Ola de disturbios en Túnez

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JL Navazo / Ceuta. Que la inestabilidad en la orilla sur del Mediterráneo, Egipto y el Magreb, está extendiéndose poco a poco como una pringosa mancha de aceite, es un hecho. La caída del régimen libio del coronel Muamar El Gadafi en octubre de 2011, forzada por la intervención de la OTAN, no ha hecho sino empeorar las perspectivas en el Magreb y el Sahel, acentuando la vulnerabilidad de una Europa en búsqueda de sí misma y con frágiles territorios bajo soberanía española (Ceuta, Melilla, los Peñones y las Chafarinas en el Mediterráneo y las Canarias frente a la costa sahariana) sitos en una África en rápido crecimiento (en 20 años duplicará su población) y en azarosa transición.

Túnez, el histórico país africano de raíces cartaginesa y vándala, donde prendió la llama en 2011 de las mal llamadas primaveras árabes y que supo arrostrar, en solitario, una modélica transición con un pacto de Estado entre el influyente islamismo de Ennahda y corrientes más liberales y modernistas, alumbrando la única Constitución en un país de mayoría musulmana que reconoce la libertad de conciencia, vuelve a encontrarse estos días contra las cuerdas. Contenida más o menos la subversión del terrorismo yihadista, no sin antes haber dañado gravemente a la industria turístic, la inflación, la retirada de subvenciones para artículos de primera necesidad y la persistente corrupción, han vuelto a encender los disturbios, alcanzando hasta el momento y según fuentes oficiales las cifras de 1 muerto, 50 heridos de diferente consideración (la cifra es mucho mayor) y más de 200 detenidos.

La caída del régimen cleptómano de Ben Alí y el tímido apoyo internacional (Europa no se ha volcado precisamente en socorrer la meritoria transición democrática), no han podido superar las desigualdades estructurales, contener el paro (que en algunas zonas alcanza el 40% de la población activa) y batir la lacra de la corrupción.

La polémica Ley de Presupuestos aprobada en diciembre pasado por la Asamblea Popular por una aplastante mayoría de 134 votos a favor y tan solo 21 votos en contra, ha abierto la espita de la contestación popular en una población que lleva ya muchos años castigada por la crisis. La contención del gasto público con el consiguiente freno de inversiones, la retirada de subvenciones a productos como los combustibles, el aumento de la tasa de IVA en 1 punto o la crecida en un 10% del impuesto de sociedades, lastrando la iniciativa privada, han encendido el descontento.

Los partidos políticos se han visto superados, al igual que en Marruecos (Rif, Jerada), por colectivos ciudadanos como la plataforma Fish nastannnau? (¿A qué esperamos?) creada el 3 de enero y que ha estructurado las protestas a lo largo del país, particularmente en las zonas más deprimidas del interior.

Las protestas y los enfrentamientos en la calle, han agriado el debate entre los partidos políticos que en unos meses deberán lidiar unas reñidas elecciones municipales. El Frente Popular por boca del diputado Nizar Amami ha llamado a la retirada de algunos artículos de la controvertida Ley de Finanzas, “que prevén aumentos abusivos”, siendo inmediatamente contestado por el diputado Mustafá Ben Ahmed, del grupo parlamentario Nacional, quien después de acusarle de “populismo” le ha recordado que “la ley fue votada y aprobada por mayoría”, incitándole a cambiarla proponiendo elecciones anticipadas, advirtiendo que “el principal problema es la ausencia de una guerra real contra la corrupción”. Por su parte el grupo islamista Ennhada (bien relacionado con el PJD marroquí) llama al sostén de las clases populares mientras condena duramente “la cólera en las revueltas”, mientras su líder el veterano Rachid Ghanuchi estima que estimular a los manifestantes es “participar directamente en la instalación del caos en el país”, acusando veladamente a la izquierda radical de fomentar los desórdenes.

Si por un lado el portavoz gubernamental, Jalifa Chibani, informa de 50 policías heridos en los enfrentamientos y al menos 45 vehículos incendiados, testigos oculares desmienten la versión oficial (ataque de asma) sobre la muerte de 1 manifestante en la noche del 8 al 9 de enero en Tebourba, afirmando que fue atropellado por un vehículo policial. La diputada Hamma Hammami, del izquierdista Frente Popular, no duda en calificar al muerto, Jomsi Ben Sadek Eliferni, como “un mártir de la nación”.

Dado el rápido desarrollo de los acontecimientos y siguiendo el conocido dicho de “a río revuelto ganancia de pescadores”, se han detectado movimientos de agitación, sabotaje y terrorismo que están intentado forzar la situación generando un clima de abierto enfrentamiento social. La pregunta pertinente es si todo es debido solo a un profundo descontento interno, o detrás del mismo o incluso azuzándolo pudieran encontrase actores externos interesados en general una dinámica de tensión susceptible de ser utilizada posteriormente para intereses foráneos.

En esta vorágine, ha sido particularmente lamentable el lanzamiento de cócteles molotov contra la sinagoga El Ghriba, la más antigua de África sita en la isla de Yerba (Djerba). Afortunadamente y según palabras del responsable de la comunidad judía, Pérez Travelsi, no ha habido que lamentar víctimas. La sinagoga ya sufrió un ataque terrorista de la mano de Al Qaeda el 11 de abril 2002, siendo asesinadas en el mismo 21 personas mientras que otras 30 eran gravemente heridas.

Sinagoga de Yerba. Fuente: Enlace Judío