Imprimir este Post
Paco Soto-Rabat

El jeque Abdeslam Yasín, que murió a los 87 años, siempre fue un activista político que utilizó la religión musulmana como un medio y no un fin, y se enfrentó a la monarquía
La muerte a los 87 años de Abdeslam Yasín, el fundador y líder Al Adl Wa Al Ihsan (Justicia y Caridad), abre nuevas perspectivas a este movimiento islamista marroquí, que está tolerado pero no autorizado por el régimen, y es la fuerza con mayor apoyo popular en la calle. En las urnas todavía no se sabe, porque hasta ahora este grupo ha boicoteado todos los procesos electorales, al considerar que no son más que una farsa del Majzén para afianzar y legitimar su poder. Tras la muerte del jeque Yasín, las luchas internas por el poder en la organización islamista, que ya duran varios años, van a recrudecerse, y la hija del difunto jefe de Justicia y Caridad, Nadia Yasín, no está precisamente bien situada para suceder a su padre. Justicia y Caridad, que de momento se mantiene en un discreto segundo plano en la vida pública, después de haber nutrido de militantes y simpatizantes las manifestaciones organizadas en todo Marruecos por el Movimiento del 20 de Febrero, una vez muerto el líder, podría dar un salto cualitativo en la calle, para demostrar al régimen su fuerza social y obligarlo a tener en cuenta a este movimiento. Es lo que piensa un experto en movimientos islamistas como Mohamed Darif. Dicho esto, cabe destacar que Justicia y Caridad es, ante todo, un movimiento político y no religioso, aunque utilice la religión musulmana como instrumento para llegar al corazón de las grandes masas de desheredados, a los estudiantes universitarios y a los sectores descontentos de la incipiente clase media del país. El difunto jeque Yasín siempre fue un activista político, primero contra el régimen de Hasan II y después contra su sucesor, Mohamed VI. Yasín era sufí, pero el sufismo se convirtió en una suerte de barniz ideológico más que estrictamente religioso en su pensamiento político. El objetivo de Yasín siempre fue acabar con el poder reinante en Marruecos y construir un nuevo tipo de sociedad. Y esto es un reto político y no religioso. Como dice el investigador marroquí Saïd Lakhal, “todo lo que predica el jeque Yasín en sus escritos está muy lejos de coincidir con los principios mismos de la religión, y contradice totalmente la lógica y la realidad histórica… Es un proyecto cuyo único objetivo es la instauración de una autocracia político-religiosa”.
Orígenes ideológicos
Abdeslam Yasín, que siempre predicó un islam radical, pero no violento, nació en el seno de una familia pobre perteneciente a la tribu de los Ait-Bihi, en la comarca de Ulluz, en el Suss, una región del sur de Marruecos mayoritariamente berberófona. Cuentan los historiadores que los Ait-Bihi pertenecen a los denominados Cherifs Idrisís, descendientes de Mohamed, el profeta del islam. Yasín llevó a cabo sus estudios primarios en Marrakech y obtuvo el título de magisterio en Rabat, en 1947, cuando Marruecos era una colonia de España y de Francia. Durante 20 años combinó su actividad pedagógica con puestos en el Ministerio de Educación como inspector. Fue cesado de sus funciones en 1968 hasta su jubilación, 19 años después. Yasín abrazó el sufismo en 1965, al formar parte de la Zauia (hermandad islámica) Butchichia, y se inspiró notablemente del jeque Hadj El Abbas. A la muerte del jeque, Yasín, que se había ido formado ideológicamente bebiendo de las aguas del sufismo, se rebeló contra sus compañeros sufíes, porque consideró que la hermandad se apartaba de la sunna (tradición) y no cumplía con los preceptos del buen musulmán. Finalmente, abandonó la Zauia Butchichia junto a Suleinmani Alaui y Ahmed Mellakh. Yasín se politizó en esa etapa y se convirtió en un opositor al rey Hasan II.
Gran movimiento político
En 1974, el jeque Abdeslam Yasín se dirigió al monarca, en una carta titulada “El Islam o El Diluvio”, para aconsejarle que actuara consecuentemente con su estatuto de descendiente del profeta Mohamed, y denunció sin pelos en la lengua la corrupción del Majzén y la “occidentalización” de Marruecos. También le pidió a Hasan II que eliminara los partidos políticos y que se uniera con él y los militares. Yasín fue detenido y recluido durante tres años en un hospital psiquiátrico, pero no cambió de posición. Al revés, radicalizó su postura de enfrentamiento político con el régimen marroquí. Poco después de su excarcelación, en 1978, tras entrevistarse con ulemas e islamistas marroquíes, ante el fracaso de esos contactos, decidió actuar por su propia cuenta, y dio los primeros pasos para impulsar un gran movimiento político inspirado en una interpretación integrista del islam y la yihad. Yasín sacó a la calle una revista, Al-Jamaa, que fue duramente perseguida por el régimen hasta su cierre después de una quincena de números. En uno de esos números, el jeque islamista redactó un artículo incendiario, “Palabras y Actos”, con el que quiso responder a la carta real de Hasan II con motivo del inicio del siglo XV de la hégira. Yasín fue detenido de nuevo por la Policía. En 1979 estalló la revolución iraní y Yasín le dio su apoyo político y moral. En ese movimiento de masas que derrocó al régimen del Sha, el islamista marroquí depositó muchas esperanzas, y estaba convencido de que Irán había abierto la puerta a una profunda revolución en el mundo árabe e islámico. Mientras, Hasan II se alió con Estados Unidos en la condena de la revolución iraní.
