Más yihadistas ahorcados en Egipto

Columna de blindados del ejército egipcio

JL Navazo / Ceuta. Entre el 26 de diciembre y el 2 de enero, Egipto ha procedido a la ejecución de 21 terroristas.

Inmerso en una implacable oleada de atentados, incrementados tras el contragolpe dado en 2013 por el mariscal Al Sissi contra el ex presidente Mursi (Hermanos Musulmanes), Egipto no está vacilando a la hora de imponer la pena capital por ahorcamiento a los yihadistas que caen en su poder. Tras los 15 terroristas ejecutados un día después de Navidad, a primeros de año le tocaba el turno a 4 de los yihadistas acusados de organizar un atentado en 2015 contra alumnos de una academia militar en la ciudad de Kafr El Seij, en el Delta del Nilo, saldado con 3 muertos y 6 heridos.  Otros 3 terroristas fueron condenados a la pena capital en ausencia.

Solo en los dos últimos meses del pasado año, Egipto sufrió dos importantes atentados reivindicados por Estado Islámico (EI). En noviembre, más de 300 fieles sufíes (la rama más espiritual del islam), entre ellos 27 niños, eran masacrados mientras rezaban en la mezquita Al Rauda, en la península del Sinaí, a unos 60 kms. de la frontera con Israel y la Franja de Gaza. En diciembre un helicóptero era atacado en un aeródromo militar del norte del Sinaí con un misil antitanque, muriendo dos personas entre ellas uno de los pilotos de la aeronave.

La importante minoría cristiana ortodoxa y católica, los coptos, es blanco recurrente del yihadismo terrorista. Entre diciembre de 2016 y diciembre de 2017, más de 100 coptos murieron asesinados en diferentes atentados, varios de ellos en iglesias.

Todos los datos apuntan a que el centro de gravedad de la lucha antiterrorista se habría desplazado a la península del Sinaí, región donde opera la organización terrorista Wilayat Sinaí, una franquicia de Estado Islámico (EI). Israel, que sigue con especial atención el desarrollo de los acontecimientos, mantiene con Egipto una especial coordinación en la vigilancia y control del terrorismo yihadista, que parece haber tomado la vasta y abrupta región como base de sus operaciones.

No obstante y ante un terrorismo yihadista globalizado, la lucha antiterrorista también debe de ser global. Los países musulmanes se han quejado en varias ocasiones,  afirmando no comprender como Europa acogía o incluso daba asilo a conocidos líderes extremistas, pero poco a poco la situación parece ir revirtiendo. Así a primeros de octubre del año pasado Bélgica (uno de los países más copados por el islamismo radical), según informaba France Presse, anunciaba la retirada del permiso de residencia al egipcio Abdelhadi Sewit, imán de la Gran Mezquita de Bruselas, mezquita cuya gestión fue cedida tras su construcción en los años setenta y durante 99 años a Arabia Saudí, a cambio de ciertos acuerdos energéticos. En palabras del ministro de Inmigración en referencia al clérigo egipcio, Theo Francken, “Hemos tenido señales muy claras de que es un hombre salafista, muy radicalizado, muy conservador, peligroso para nuestra sociedad y nuestra seguridad nacional”, advirtiendo que “Bélgica debe de asumir sus responsabilidades en su combate contra el salafismo”, matriz ideológica del terrorismo yihadista sunní.

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