Marruecos: una agenda para el viaje de Felipe VI

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JL Navazo / Tarifa. Ni fue en la primavera pasada ni tampoco en otoño, alegando la última vez problemas de agenda de Mohamed VI con su presencia en Abiyán (Costa de Marfil) a finales de noviembre para asistir al encuentro UE-Unión Africana, según declaraba el titular de Asuntos Exteriores, Alfonso Dastis, a EFE el 15 de diciembre, añadiendo el ministro que “según todas las previsiones” sería en enero cuando tendría lugar la visita de Estado al Reino de Marruecos, visita que según CORREO DIPLOMÁTICO adelantaba el pasado 20 de diciembre tendrá lugar finalmente entre los días 9 y 11 de este mes.

Si el hecho de que el soberano marroquí haya pasado el 45% del año fuera de su país no ha facilitado precisamente el encuentro entre ambos soberanos, a Felipe VI la delicada situación que vivió Cataluña no le ha ayudado tampoco precisamente a priorizar los viajes al extranjero, pese a que la imagen del rey es sin duda al día de hoy nuestro mayor activo político y diplomático no solo dentro de España, si no cara al exterior. Precisamente  ante la crisis en Cataluña (que a mi juicio y pese a su aparatosa gravedad no es mi mucho menos el mayor problema que España tiene) y después del seudo referéndum  ilegalmente organizado por el gobierno autónomo de la Generalitat, el Reino de Marruecos reaccionaba oficialmente el 11 de octubre echando un capote, “fiel como ha sido siempre al respeto de los principios de derecho internacional, rechaza el proceso unilateral de independencia de Cataluña y exprime su acatamiento a la soberanía, a la unidad nacional y a la integridad territorial del Reino de España”. Esto sobre el papel, que si bien es de agradecer no hay que dejar de tener en cuenta otras aristas del espejo que ahora no procede abordar, tal y como comentaba el 23 de diciembre en CORREO DIPLOMÁTICO (“Cataluña no es el Rif”).

Felipe VI, que viajará acompañado de la reina Letizia, tiene prevista una apretada agenda en la que no se descarta un encuentro de alto nivel en Casablanca, la capital económica del Reino, con más de 200 empresarios españoles y marroquíes agrupados en el Consejo Económico Marruecos-España (CEMAFS), auspiciado por la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE) y su homóloga marroquí, la Confederación General de Empresas de Marruecos (CGEM), encuentro en el que podría ser acompañado por Mohamed VI, al fin y al cabo no solo rey y jefe espiritual (Amir Al Moumenim, Emir o Príncipe de los Creyentes), si no también activo emprendedor y detentador, por activa o por pasiva, de la primera fortuna del país. En el balance económico bilateral y si bien Francia ha recuperado no hace mucho la cabecera, en el primer trimestre del pasado ejercicio 2017 España fue el primer cliente europeo de Marruecos, absorbiendo el 43,5% de las exportaciones comunitarias, mientras que el 34,1% de las exportaciones al vecino del sur proceden de España. Además, Marruecos se postula como la “llave” de entrada en África central y subsahariana, posibilidad que la Banca española mira con buenos ojos. La impronta económica “ayuda” seguramente a que Madrid cierre los ojos o mire hacia otro lado ante el avance imparable de la “marroquinización” (y eventual islamización) demográfica y cultural de Ceuta y Melilla (antiguas Plazas de Soberanía), donde según varios analistas se estaría a punto de cruzar el punto de no retorno.

Aunque oficialmente nunca está en la agenda, no sería extraño que colateralmente y de puertas adentro se abordara la situación en el perímetro fronterizo de las Ciudades Autónoma de Ceuta y Melilla, en relación tanto a la presión migratoria como al complicado tránsito entre las mismas (si en Melilla es harto complicado, el paso fronterizo ceutí ha sido un caos en 2017, de hecho fue cerrado aleatoriamente en agosto en pleno “Paso del Estrecho”),  además de la amenaza potencial que el terrorismo yihadista supone para ambas. Respecto a Ceuta… “¿Y si España cierra la frontera de la humillación”?, me preguntaba en CORREO DIPLOMÁTICO el pasado 8 de junio, interrogante que por cierto sigo planteándome pues ambas, Ceuta en primer lugar, no pasan de ser hoy ciudades corsario-islamistas al amparo de la bandera roja y gualda.

La conocida sintonía y confianza entre ambos monarcas, tampoco descarta si no más bien al contrario refuerza la posibilidad de que entre ambos se toquen las delicadas situaciones, distintas ciertamente en las formas y en el fondo, que viven ambos países en Cataluña y en el Rif, región muy ligada históricamente a España (Protectorado 1912-1956) y en la que el Estado marroquí está llevando a cabo desde mayo de 2017 una política represiva sin parangón, manteniendo en las cárceles en durísimas condiciones a centenares de presos políticos, deteniendo en sus casas sin miramientos para su integridad física y moral a menores de edad y amenazando, velada o directamente, a familias enteras mientras cercena sin contemplaciones la libertad de expresión y comunicación (cinco son los periodistas y medios extranjeros que han sido expulsados del país, ente ellos CORREO DIPLOMÁTICO el pasado 25 de julio de 2017), siendo incapaz no obstante de eliminar la presencia y actividad del “Hirak” (Movimiento), surgido en Alhucemas a finales de octubre de 2016.

Una visita de Estado en todo caso asimétrica, pues si la monarquía española es parlamentaria y sus viajes y acciones están enmarcados en la acción exterior proyectada por los respectivos gobiernos de la Nación, en Marruecos la monarquía es constitucional por derecho divino y lleva directamente las riendas de la política exterior, competencia exclusiva del rey, no respondiendo este más que ante Dios y ante la historia, manida frase que ya emplearon salvando las distancias conocidos personajes como el general Franco en España o el comandante Castro en Cuba.

Finalmente, a juicio de este escribano del limes no estaría de más que Felipe VI aportara su sello personal a las complejas y complicadas relaciones hispano-marroquíes, más espesas que una “bisara” (popular puré de guisantes o alubias) como escribí en alguna ocasión, pasando del concepto de “historia común” expresado por su padre el Rey Emérito, a la de “historia compartida”, mucho más ajustada a la realidad y menos polisémica, por tanto, más difícilmente manipulable.

Haya salud.

Visto.

2 comentarios sobre “Marruecos: una agenda para el viaje de Felipe VI

  • el 03/01/2018 a las 10:00
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    Me encanta la objetividad de este artículo, del lado del español, todo perfecto y democrático, y del lado Marroquí todo impuesto y mal gestionado. Empezamos mal. O nos ponemos al mismo nivel para abordar nuestros problemas comunes o nunca avanzamos, y desde luego no sera culpa de Marruecos. Estamos en una etapa de la historia que nos obliga a colaborar lo más estrechamente posible. Hablar mal del otro y bien de sí mismo no es precisamente una forma correcta para avanzar. Y cada país en el mundo actúa en línea con sus propios intereses, lo hace España, y Marruecos también. Sed objetivos o os seguirán echando.

    • el 08/01/2018 a las 20:08
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      Respeto la opinión y gracias. No creo en la objetividad pero sí en la honestidad. Se hace lo que se puede, se lo aseguro.

Comentarios cerrados.