Estado Islámico (EI) y la diáspora yihadista

JL Navazo / Ceuta. Sabido era. La derrota militar del autoproclamado Estado Islámico (EI, ISIS en inglés y DAESH en su acrónimo árabe) y su presunto califato era cuestión de tiempo, tiempo marcado solamente por la voluntad política de las grandes potencias (Estados Unidos y Rusia) en ponerle coto y erradicarlo. Estado Islámico (EI) llego a ser lo que fue, sencillamente porque fue geopolíticamente rentable. Tras la caída en julio de Mosul (Irak) le ha tocado ahora el turno a Raqa, el bastión yihadista en Siria, donde centenares de miembros de las milicias terroristas han pactado su rendición a cambio de liberar a los más de 4.000 civiles que utilizaban como escudos humanos. En otra parte del frente, en Al Qariatain, localidad de la Siria central cercana a Homs y a 70 kms de la histórica Palmira, fuentes del Observatorio Sirio de Defensa de los Derechos Humanos informan de que, antes de retirarse, las milicias terroristas del EI habría masacrado a más de 116 personas, asesinadas de un tiro en la nuca o degolladas. En todo caso, quebrada su columna vertebral y aun arrojado progresivamente de su santuario territorial, EI mantiene todavía una estructura de poder jerarquizada y organizada que va a tener que descentralizar, siguiendo los pasos de Al Qaeda, globalizando sus atentados.

Efectivamente, la derrota de EI en el campo de batalla hará abandonar a éste su estrategia territorial basada en la proclamación unilateral de un califato y recuperar, con una potencia letal mayor aun, las pautas de Al Qaeda basadas en la descentralización y los atentados terroristas sin disponer de una base fija, proyectando a los yihadistas supervivientes en los diferentes frentes abiertos en nombre de la “yihad”: Oriente Medio, Afganistán, Pakistán, Magreb, Sahel, Filipinas, Europa y en ciertas repúblicas de la Federación Rusa (FR). El frente se difumina volviéndose asimétrico y fluctuante, siendo más difícil de combatir y eliminar.

En cualquier caso, supone un grave error estratégico liberar sin más a centenares de terroristas hechos prisioneros y trasladarles de lugar sin saber claramente donde son transferidos y en qué condiciones. El cáncer del yihaterrorismo puede volver a brotar en cualquier momento. Y peor aún es no identificar y neutralizar a los miles de jóvenes europeos (musulmanes de origen y también conversos) que corrieron a alistarse en las tétricas filas del Estado Islámico. Derrotados en Irak y Siria, intentan ahora regresar al Viejo Continente por oleadas, fuertemente ideologizados, cargados de odio y agresividad y entrenados en combate y manipulación de explosivos. Una de las fórmulas más usadas será emboscándose en el seno del abundante flujo migratorio que está logrando infiltrarse en las fronteras de la Unión Europea (UE). Si bien puede haber casos aislados en los que prime el desencanto e incluso en arrepentimiento, todos los análisis de inteligencia apuntan a su inserción en “células durmientes” o en “lobos solitarios”, prestos a atentar en el momento que consideren oportuno.  Preparar y ejecutar un atentado de “low cost” es para los yihadistas, auténticas bombas de relojería vivientes, pan comido. Una sociedad abierta como la europea es particularmente vulnerable. La libertad tiene un precio.

Se ha calculado en 50.000 el número de voluntarios extranjeros alistados en las filas yihadistas del Estado Islámico, entre el 5 y el 10% de los mismos procedentes de Europa. Sobre la mitad de los mismos habría ya muerto en combate o retornado, quedando a fecha de hoy otra mitad empuñando armas. En mayo de este año, la Interpol alertaba sobre 173 yihaterroristas perfectamente entrenados para infiltrase y atentar en Europa. A ellos habría que sumar los que puedan retornar ahora, tras la derrota del Estado Islámico, sin contar con el entramado de simpatizantes que habrían quedado, por las circunstancias que fuere, en el seno de la numerosa y extendida comunidad musulmana presente en Europa, por lo demás la primera víctima de la cruenta “fitna”, la guerra civil que sacude a varias bandas la “Umma”. En ciudades como Ceuta, la progresiva radicalización de una buena parte de la comunidad musulmana, ya en paridad demográfica con el resto de la ciudadanía, es palpable en los últimos tiempos. Y la ideología islamista es el paso previo (afortunadamente no siempre, hay también un influyente islamismo político) al extremismo yihadista y al terror. La cercanía geográfica de Ceuta (y también Melilla) a Marruecos, país vecino con el que España comparte fronteras terrestres en el norte de África, no hace sino acrecentar el problema formando una peligrosa sinergia. Del triángulo negro, Tánger-Tetuán-Alcazarquivir, han partido más del 70% de los terroristas de origen marroquí, estimados en más de 2000 yihadistas.

