Mohamed VI: el monarca estabilizador

JL Navazo / Ceuta./ Que en el Rif siguen cayendo chuzos de punta, es un hecho. Y sin duda las críticas legítimas a la monarquía alauí pueden ser muchas. Posiblemente la palabra más dura que he oído sobre Mohamed VI es “decepción”. Y es entendible. Esa es la visión del vaso medio vacío. Pero si cambiamos la percepción y vemos el vaso medio lleno, la tramoya cambia siendo la pregunta pertinente ¿Es posible un Marruecos, estabilizado y con viabilidad de futuro, sin la Monarquía? Mi respuesta, tajante, es no: al día de hoy solo habría dos alternativas, ¡malas “alternativas”!: dictadura militar o república islamista. No hay más. Que la institución debería evolucionar hacia una monarquía parlamentaria, dentro de los usos y costumbres del país, tal y como apunta incansable y con coraje la profesora universitaria Nabila Mounib, secretaria del Partido Socialista Unificado (PSU) y con la que coincido, es otro asunto.

Del Rif para qué hablar. ¡Ya lo he escrito todo! Pero me planteo y algo me precio de conocer nuestro vecino del sur, ¿qué pasaría si Mohamed VI no estuviera al frente de la Jefatura del Estado, en su doble vertiente política y religiosa (Amir Al Moumenim o Emir de los Creyentes)? Porque este escribano del limes lo tiene meridianamente claro: si ahora es durísima, bajo una dictadura militar o una república islamista la represión hubiera sido sangrienta y atroz, implacable.

Pese a todas las carencias y críticas que se quieran, el papel moderador cuando no estabilizador del país desempeñado por la institución monárquica es evidente. En este sentido, el pasado 30 de agosto y de la buena mano de mi querida amiga Arabia Moursia (presidenta de la Fundación homónima, Instituto Mekki Moursia de Artes y de Cultura) se presentaba en el Centro Cultural Ahmed Boukmakh de Tánger el interesante libro “Mohamed VI, el rey estabilizador” (Ediciones Lacre), obra de Jean-Claude Martínez, escritor francés de origen español, exdirector en la ENA de Marruecos, profesor de la Universidad Pantheón-Assas, eurodiputado y diputado en la Asamblea Parlamentaria Euromediterránea, acto que fue seguido de una mesa redonda con la participación, entre otros, de un representante de la Dirección de Documentos Reales de Rabat, así como del ingeniero Manuel Saavedra, director del proyecto Medina Al Ándalus. Pese a la amable y expresa invitación de Arabia Moursa y con gran pesar, el hecho de estar expulsado arbitrariamente de Marruecos desde el 25 de julio me impidió asistir y cubrir el evento, que de todas formas y a toro pasado retomo si no en tiempo sí en forma, pardiez.

También hace días, CORREO DIPLOMÁTICO se hacía eco del premio otorgado en Nueva York a Mohamed VI, por su “liderazgo en la promoción de la armonía entre las diferentes culturas tanto en Marruecos como en la escena internacional”. Como escribía hace ya muchos años en mi sección (El Rincón del Gauri) de un periódico tangerino (La Chronique), si faltara Mohamed VI rápidamente íbamos a echarlo de menos. Yo el primero. Es lo que hay y no hay más cera que la que arde. Y el que quiera entender, que entienda.

Si mi simpatía por el Rif es firme y conocida (por tradición familiar, empatía personal y responsabilidad histórica), no lo es menos mi lealtad y simpatía hacia la figura de Mohamed VI. Nunca he escondido mis ideas, en eso soy muy directo (serán mis genes asturianos). Lo vuelvo a escribir a la rifeña: “turi turi”. En Marruecos, con Alhucemas y con el Rey.

Haya salud.

Visto.

Mohamed VI, en la recepción del 54 aniversario del monarca. Foto: MAP