A vueltas (y revueltas) con el Islam

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JL Navazo / Sevilla. Tomando un poco el aire y descompresionando en la antigua tierra andaluza de Al Mutámid, el rey-poeta de la taifa de Sevilla deportado por la intransigente y “fundamentalista” dinastía almohade a Marrakech, donde falleció en el 1095 EC (si viajan a la imperial ciudad ocre no dejen de visitar su tumba en Agmat),

Túmulo de <Al-Mutamid (su tumba a la izquierda) en Agdad, Marruecos. Fuente: Wikipedia.

me topo una vez más, esta vez de forma académica, con la poliédrica realidad del Islam. Después de centenares de artículos en los últimos 20 años, unas cuantas conferencias y más de una dura polémica, me pregunto si seré capaz de abordar positivamente una exposición solvente y capaz sobre esta peculiar religión, sus orígenes e incluso sobre su fundador, el profeta Muhammad, castellanizado Mahoma (570-632 de la era Común), por no hablar del polisémico y controvertido Corán.

A caballo entre los dos extremos de la islamofobia y la islamofilia, como recuerda el profesor Martínez Montávez es indudable que el Islám no es solo un importantísimo hecho histórico (…) sino que se impone asimismo como hecho actual, siendo preceptivo pues huir de los tópicos como punto de partida, pero advirtiendo sin ambages que nos encontramos ante una religión de dinámico crecimiento y con vocación de universalidad, como ya adelante una vez de carácter totalitario y totalizador (su dimensión social va mucho más allá de lo puramente religioso), con ortopraxis divergentes, que impone a los conversos una imposible marcha atrás (es fácil hacerse musulmán pero es imposible salir), en la que no se separa lo público de lo privado y que desde sus inicios se ha visto envuelta en una guerra civil a varias bandas, sunismo-chiismo-jariyismo, que ha eclosionado una vez más en los últimos años de la mano del terrorismo yihadista,

http://elpueblodeceuta.es/not/7849/terrorismo-el-islam-victima-o-culpable-

envolviendo a la comunidad islámica (la Umma) en un crudo enfrentamiento interno que no deja de guardar ciertos paralelismos con las guerras de religión que azotaron las sociedades cristianas de Europa (catolicismo versus protestantes) de 1558 a 1648 e incluso antes, con la cruzada contra albigenses o cátaros (1209-1244), los puros, proclamada por el Papado.

Quería remitirles al respecto a mi articulo Guerras de Religión: de la vieja Europa al Islam de hoy, publicado en El Pueblo de Ceuta con fecha 10 de junio de 2015, pero en estos momentos no encuentro el enlace. En cualquier caso se lo transcribiré mañana.

En cuanto al fundador del Islam , Muhammad (en algún momento me he posicionado por definir a los musulmanes como “mahometanos”), sabemos mucho y a la vez poco. La primera sira (biografía) del profeta fue escrita 140 años después de su muerte por Ibn Hisam. En general no dejan de tener un tinte laudatorio e incluso exculpatorio, como es el caso de la más reciente escrita por el ubicuo Tariq Ramadán o la polémica, pero muy interesante, de C. Thery (publicada bajo el seudónimo de Hanna Zakarías), “L´Islam entreprise juive: de Moïses a Mohamed), escrita a mediados del siglo pasado. Particularmente manejo las de M. Rodinson (1963), W. Montgomery Watt (1967) y sobre todo la del arabista español, Juan Vernet, “Mahoma/Muhammad” (1987), así como su traducción del Corán (si, ya sé que desde el punto de vista islámico no puede traducirse). Pasando por alto la leyenda del monje Bahira (término arabizado del hebreo Behir ra, literalmente elegido del mal) o el turbio asunto sobre Aisha, la niña-mujer el Profesta (la pérdida del collar y el viaje nocturno), destaca el sentido de estado de Mahoma y su implacable mano de hierro después de la Hégira con solo un puñado de fieles, de La Meca a Medina, en el 622 EC. La ortodoxia musulmana prefiere hablar de migración, cuando en puridad no dejó de ser una huida, de lo más normal dadas las circunstancias. El caso es que después del asentamiento del Islam en la península Arábiga y en un peculiar ejercicio de limpieza étnica y religios, las florecientes tribus judías y también las comunidades cristianas dejan de existir, por no hablar de la persecución y el asesinato de los disidentes empezando por los poetas que osaron criticar al rasul o mensajero de Dios, como fueron los casos de Uqba B. Muayt, decapitado por orden del Profeta, el viejo Abu Afak, Kab b. al-Asraf o la poetisa Asma bint Marwan, ejecutada mientras dormía después de la batalla de Badr. No parece que Mahoma, por lo demás uno de las figuras más importantes de la historia que supo aunar hábilmente política y religión uniendo a las tribus árabes, catapultándolas para la futura conquista de un imperio, fuera precisamente un San Francisco de Asís.