Cara a la letal y progresiva amenaza yihadista que está sufriendo desde hace años, la Unión Europea (UE) está modulando como respuesta una alternativa de defensa elástica y flexible, tanto dentro como fuera de sus fronteras:

De entada es llamativa la partida en seguridad, pues los 28 países de la UE dedican a la seguridad interna una media del 1,8% de su Producto Interior Bruto (PIB), cifra superior a la de Defensa estimada en un 1,4% (la recomendación de los expertos aboga por subirla a un 2%), según informaba recientemente la Agencia Estadística europea, Eurostat, en base al ejercicio de 2015. En estos momentos, para la UE las amenazas del “enemigo interno” superan a los riesgos procedentes del exterior. En cabeza se encuentra Bulgaria con un 2,8% y en la cola Dinamarca y Luxemburgo con un 1%, mientras que España supera la media con un 2% de su PIB. Si bien es cierto que el concepto securitario es amplio, abarcando prisiones y efectivos de extinción de incendios, la realidad es que los servicios policiales se llevan la parte del león, con la mitad de la cuota invertida.

Un aspecto sensible es el de la remodelación del Espacio Schengen y la prolongación de otros cuatro años de los controles de fronteras, con la idea de revisar la libre circulación sin controles para encarar adecuadamente y el marco de las leyes la amenaza yihaterrorista y migratoria que se ha cernido sobre Europa, mordiendo en su propio suelo, si bien ello no supondría la suspensión temporal de Schengen. El mismo comisario de Migración, el griego Dimitris Avramopoulos, habría reconocido las limitaciones y lagunas legislativas existentes para encarar debidamente la creciente amenaza del terrorismo yihadista, según informa Lucía Abellán desde Bruselas: “La Comisión reconoce que hay nuevos retos de seguridad y puede que el actual código de fronteras no esté suficientemente adaptado”. En esta línea y liderados por Francia y Alemania, un grupo de cinco países (Austria, Dinamarca y Noruega) han planteado la ampliación a cuatro años de los controles de fronteras en el seno de la Unión Europea, iniciativa que ha sido asumida a mediados de mes por Bruselas y que todo apunta a que será aprobada. La total falta de controles en Grecia o el hecho de que los terroristas de Barcelona hayan pasado por Francia, como explica el ministro francés Gérard Collomb, no ayuda precisamente a la relajación de las normas de seguridad y al libre tránsito de personas.

También a nivel interno, países como Bélgica y Francia mantienen operativo en calles y centros públicos un fuerte dispositivo policial apoyado por el despliegue de fuerzas militares, mientras que París ha decidido prolongar varias veces el estado de emergencia.

El pasado 16 de octubre y en la Cumbre del G6 celebrada en Sevilla, presidida por el ministro de Interior, Juan Ignacio Zoido y a la que asistieron sus homólogos de Francia, Italia, Alemania, Reino Unido y Polonia (Marruecos estuvo presente de invitado), el responsable español adelantó ayudas de la Unión Europea para reforzar la seguridad en los espacios públicos y coordinar la lucha contra el terrorismo yihadista, la creciente presión migratoria con el tráfico ilegal de seres humanos y el crimen organizado. De hecho, los objetivos de la reunión pivotaban sobre dos ejes temáticos fundamentales: “las políticas migratorias y la lucha contra el terrorismo yihadista y la radicalización, que en este momento constituyen la mayor amenaza a la convivencia democrática de nuestras sociedades”. Zoido destacó también la “cooperación leal y clara con los países de origen y tránsito”, señalando algo obvio: la colaboración con el Reino de Marruecos definiéndola como “fundamental”.

En cualquier caso, el mejor yihadista es el yihadista abatido. En Oriente Medio, Filipinas, el Sahel o incluso Europa si hace falta. En la guerra, como en la guerra. Sin complejos ni contemplaciones. Como dice el popular refrán español, “Muerto el perro se acabó la rabia”. La rabia de la yihad.

De los contenidos polisémicos del término “Yihad” o de las sutilezas teológicas entre la “Gran Yihad” y la “Pequeña Yihad””, ya escribiremos cuando corresponda.

Haya salud.

Visto.