Madre España

JL Navazo / Ceuta / España no solo existe. También los españoles, especie europea a la que se creía en peligro de extinción. Superando la interesada modorra inducida por el “café para todos”, el fútbol y la alienante televisión, el pasado domingo los ciudadanos de este país tomaron pasiva y pacíficamente las calles: en Madrid, en Barcelona…, enarbolando con orgullo la bandera roja y guarda y también la senyera catalana. Tal y cómo está escrito en nuestra Constitución, las banderas de las autonomías son también las banderas de España, hasta la propia de una formación como la del Partido Nacionalista Vasco (PNV), la ikurriña, impuesta vaya usted a saber en nombre de qué al conjunto de los vascos.

Si en ciencia política clásica el estado es una suma de territorio, población y administración, no parece descabellado retrotraer la idea de España como Nación a los visigodos. Por no hablar de la España Transfretana. Pero en lo que a Cataluña respecta, históricamente nunca dejó de ser condado. Un honorable condado. Y punto. Englobado en los antiguos condados catalanes derivados de la Marca Hispánica del Imperio Carolingio, allá por el siglo IX de la Era Común. Reino, Cataluña nunca lo fue; Barcelona, tampoco: Aragón, sí.

Si el cáncer separatista es racista y de derechas (no es difícil emparentar ideológicamente a Sabino Arana con el nazismo), en Cataluña el desmarque secesionista está íntimamente ligado al desastre de 1898, cuando España perdió sus colonias y territorios de Ultramar (Cuba, Puerto Rico y Filipinas) en una guerra impuesta por  la naciente potencia imperialista de los Estados Unidos de Norteamérica y con ello, buena parte de su activo comercial del que se lucraba y bien la clase empresarial catalana: España ya no servía, había que darle una patada y buscar otros mercados. Ese es el origen y no otro de la deriva catalanista, en cuyas fuentes bebe el fasciocatalanismo hoy en boga, al menos hasta estos días.

Porque el pasado domingo y ayer miércoles, si algo ha quedado claro es que el catalanismo separatista ha alcanzado su cénit, antes de suicidarse por el despeñadero. Hay un antes y un después, como dejó claro en el Parlamento, sin concesiones a la galería, la valiente Inés Arrimadas.

Pero si el esperpento catalán esconde una sinuosa y espuria sinergia, en un peculiar “Eje” que engloba a una parte de la oligarquía catalanista más rancia, organizaciones presuntamente anarquistas y formaciones políticas de corte nacional que acaban de quitarse la careta, más grave aún es el sueño de forzar un cambio de las estructuras del Estado, rompiendo la convivencia con un inconfesable aliento guerracivilista,  como si la España actual fuera un remedo de la de 1934.

Si en el contexto internacional Europa ha cerrado filas con España, en el frente sur el vecino Reino de Marruecos, aliado táctico desde hace años (el tradicional Conflicto de Baja Intensidad o CBI ha quedado latente), también se ha ido dejando ver a su modo: con la mano derecha, Marruecos ha vetado cualquier tipo de acto público organizado por la Generalitat o sus representantes (el lunes pasado en Tetuán sin ir más lejos), mientras hace días y como se hizo eco CORREO DIPLOMÁTICO el portavoz del gobierno, Mustafa Jalfi, mostraba su solidaridad con España. De entrada impecable y es de agradecer. Cosa distinta y de salida, es que siguiendo su habitual doblez el vecino país de allende el Estrecho no deje de utilizar la mano izquierda para seguir meciendo la cuna, por medio de los numerosos “Ziani” emboscados en el seno de la emigración, asociaciones, universidades y partidos políticos, Podemos incluso, en este caso con aliento de mujer.

A la vez y en las redes sociales y el mundo mediático, la siempre activa Dirección General de Estudios y Documentación (DGED) no ha dejado de mover los hilos de sus anacletos , troles (“trolls”), foreros, tuiteros y demás especímenes afines, intentando forzar obscenamente la comparación de Cataluña con el Rif, enojoso asunto que abordaré en otra ocasión.

Volviendo al titular, advertir que no es mío. Obra es de uno de los mejores poetas de nuestra dolorísima “Guerra incivil”, en palabras de Unamuno. El poeta del pueblo, el pastor poeta, el poeta miliciano: Miguel Hernández. De aquella izquierda que tenía un agudo sentido de Nación. Hasta la gran central anarcosindicalista, la CNT, llevaba la sigla de nacional: Confederación Nacional del Trabajo..

Madre España

Abrazo a tu cuerpo como el tronco a su tierra / con todas las raíces y todos los corajes / ¿quién me separará, me arrancará de ti, madre?

Abrazado a tu vientre, ¿quién me lo quitará, si su fondo titánico da principio a mi carne? / Abrazado a tu vientre, que es mi perpetua casa, ¡nadie!

Madre: abismo de siempre, tierra de siempre:  / entrañas donde desembocando se unen todas las sangres: / donde todos los huesos caídos se levantan: / madre.

Decir madre es decir tierra que me ha parido; / es decir a los muertos: hermanos, levantarse;  /  es sentir en la boca y escuchar bajo el suelo sangre.

La otra madre es un puente, nada más de tus ríos. / El otro pecho es una burbuja de tus mares. / Tú eres la madre entera con todo tu infinito, madre.

Tierra: tierra en la boca, y en el alma, y en todo. / Tierra que voy comiendo, que al fin he de tragarme. / Con más fuerza que antes volverás a parirme, madre.

Cuando sobre tu cuerpo sea una leve huella, / volverás a parirme con más fuerza que antes. / Cuando un hijo es un hijo, vive y muere gritando: / ¡Madre!

Hermanos: defendamos su vientre acometido, / hacia donde los grajos crecen de todas partes, / pues, para que las malas aves vuelen, aún quedan / aires.

Echad a las orillas de vuestro corazón el sentimiento en límites, / los efectos parciales. / Son pequeñas historias al lado de ella, siempre / grande.

Una fotografía y un pedazo de tierra, / una carta y un monte que son a veces iguales. / Hoy eres tú la hierba que crece sobre todo, / madre.

Familia de esta tierra que nos funde en la luz, / los más oscuros muertos pugnan por levantarse, / fundirse con nosotros y salvar la primera / madre.

España, piedra estoica que se abrió en dos pedazos / de dolor y de piedra profunda para darme: / no me separarán de tus altas entrañas, / madre.

Además de morir por ti, pido una cosa: / que la mujer y el hijo que tengo, cuando pasen, / vayan hasta el rincón que habite de tu vientre, / madre.

Miguel Hernández.

Un comentario sobre “Madre España

  • el 11/10/2017 a las 21:33
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    Magnífica exposición de lo que debe sentir un español, por el sólo hecho de serlo. Lo que nos une debe ser más convergente que las individuales y legítimas líneas de pensamiento político.

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