En este sentido cobran especial relevancia el Juramento de la Guerra, con el que Mahoma rompe claramente los vínculos de sangre típicos entre clanes y tribus, substituyéndolo por una más fuerte e intertribal, de raíz religiosa, dislocando la estructura social beduina de Arabia, así como el polémico Tratado de Hudaybiyyah (628 EC), que los musulmanes defienden como la primera “constitución”.

El contexto religioso de la península arábiga no solo era politeísta, pues el judaísmo estaba firmemente asentado y dos influyentes corrientes cristianas, monofisismo y nestorianismo (el primero solo admitía la naturaleza divina de Jesús, lo que le acercaba al naciente Islam y en cuanto al segundo admite las dos naturalezas, divina y humana, pero radicalmente separadas) estaban muy extendidas, además de la secta judeocristiana de los ebionitas así como la de los hanif o monoteístas árabes, que no eran ni judíos ni cristianos.

La asunción de Jesús, Isa en el Corán, es muy particular como ya escribí en varias ocasiones:

http://elpueblodeceuta.es/not/1184/navidades-2015-jesus-mahoma-y-las-suras-del-coran/

Sobre las peculiares circunstancias de la revelación, recogeré solo dos detalles:

  • Inicialmente y según el propio Mahoma, el “descenso” de las revelaciones le era inspirado por el Espíritu de Santidad (al-Ruh, Ruh al-Quds), apareciendo el arcángel Gabriel posteriormente.
  • La tradición se empeña en que la revelación completa, el Corán, descendió de una sola vez sobre Mahoma en la Noche del Destino (laylat al-qadr), la noche del 26 al 27 del mes sagrado de Ramadán, pero más tarde se le borró oportunamente de la memoria y según las circunstancias, siempre muy oportunas como le recordó Aixa, se le volvió a revelar por partes.

En cuanto a las cinco prescripciones canónicas o pilares del Islam, vinculantes a título de dogma (la yihad entendida como guerra santa no consta en ellas, solo fue asumida como sexto pilar por los jariyies, los que salen, opuestos tanto a los sunnitas como a los chiítas), fueron jerarquizadas por el Profeta con el siguiente orden:

  1. La Unidad de Dios, principio radical y absoluto: No hay más que Dios y Muhammad es el profeta de Dios. Implica asumir a su vez las creencias en los profetas anteriores (Moisés y Jesús), la Tanak o Biblia hebrea (particularmente la Torá o Ley) y los Evangelios, así como en los ángeles y el Día del Juicio Final.
  2. La oración, siguiendo un ritual marcado con la recitación de la Fatiha (literalmente “la que abre”) o primera sura del Corán. Actualmente se reza cinco veces al día, pero como advierte el arabista Vernet, incluso en el siglo XII, no estaban fijadas con rigor las horas de las cinco plegarias diarias, que en época del Profeta no pasaban de tres o cuatro, si bien Mahoma recalcó como obligatoria la oración del mediodía del viernes, así como la asistencia de los varones a la jotba o sermón de ese día. Al principio, la naciente comunidad rezaba en dirección a Jerusalén, previas las preceptivas abluciones. Caso de no poder lavarse con arena, el fiel muslim puede hacerlo ritualmente con una piedra a arena.
  3. El azaque o limosna legal, para sostener a los musulmanes pobres, consistente en una donación anual. Durante las fiestas, también se valora dar una parte de la comida a los más humildes, por ejemplo, una parte del cordero o animal sacrificado.
  4. Respetar el ayuno de Ramadán, absteniéndose de comer, beber y mantener actos sexuales durante el día, desde el alba a la puesta del sol durante los 30 días del mes, desde que se distinguen un hilo blanco y otro negro, hasta que se confunden.
  5. Peregrinar a la ciudad sagrada de La Meca si existen posibilidades económicas, durante el mes de Du-I-Hiyya, dos después del mes de Ramadán y dar las 7 vueltas rituales, alrededor del santuario de la Kaaba que guarda la famosa piedra negra, de hecho un meteorito que ya era venerado en la Arabia preislámica, nada nuevo solo que ahora el ancestral rito se realizaba en nombre del Dios único y todopoderoso. En números países islámicos existen santuarios “alternativos” para los que no puedan cumplir este precepto, siendo en Marruecos muy conocido el de Mulay Abdeslám, situado en el monte del Yebel Alam, en las inmediaciones de Tazarut no muy lejos de Tetuán.
Santuario de La Kaaba, en La Meca. Fuente: islam.org

Antes de abordar sucintamente el Corán, parece útil una pequeña digresión sobre la risala o predicación pública del Profeta en la que podemos distinguir dos grandes periodos en las 114 suras “descendidas” del Corán: el mequí (a su vez subdivido en tres: primero, entre 610 y 615, segundo que va del 615 al 619 y el tercero entre 619 y 622) y el último, el periodo medinense que se cierra con su muerte y el Sermón del Adiós. Antes de su fallecimiento según advirtió Ibn Abbas, el Profeta ordenó tres cosas: Expulsad a los judíos y cristianos de Arabia, dad regalo a las delegaciones y la tercera, que he olvidado.

En lo que respecta al Corán, dividido como hemos dicho en 114 suras o azoras (capítulos) con sus aleyas (versículos) correspondientes, pasando de largo sobre los conocidos como versos oscuros o las numerosas interpolaciones existentes, las implicaciones de los versos abrogantes y los abrogados, así como de su exégesis y hermenéutica con criterios científicos, me parece sumamente útil advertir sobre el gran escollo que deriva del árabe primitivo de la época del Profeta. Efectivamente, el alfabeto árabe (alifato) del siglo VI de la EC, derivado del arameo, utilizaba idénticas grafías para describir letras con dispares significados, más aun, todavía en la actualidad como sabemos todos los que nos hemos enfrentado al duro y difícil ejercido del aprendizaje del árabe, ciertas letras (b, t, n, y) solo pueden distinguirse con la adición de puntos diacríticos, cuya ubicación altera totalmente el significado de la palabra.

Fuente: archivo.

Sobre las reconocibles interpolaciones (son más que evidentes) y el cambio de la colocación de las aleyas (para leer el Corán es sumamente recomendable intentar “ordenar” las aleyas por orden, siguiendo la eventual revelación y situarlas paralelamente en su contexto histórico), es sugerente una tradición musulmana que se remonta nada menos que a Ibn Abbas (tío paterno, según  otras fuentes primo, del Profeta), según el cual Cuando el Profeta recibía alguna revelación, mandaba llamar a alguno de sus escribas y decía: “Colocad estas aleyas (versículos) en la sura en la que se menciona esto y esto”.

También no está exenta la polémica, no ya la teológica abordada por los mutazilíes, si no la más pragmática sobre la compilación de una “Vulgata” o versión única del Islam, conociéndose la existencia de otras variantes del texto presuntamente sagrado.

