España, sus fuerzas de seguridad y el futuro global que ya está aquí

Fidel Raso/7º de Michigan./La gran mayoría de medios de comunicación españoles y algunos otros de referencia internacional se han hecho eco de la manifestación en Barcelona convocada por la Societat Civil Catalana a la que han acudido, según fuentes fiables, cientos de miles de personas  que han exteriorizado, en términos generales, su deseo de paz y convivencia en una Cataluña constitucionalmente unida a España, dentro del respeto a la pluralidad de ideas.

Se ha llegado hasta aquí dejando atrás días de ruido y furia que un sector minoritario, pero influyente, ha utilizado de manera antidemocrática para aturdimiento y sorpresa de un gran sector de la sociedad española que ha reaccionado hoy en la calle de manera contundente y pacífica contra la proclamación de independencia -unilateral- de Cataluña desde una balcón en fechas próximas.

En este contexto ha saltado a las redes sociales desde sectores independentistas que una parte de las fuerzas de seguridad del Estado no han actuado adecuadamente y han utilizado un exceso de fuerza innecesario. Excluyendo a los Mossos de ese concepto de Seguridad del Estado incomprensiblemente y culpando al Cuerpo Nacional de Policía y la Guardia Civil de todos los daños físicos y morales sobre aquellos que “querían votar”.

Se ha dicho de todo, los que lean esta modesta opinión tendrán formada la suya, y yo no voy a incidir en el pasado de los hechos salvo para decir que esa crítica me parece injusta, desproporcionada y no sujeta a la veracidad de lo sucedido. Decir que “la policía” actuaba por indicación de jueces es importante, tan importante como decir que esos policías y esos jueces nacen de una voluntad democrática emanada de urnas en unas elecciones respectivas.

Conviene recordar, y hacerlo todas las veces que sea necesario, que las fuerzas de Seguridad del Estado son Estado. Son las que están legitimadas para el uso de la fuerza que todo estado democrático se reserva para sí y de la cual el Ejecutivo (Gobierno de turno) hace uso en modo manera y lugar que cree conveniente o, como decíamos, indica el poder judicial. El uso de la fuerza siempre es un concepto subjetivo, sin duda. Subjetivo por ser de una valoración que depende de determinadas circunstancias o estado de ánimo de los afectados. De la misma manera que las ambulancias siempre llegan tarde cuando el paciente a trasladar es un familiar cercano al que estamos atendiendo.

Quedémonos en la mirada al futuro para desarrollar juntos grandes desafíos que ya han venido para quedarse, como el terrorismo, la inmigración, la superpoblación mundial,  el cambio climático, y -entre otros más- la distribución de los recursos del Estado de la manera más justa posible.

Tratemos de exponer nuestras discrepancias ciudadanas por canales no violentos y tratemos, por ello, de evitar el uso de la fuerza del Estado para que, entre otras cosas,  vele con más eficacia por nuestra seguridad frente a la situación de máxima alerta en la que ha puesto al mundo la amenaza terrorista. De paso, sería conveniente proceder, tal como exigen sus representantes laborales, a una equiparación salarial digna dentro de los plazos que los gobiernos sucesivos puedan ejecutar presupuestariamente. Y sobre todo, miremos juntos a un mundo exterior que requiere toda, toda, nuestra atención. España, en su concepto plural, va a necesitar, repito, toda nuestra participación en las próximas décadas.

Manifestación de policías y guardias civiles en Madrid. Foto: Fidel Raso