Editorial: Sobre “Terrorismo yihadista, lo que opina Marruecos”

 El fenómeno del terrorismo yihadista, oscuro y poliédrico aunque con una clara raíz ideológica, va camino lamentablemente de convertirse en una constante mediática saltando el hecho de la mera noticia aislada. La derrota del autoproclamado Estado Islámico (Daesh en su acrónimo árabe) en Oriente Medio es mera cuestión de tiempo (los porqués de sus orígenes y duración del horror habrá que buscarlos en los arcanos de la geopolítica), mientras que en paralelo Europa va corriendo el riesgo de morder una y otra vez el polvo de los terroristas, infiltrados tanto entre la migración (al este y al sur) como entre los procedentes de Europa que, en un goteo constante, van retornando al más que nunca Viejo Continente, sin olvidarnos del ambivalente papel desempeñado por los conversos al islam.

Si en más de una ocasión hemos abordado, no solo informativamente, la lacra del terrorismo yihadista (algún nombre hay que ponerle), no es menos cierto que hemos intentado siempre circunscribir y acotar el fenómeno, huyendo de amarillismos y tópicos fáciles de común uso, tanto en el campo de la islamofilia como particularmente en el de la islamofobia, término este recurrente y nada neutro, necesario de un análisis en profundidad que en su momento abordaremos.

En CORREO DIPLOMÁTICO tenemos meridianamente claro que islam es religión, islámico el hecho cultural o civilizacional, el islamismo una ideología política y el terrorismo yihadista (el neologismo yihaterrorismo es más conciso), el uso espurio del terror blandido en nombre de Dios y en el de una de las tres grandes religiones monoteístas, el islam, heredera junto al judaísmo y la cristiandad del común tronco abrahámico. Y que estamos en guerra, una guerra larga, asimétrica y sucia, nos parece necesario subrayarlo así como advertir por más que nos repugne que, si “la guerra es la continuación de la política por otros medios” (Maquiavelo dixit), el terrorismo es la prolongación de la guerra de otra forma.

En este contexto, fluido, opaco, de lealtades cambiantes e inseguras y con un ambiente ampliamente intoxicado, uno de los protagonistas por pasiva y activa (primero como víctima y también como emisor) es el vecino país del sur. Que Europa debe hablar a fondo y mantener un fluido diálogo bilateral  con el Reino de Marruecos está fuera de toda duda, lo que no queda tan claro es si en el diálogo ambos interlocutores emplean el mismo lenguaje. Que la palabra es “sacramento de muy delicada administración” como advertía Ortega, alcanza en el diálogo entre Occidente y el Islam su paradigma: conceptos como “tolerancia” o “derechos humanos”, no tienen el mismo significado para ambos bloques civilizacionales. Y si ya entramos en el vocablo “racismo” (que habitualmente confunde el color de la piel con la religión) o sobre todo el de “terrorismo”, el desencuentro puede llegar a ser abismal.

En lo que a Marruecos se refiere y cara a los recientes atentados yihaterroristas (que no serán los últimos, ni mucho menos), a la vez que nos posicionamos con voz propia frente a tirios y a troyanos en aras del necesario e irrenunciable equilibrio informativo, CORREO DIPLOMÁTICO ha recogido en más de una ocasión y como no podía ser menos las declaraciones oficiales marroquíes.

Sin ir más lejos ahí están las aun recientes palabras del portavoz del gobierno, Mustafa El Jalfi,a la vez que estamos al tanto y hemos leído atentamente las opiniones al respecto de Abdelhak El Khiyam, responsable de la Oficina Central de Investigaciones Judiciales (BCIJ), una especie de FBI marroquí que centraliza y coordina la lucha antiterrorista y que fueron recogidas el 4 de septiembre por nuestros compañeros del portal Yabiladi

En este sentido, resulta también útil y muy clarificador de su posición oficial  el comunicado del Consulado de Marruecos en Algeciras al que ha tenido acceso CORREO DIPLOMÁTICO  y que ayer reproducimos.

Ni entramos ni salimos. Si la opinión es una cosa, la información es otra y una vez más nos limitamos a hacer el papel de mensajero, comunicando lo que hay. Si en CORREO DIPLOMÁTICO seguimos con suma atención la delicada situación que sufre el Rif, no es menos cierto que siempre hemos tenido las puertas abiertas tanto a diferentes colectivos sociales (el “Hirak” en primer término), como a instituciones oficiales o actores de la vida política marroquí. La entrevista que en julio publicamos del doctor Mohamed Boudra, alcalde de Alhucemas, es un exponente. Ni somos activistas de nada (salvo nuestro firme compromiso con la libertad de expresión, que va en nuestros genes), ni tampoco voceros oficiosos de ningún régimen. Somos periodistas. Y punto.

En esta dirección y tanto por su valor histórico como de actualidad parece oportuno recordar las palabras del fallecido rey Hassan II, años ha, sobre la integración de los marroquíes en suelo europeo. Interesante documento visual que reproducimos a continuación y que a nuestro juicio centra y cierra buena parte del problemático tema que nos ocupa.