Mauritania: el vecino bajo sospecha

JL Navazo / Ceuta. Si al parecer ciertos medios han criticado el hecho de que el pasado 1 de enero, al adelantar CORREO DIPLOMÁTICO los próximos ejercicios militares bilaterales entre Marruecos y Estados Unidos “León 2018”, previstos para el próximo mes de mayo, advirtiéramos del desasosiego marroquí cara a la ambivalencia del régimen mauritano a la hora de encarar el problema del Sáhara Occidental (las auto anexionadas “Provincias del Sur” para Rabat), precisemos que el comentario no era baladí.

Rabat ha visto con inquietud el hecho de que el presidente mauritano, Mohamed Ould Abdelaziz, enviara una fuerte delegación el pasado 25 de diciembre (de la que formaban parte altos cargos del ejército y dos diputados) para asistir a las maniobras militares llevadas a cabo por el Frente Polisario, en la zona de Agunit. Debe recordarse que Mauritania reconoció a la República Saharaui Árabe Democrática (RASD) en los acuerdos de Argel de agosto de 1979, tres años después de su proclamación.

Ya el pasado septiembre y para disgusto de Rabat, Nuakchot había lanzado varios guiños al independentismo saharaui a través de Mohamed Ould Boïlil, antiguo ministro de Interior considerado muy próximo al presidente mauritano.

El Sáhara Occidental es un enquistado conflicto, fruto tanto de la Guerra Fría como de un inconcluso proceso de descolonización. Buena parte del territorio está administrado de hecho, aunque no de derecho, por el Reino de Marruecos, potencia ocupante. El insurgente y legitimista Frente Polisario está apoyado por Argelia, mientras que Mauritania navega entre dos aguas. Mal que le pese, España sigue teniendo responsabilidades internacionales sobre el territorio sahariano como antigua potencia administradora.