Y alguien apretó el botón y el transportista fue triturado. No se condenó a ningún policía y tan solo a ocho ridículos meses de cárcel al delegado de Pesca, al inspector de Mercancías y a un veterinario.

A raíz de dicho incidente, en la plaza central de Alhucemas comenzaron a reunirse grupos de hombres y mujeres de distintas edades y clases sociales para hablar de sus problemas, de la corrupción, de la pobreza… Uno de ellos, llamado Zefzafi, destacó como líder. Hablaba con un micrófono a quien se pasara por allí para reivindicar tres cosas básicas una justicia social: educación, sanidad y trabajo. Eran reuniones pacíficas y tranquilas que se desarrollaban antes los ojos de la policía. Las reuniones abiertas fueron creciendo en número y frecuencia, hasta que los asistentes se contaban por cientos, por miles. Siempre pacíficas. Siempre pidiendo actuar “silmia zuma silmia zuma silmia”, esto es “pacíficamente, pacíficamente y pacíficamente”. Zefzafi fue encarcelado el 29 de mayo pasado. Ahora se dice que está condenado a la pena capital o a cadena perpetua.

A partir de entonces, la policía comenzó una redada. Ya hay unos trescientos encarcelados, sin juicios y con las mínimas garantías legales. Entre los presos, además del mencionado líder, hay periodistas marroquíes que han dicho la verdad sobre el asunto (como, Med El Asrihi, R. Ablak o Mahdaoui), simpatizantes de toda edad y condición. El periodista español J.L. Navazo, casado con una funcionaria marroquí en Tetuán y con dos hijos pequeños estudiando en el colegio español de la ciudad, ha sido expulsado de Marruecos el 25 de julio por cubrir estas noticias, junto al también periodista F. Sanz.

En los dos últimos meses ha habido manifestaciones como las de Alhucemas pidiendo educación, sanidad y trabajo en Madrid, Barcelona, Málaga, Granada, París, Ámsterdam, Bruselas, Melilla, Arruit, Nador, Imzurem… Nosotros mismos contemplamos la masiva manifestación en Alhucemas el pasado 20 de julio, repleta de mujeres de todas las edades (abuelas, hijas, nietas), de hombres de toda condición y de una infinidad de rifeños residentes o nacidos en España, Bélgica, Holanda y Francia. Una manifestación pacífica de principio a fin que, se saldó con otros treinta detenidos al menos.

El Rif no pide independencia. El movimiento actual, llamado “Hirak” y del que hablaremos detenidamente en otro artículo, carece de todo tinte partidista, está compuesto por el pueblo rifeño entero (sin distinción de edad, sexo o condición laboral) y sólo pide justicia social, la justicia social que los reyes, gobiernos y gobernadores marroquíes han venido negando al Rif, tradicionalmente, durante décadas.

Fotografía: París Foto: F.S.

 

 

Un comentario sobre “Alhucemas, el Rif y la justicia social, hoy

  • el 11/09/2017 a las 21:30
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    Muchas gracias como siempre!!! Por fin un medio de comunicación que realmente conoce la historia del Rif y por supuesto contando sin tapujos las violaciones que sufre el pueblo rifeño. Saludos.

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