Advertí al principio que era preceptivo huir de los tópicos, lo cual no es óbice para asumir por parte de este veterano escribano del limes dos inquietantes aspectos de esta religión, basados tanto en un somero análisis geopolítico como en su ortopraxis en los diferentes países islámicos en los que de hecho es religión de Estado:

  • Primero: desde sus orígenes el Islam y hoy día buena parte del mundo islámico, ha sido históricamente y sigue siendo un factor de guerra, tanto a nivel interno como en su compleja relación con el exterior. De hecho, la ortodoxia islámica distingue perfectamente entre Dar- Islam y Dar al-Harb, o lo que es lo mismo la Casa del Islam y la Casa de la Guerra.
  • Segundo: en muchos aspectos que los musulmanes (no digamos ya la extendida corriente salafista) suelen ocultar pudorosamente, el Islam no deja de ser la versión religiosa del fascismo. Solo dos detalles: uno, la imposición de la pena de muerte (si es mujer puede reconducirse) para los ilusos conversos que osen retractarse de su nueva religión. Dos, el ostracismo cuando no la persecución de las minorías cristianas (salvo contados casos, como en el Irak de Sadam Hussein o en Líbano) en los diferentes estados islámicos. En Egipto, los coptos (de hecho descendientes de los antiguos egipcios) no dejan de ser ciudadanos de segunda clase y solo en Túnez, la constitución reconoce un derecho humano fundamental como es la libertad de conciencia. En Marruecos, esta posibilidad fue rechazada de plano en la Constitución de marzo de 2011 por Abdelilah Benkirán, entonces secretario general del Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD), los islamistas parlamentarios del país.

Otros aspectos, como la Gran Yihad y la Pequeña Yihad, ya los retomaré en su momento, así como la vigencia de los preceptos del Corán, muchos de los cuales no son aplicables en la actualidad como explica el teólogo chiita (afincado en Francia desde 2009) Mohammad Jawad Akbarin, o el papel de los nuevos pensadores del Islam sobre los que alguna vez ya he escrito.

También insistiría en que intento esforzarme, tanto en mis artículos o ponencias así como en charlas o conferencias, en distinguir por metodología y coherencia cuatro términos a mi entender fundamentales:

  • Islam: religión.
  • Islámico: fenómeno cultural o civilizacional.
  • Islamismo: ideología política.
  • Terrorismo yihadista: terrorismo aplicado en nombre del Islam.

Que los mismos musulmanes sean las principales víctimas del terrorismo yihadista (nunca empleo “terrorismo islámico”) de sus hermanos en fe, es otra cuestión.

Porque esto del Islam, ¿saben?, va para largo y además tiene más recovecos que un paisaje kárstico. Así como de pasada y aprovechando que las aguas del Guadalquivir (“río grande” en árabe) pasan por Sevilla, me permito recordar que uno de los mejores generales de los coraixíes y de los primeros tiempos del Islam  fue el príncipe árabe Chabala b. al-Ayham, posible antepasado de los condes de Barcelona y, por tanto, de los actuales reyes de España, según señalaría Ibn Said -al Magrebí (muerto en el 1284 de la EC) en su Geografía, citado y recogido por J. Vernet en la página 114 de su edición de 1958 en Tetuán, dos años después del final del Protectorado español (1912-1956).

¿Ven cómo esto del Islam da para mucho…?

Haya salud.

Visto.

2 comentarios sobre “A vueltas (y revueltas) con el Islam

  • el 19/02/2018 a las 11:16
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    La islamofobia no existe, a menos que exista la machismofobia o la homofobiafobia. No uses conceptos inventados por los Heramanos Musulmanes para criminalizar cualquier crítica a esta religión. Y el Corán no es polisémico, deja muy claro lo que hay que hacer. No sé si mientes a sabiendas o no te has leído el libro

    • el 19/02/2018 a las 20:56
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      Existen muchas fobias estimado señor. Entre otras la occidentalofobia. Y en mi opinión el Corán, en muchas cuestiones (en otras no), es abiertamente polisémico. Se lo digo o se lo cuento, desde luego atentamente. Gracias.

Comentarios cerrados.