Nace Al Adl Wa Al Ihsan
Abdeslam Yasín no cejó en su empeño por crear un gran movimiento político y en ningún momento se planteó abandonar la política para dedicarse a ejercicios espirituales. Al revés, en 1981, fundó el movimiento islamista Jamaa Islamia, que nunca fue legalizado por las autoridades, aunque cambió varias veces de nombre: Al Jamaa Al khairira, Asociación de la Jamaa… Finalmente, en 1987, ese movimiento tomó el nombre definitivo de Al Adl Wa Al Ihsan, que pasó a ser partido político. Se unieron a este partido islamistas notorios como el imán de Casablanca Mohamed Bachiri, y numerosos jóvenes, obreros, parados y estudiantes. Yasín intentó de nuevo la publicación de otras revistas de corte islamista, como Assobh (Aurora) y Al Khitab (El Discurso), pero el poder no se lo permitió por “atentar contra la seguridad del Estado”. El 30 de diciembre de 1989, Yasín fue condenado a una reclusión domiciliaria en su casa de Salé -una ciudad que se toca con Rabat-. Las autoridades le prohibieron salir y recibir visitas, incluidas las de sus familiares, pero en 1990, Yasín asistió a la oración del viernes en la mezquita Ibn Saïda, donde pronunció un discurso contra el régimen. Las represalias no tardaron en llegar. Yasín fue recluido en su domicilio durante seis años y su familia, incluida su esposa, no estuvo autorizada para participar en la peregrinación de la Meca.
Nuevo rey
La llegada de Mohamed VI al trono, en 1999, abrió nuevas perspectivas políticas para Marruecos. La apertura que inició Hasan II en la década de los noventa se aceleró con el nuevo soberano. En este contexto de esperanzas e ilusiones para muchos marroquíes, Yasín le dirigió una carta abierta a Mohamed VI, en la que le insta a la “piedad y al temor a Dios en la gestión de los asuntos del pueblo marroquí y a la reparación de las injusticias cometidas y los derechos no respetados durante el reino de su padre Hasan II”. También le reprocha al joven monarca que mientras que el pueblo marroquí sigue sumido en la pobreza, él dé una imagen de rey moderno que realiza frecuentes viajes por el país “ofreciendo sonrisas en lugar de pan”. Algunos estudiosos del movimiento Justicia y Caridad están convencidos de que el autor de la carta no fue el jeque Yasín, sino su hija, Nadia Yasín, que en esa época ya era una activa dirigente islamista. A pesar del nuevo rey, Justicia y Caridad se negó a reconocer a la monarquía. El jeque Yasín siguió desafiando al poder multitud de veces, y finalmente acabó obteniendo plena libertad de movimiento. Al principio de la década pasada, Justicia y Caridad organizó masivas manifestaciones en diversas ciudades marroquíes para protestar por la mala situación de los derechos humanos, en contra del nuevo estatuto para la mujer y por otras cuestiones. Tras algunas marchas, la Policía detuvo a militantes de este movimiento que fueron condenados a penas de prisión. En los últimos 10 años, los enfrentamientos entre Justicia y Caridad y la monarquía han sido continuos. El jeque Yasín siempre negó a Hasan II y después a Mohamed VI el título de “príncipe de los creyentes” y consideraba que las riquezas que había heredado el actual jefe del Estado de su padre son “ilegítimas”. La capacidad de movilización de Justicia y Caridad ya no está por demostrar. Su intensa actividad en los barrios pobres, en las universidades y en el movimiento sindical tampoco. El movimiento que creó Yasín ni siquiera agachó la cabeza en plena ola represiva contra el salafismo yihadista después de los atentados de Casablanca, en mayo de 2003. Justicia y Caridad es un movimiento socialmente poderoso, con influencia política y dispuesto a conquistar el poder. Aunque el Estado marroquí hace esfuerzos por ganarse la simpatía de los más pobres a través de la ayuda alimentaria y de diversos programas sociales, y también favorece la propaganda del wahabismo de Arabia Saudí para frenar a otras corrientes del islam político, Justicia y Caridad desempeña un papel de primera magnitud en muchos terrenos. El islamista Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD) que gobierna Marruecos junto con otras tres fuerzas políticas, tampoco ha conseguido hacerle sombra a Justicia y Caridad, que cuenta con apoyo económico de hombres de negocios muy adinerados, como Issa Acharki, que es miembro del Comité de Orientación del movimiento islamista y mantiene estrechas relaciones con ricos comerciantes de Tetuán, Fnideq o Castillejos.
Sigue a Correo Diplomático