¿Podría dar Sánchez la residencia a los inmigrantes irregulares que viven en España?

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JL Navazo / Melilla. Ni la pregunta es baladí ni inocente la respuesta. Máxime escribiendo desde el limes sur en mi siempre querida Melilla, con su perímetro fronterizo siempre acechado tanto por las olas de emigrantes subsaharianos que huyen de la desesperación, como por el tradicional irredentismo marroquí, que no da puntada sin hilo azuzando la entrada de Menores No Acompañados (MENAS), sobre 500 pululan hoy por la ciudad e infiltrando Anacletos una y otra vez a diestro y siniestro, eso sin contar con la quinta columna local emboscada incluso en las instituciones de la Ciudad Autónoma. Y vamos indo, sin complejos y que salga el Sol por Antequera. O por las riberas del Muluya, al Este o Macrech como todos sabemos.

La inquietud o mejor dicho los interrogantes, me llegan del vecino país del sur, de gente directamente relacionada con el entorno del gobierno El Othmani. Tras la peculiar crisis con las freseras de Huelva, cuya problemática no se ha abordado en toda su complejidad puesto que el problema de las violaciones, presuntas o reales, se arrastra desde el lugar de origen, todavía con un elevado número de emigrantes irregulares en España en Rabat se preguntan, parece que a diferentes niveles (Gobierno versus Estado), si el presidente Pedro Sánchez podría (se atrevería para ser exactos) a encarar un nuevo proceso de regularización de los sin papeles. Y ello en base a una de las no tan viejas promesas del entonces y todavía secretario general del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), el PSOE nuevo claro, el del congreso de Suresnes (sur de Francia) del 11 a 13 de octubre de 1974, generosa y aviesamente financiado por el Departamento de Estado norteamericano a través de la socialdemocracia alemana de Herbert Ernst Karl Frahm, no el histórico y legitimista PSOE de Llopis. Ingeniería política para enfrentarse al Partido Comunista de España (PCE).

Volviendo a finales de junio de 2016, tal y como informaba desde Madrid el 24 de ese mes la agencia Europa Press (doy la fuente, en CORREO DIPLOMÁTICO no hay falsas noticias o fake news), el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, se mostraba proclive a dar permiso de residencia a todos los inmigrantes en situación irregular que se encontraban en ese momento en España. Para ser exactos,  Europa Press recogía la noticia de una entrevista a Sánchez en la SER.

El actual presidente, también abogaba en esa entrevista por aprobar una ley de igualdad salarial entre hombres y mujeres, la supresión del copago para pensionistas y la rebaja del IVA cultural al 10 por ciento. Medidas éstas últimas que, modestamente, apoyo desde estas líneas.

Ignoro si hasta ahí puede llegar la capacidad de los decretos-ley, aunque con la actual composición política del Parlamento poco le costaría al presidente Sánchez, entiendo, sacar adelante una amplia regularización como, por cierto, ya imprudentemente acometieron otros presidentes de los dos colores del todavía, aunque a la baja, rampante bipartidismo español: quítate tú para ponerme yo. Pinto, pinto, gorgorito y ahora gobierno porque me toca. Claro que para ello el presidente Sánchez debería consensuar antes esa peligrosa medida con su gobierno, regularización que de llevarse a cabo provocaría sin duda un indudable efecto llamada, en forma de avalancha, hacia nuestra débil frontera sur. Y no creo que en el gobierno Sánchez, por citar solo tres nombres, los ministros de Interior, Fernando Grande-Marlaska, de Exteriores, Josep Borrell y la ministra de Justicia, Dolores Delgado gente solvente, leal y con la cabeza excelentemente amueblada, estuvieran por la labor se prestaran a una maniobra letal para los intereses de la Nación, sin decir esta boca es mía.

Soy humano y nada me es extraño. Me duele y mucho la  penosa situación  de los inmigrantes irregulares en España y el resto de Europa. No digamos ya del drama de la inmigración en sí, o esa tumba de agua en que se está convirtiendo el antiguo Mare Nostrum. Pero, políticamente, el buenismo es la antesala del fascismo. Y como advertía en su Divina Comedia el genial Dante, El camino al Infierno está empedrado de buenas intenciones. Que lo sepas, Presidente Sánchez.

Haya salud.

Visto.

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